A punto de editar su tercer disco, el músico y compositor habla con Agencia NAN sobre la contingencia de las cosas, las musas inspiradoras y una manera de estar en la música y el mundo. “La vida es una llanura a la que uno se encarga de ponerle mesetas”, dice, acerca de las posibilidades que le permite la música.
Por Ana Esperança
Fotografía gentileza de Theo Lafleur
Buenos Aires, mayo 3 (Agencia NAN-2013).- En lo que va de 2008 al presente, Javier Maldonado lleva editados dos discos de estudio -escritos, arreglados y producidos por él- y está cerca de editar un tercero. Tiene también nuevo simple, Camino de resero, sonando en Bandcamp. El primer disco, Calle España, es una placa de seis canciones vibrando en cadencia pop con cierto sonido de la década del ‘80 donde el teclado es el protagonista melódico. Su segundo LP, Musas domésticas en el Meridiano V, es un compendio de diez temas que conoció la luz en 2010 –editado por Sonoamérica- y que reemplazó la fuerte personalidad del piano por guitarras acústicas, que dio como resultado un sonido mucho más folk. Como una pantalla en blanco y negro, su título adelanta de qué tratará la obra: dibujos trazados por un lápiz con el que un rock folk de guiños indie, rockabilly y country narra ese mítico barrio platense y bohemio de calles que exudan milonga, adoquines y farol, transitadas por la costura entre esa vieja guardia y una avanzada artística local conjugada en tiempo presente. Algo de todo eso maravilló al músico que, antes de mudarse a Belgrano, vivió y caminó aquellos pagos de pinta suburbana y artesanal, a los que describió alguna vez como un lugar en el que se vio “atrapado por algo genial y fuera de lo común”.
Recién llegado al bar, Maldonado se sienta a la mesa con uno de sus músicos, Jorge LeguiLeguizamón, el guitarrista mágico que también toca en la banda platense Míster América. Legui se queda un rato con nosotros y le pasa su celular a Javier: alguien que llama a ese teléfono pide hablar con él, que ya no tiene móvil desde que lo perdió y no volvió a conseguir otro, pasando a pertenecer a una minoría exótica. Su conversación telefónica de algunos minutos termina y entonces vuelve a la mesa y a la cerveza fría: “El nombre Musas domésticas en el Meridiano V tiene todo que ver con ese barrio. Es un disco semi temático armado con ese concepto, aunque en realidad vivía en 69 entre 15 y 16 y estaba fuera de la frontera que lo delimita”, aclara sobre este lugar ciertamente inspirador, si se toma nota que marcó de distintas maneras las piezas que componen sus trabajos discográficos, sobre todo Musas…, potenciado desde el título. Y sigue: “Calle España (grabado entre La Burbuja Estudio, Calle 69 y Estudios Hollywood) tiene el imaginario del Parque Saavedra, así que en ese disco también se escucha el Meridiano. Igual, no es que absolutamente todo tiene que ver con él. “Rumbo al Rosedal” (corte de Musas…) es un tema situado en Buenos Aires, en los Lagos de Palermo, y para mí es pensar mi vida cuando era niño”, cierra confirmando la trascendencia física de los territorios en muchas de sus canciones.
–Parece que el territorio barrial de Meridiano afectó muy positivamente. ¿Qué te queda de ahí?
–Una de las cosas que me maravillaban del barrio es que haya sido el elegido de músicos y artistas. Néstor Gómez (gran guitarrista platense) vive ahí, por ejemplo. Y es algo genuino, no forzado, surge. Por eso es interesante. Otra cosa que pienso es que, como tantos otros barrios, todavía tiene ciudadanos, no habitantes o números sin nombre, como pasa en los grandes conglomerados urbanos, donde la gente tiende a vivir enrejada. Me parece espantoso eso.
-¿Cuál es el territorio del próximo disco?
-Es uno en movimiento. Escribí gran parte de esas canciones en el colectivo de Buenos Aires a La Plata y de La Plata a Buenos Aires. Yendo y viniendo, atravesado por piquetes, volviendo a una ciudad en la que esperan los amigos, los ensayos.
–¿Y cómo vienen los detalles de la edición?
–No se sabe, es un enigma (risas). En realidad, está casi todo hecho. Soy muy lento para esos procesos, me cuesta hacerlo, siempre llego hasta el límite. Pero en junio terminaríamos de grabar este material que lleva una exploración de tres años. Ya tengo música y letra, aunque el proceso está abierto permanentemente a lo que puede cambiar. Lo grabamos en estudios ION. Estaba buscando el gran estudio y lo encontré: ahí Charly grabó Cómo conseguir chicas. Ahí grabaron Troilo, Pugliese. Y es el mismo dueño el que atiende. En mi casa puedo grabar en perfectas condiciones, pero no es esa la cuestión; para mí es fundamental tener esa esencia de lo humano. Las máquinas no lo son todo. Trabajo haciendo las canciones en casa y acá encontramos el sonido entre todos, con los chicos, con la banda. Nada está cerrado en forma definitiva, es esencial esa premisa: estar abierto a cambiar el rumbo de las cosas que parecen estables y permitir las nuevas. Que pueda cambiar el plan de hoy.
Como una declaración de principios, Javier Maldonado se ubica de cara a la contingencia de las cosas y actúa como quien sería incapaz de traicionar su propio ritmo. Como quien sabe que pocas cosas son realmente extremas, y lo otro es dejarse llevar. “Yo experimento con la vida, me gusta pensarla como un árbol, Sequoia, que tiene muchas ramas, posibilidades. La vida es una llanura a la que uno se encarga de ponerle mesetas”, cierra. Cuando llegó a La Plata a los 18 años de su 9 de Julio natal para estudiar música en la Facultad de Bellas Artes, empezó a componer: tenía, a los 22, una cantidad interesante de demos grabados por él mismo de forma casera. Fueron años de desarrollo y creatividad prolífica. “Siempre fui productor de mis discos y además hago todo. Tenía veintipico de años y cien canciones, no sabía qué hacer con eso. Así que decidí compartirlas, pero necesitaba aprender cómo. Aprendí a grabar y producir. Y fueron esos años, 2002 2003, de la revolución en la música con la Homestudio, la placa de sonido y la placa de estudio que grababa todo. Decidí grabar mi propio disco”, cuenta sobre Calle España.
La banda con la que está grabando actualmente está formada por los músicos que convocó para ensayar y grabar Musas domésticas en el Meridiano V: Jorge Leguizamón en guitarra, Teo Caminos en bajo, Alejandro Lorca en piano, teclados y acordeón, y Eduardo Carreras en batería. Con ellos fue de gira a Brasil a mediados de 2012 invitados por Kurú, un prestigioso productor brasilero cuya mujer se enamoró de su música escuchando la banda en Ciudad Vieja (La Plata), cuando compartieron fecha con los brasileros Do Amor. “A través de Sonoamérica (sello que también edita a Do Amor y al chileno Geppe, entre otros) nos contrataron para tocar en el festival Conexão aovivo de Belo Horizonte. No lo podía creer. Fuimos y fue genial: los escenarios, cómo nos trataron; habitaciones increíbles, los estudios que pusieron a disposición, en fin, todo”, recuerda a un año de ese viaje.
–¿Cómo te encontrás ahora en Buenos Aires?
–Muy bien. Se vive distinto, como en cápsulas. Tengo mis lugares sagrados y amigos también. En realidad me fui de La Plata por trabajo: Maximiliano Guerra había escuchado una composición mía y me contrató para tocar en su ballet. Ya no lo estoy haciendo eso ahora.
–¿Y no pensás volver?
–“Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”, responde con “Peces de ciudad” de Joaquín Sabina. Y eso basta.
Dios del universo, zumo del hachís, con aquellos versos hoy me hacés feliz
–¿Cómo funciona tu universo creativo? ¿Qué cosas te nutren?
–La música no me cuesta, nunca me costó. Mi desafío es la lírica. Yo llegué a La Plata con aspiraciones letrísticas y terminé con lo musical. Mis dos discos anteriores son una muestra de ese proceso: Calle España es más musical y Musas…, una combinación de música y literatura. Pero leo mucho más de lo que escucho. Cuando escribo no necesariamente hablo de mí. Siempre estoy atento a lo que surge al escribir y al relacionarme; te podés relacionar con un texto, una música, una poesía. Hay mucho y muy interesante en términos de literatura, por ejemplo, Cesar Vallejos, un poeta peruano, hijo del progreso. Leo mucho a Walt Whitman y Pablo Neruda, con los que uno se relaciona de manera indirecta a través de su obra. Yo creo que la mejor literatura de la música popular del mundo está en el tango; y la escribieron Homero Manzi, Cátulo Castillo, Alfredo Lepera. Debussy, el gran compositor francés que a principios del S. XX creó una vanguardia en la forma de componer música que admiro mucho.
Los caminos posibles son muchos, como las ramas de la sequoia, magnífica y longeva conífera que habita la costa de California. Y aunque de un primer vistazo no lo parezca, alguno de esos caminos estará pujando por la determinación de su forma, que a la vez, como todo lo vivo, volverá a mutar hacia lo que el destino le depare. El chiste está en que en realidad no hay cómo saberlo. Algo de este concepto le pone ritmo a los movimientos de este cantante, músico y compositor que, junto a los músicos de la banda, ahora está ensayando el sonido de lo que será el nuevo disco, aún sin identidad sonora concreta, pero sí alejada del folk rock que tanto lo definiera en Musas…. El nuevo disco, todavía sin nombre, con certeza va a sonar con una calidad en sintonía a sus trabajos ya editados. Una manera de estar en la música y en la vida acorde a la performance del cazador, que practicando una de sus máximas desarrolla el arte de volverse inaccesible: actuando sin exprimir ni deformar su mundo, apenas tocándolo levemente para quedarse cuanto necesita, y luego alejarse raudo, casi sin dejar señal.
