La performance del músico Pedro Canale paseó al público por sonidos andinos al ritmo del beat electrónico dentro de una atmósfera ideal para el baile y el trance.
Por Gustavo Obligado
Fotografía de Luna Camargo
Buenos Aires, abril 9 (Agencia NaN – 2013).-Un público veinteañero se amontona en la puerta del reciente inaugurado JOK Club (Alvarez Thomas 847), un típico salón de fiestas estilo casamiento o quince años que derivó en un espacio alternativo para un montón de bandas y fiestas de las que rondan por Buenos Aires. Con la espera brota la ansiedad, unos minutos van a hacer que el pase de la frialdad de la ciudad y lo cotidiano hacía el calor de la pista sea entre conmovedor y chocante.
Por Gustavo Obligado
Fotografía de Luna Camargo
Buenos Aires, abril 9 (Agencia NaN – 2013).-Un público veinteañero se amontona en la puerta del reciente inaugurado JOK Club (Alvarez Thomas 847), un típico salón de fiestas estilo casamiento o quince años que derivó en un espacio alternativo para un montón de bandas y fiestas de las que rondan por Buenos Aires. Con la espera brota la ansiedad, unos minutos van a hacer que el pase de la frialdad de la ciudad y lo cotidiano hacía el calor de la pista sea entre conmovedor y chocante.
El comandante es el sureño Pedro Canale, alter ego de Chancha Vía Circuito. Éste propone un viaje atemporal con diferentes escalas por los sonidos de las culturas de América nativa, como canta en el rap cumbiero “La Revancha de Chancha” donde describe con gracia la situación de levante, de fiesta y de paso le canta a una linda muchachita. A través de atmosferas amorfas y un pulso bailable infaltable, “Río Arriba” suena penetrante, registrada en su segundo disco que lleva el mismo título. La música no es todo, en paralelo acompañan las animaciones de la artista visual Paula Duró (VJ), una invitada frecuente en las fechas quien, además, se encarga de las portadas, flyers, afiches e incluso del diseño de la remera que tiene puesta Canale.
De esta manera queda oficialmente inaugurada la sexta temporada del ciclo de Fiestas Zizek, un colectivo que aparte de tomar prestado el nombre al filósofo esloveno, encara un sello (ZZK Records) que produce y edita discos de electrónica fusionada con estilos suburbanos como la cumbia, el hip hop, el dub y más. No hay dudas en que lo primordial pasa porque la gente baile.
La propuesta tiene otros condimentos, como la experimentación con estilos antagónicos. Nadie se hubiese imaginado hace algunos años que la cumbia podía combinarse con la electrónica o que pudiera llegar a existir una baguala remixada. Así, este curioso artista demostró que no hay un desajuste en esta mezcla, ya que la convivencia no descarrila, sino que se conjuga con naturalidad. Todo nace como un juego o una experimentación: desde su pequeño laboratorio —que en realidad es su computadora— compone, hace mash-ups, samplea, remixea. El mejor ejemplo de todas estas combinaciones lo da el tema «Puente».
Es fundamental la espacialidad que generan las canciones, y se debe al uso del eco y la repetición de beats, así la pista se convierten en un receptor de cuerpos hipnotizados por un DJ que no deja de animar a su público. Si bien la mayoría de los temas son instrumentales, lo que los caracteriza es que parecieran recrear un paisaje, por eso la importancia de la VJ. De esta manera, el set se reacondiciona y muestra lo más profundo de la cultura cordillerana. Las animaciones nos invitan a submundos imaginarios, pero con claras referencias a la realidad. Hay retratos y en ellos abundan las mejillas coloradas, los flequillos y los colores fluor.
Los temas en las obras de Duró se repiten como puede ser: la noche, el contacto con la naturaleza o la soledad. Algunos de los títulos de las obras animadas son: «El abrazo circular», «Júpiter Divinorum», «Soy la mano gigante que te lleva de paseo», «La Ramita», «Kilómetro cero», entre otras. A todo esto hay que sumarle, la importancia de las luces —halos de lasers rojos y verdes que chocan contra el público— y también el uso de humo, típico en las fiestas.
No pueden faltar las reminiscencias al folclore argentino como en «Cumbión de las Aves», en donde se percibe rasgueos de charango, el soplido del sikus o zampoña (instrumentos andinos). La brújula nos indica que «Amelia» apunta hacia otras culturas, como la árabe, lo mismo pasa en «Ze Bula», de estilo africano. Además hubo tiempo para estrenar canciones nuevas, pero no de su EP Semillas (2013), sino composiciones recientes que hicieron viajar al público por los sonidos de la selva boliviana o agitarse con ritmos brasileros. A todo esto, en ningún momento los concurrentes insinuaron dejar de mover el esqueleto. Bailó hasta el que nunca baila.
De todas maneras pareciera que no todo es joda, fiestita y baile. El concepto que gira en torno a esta innovadora propuesta, no es para nada superflua. El hecho de entrar en trance a través de la música es algo que se practicó y se practica desde siempre en las culturas nativas. Había micro-instantes donde el público se perdía en esa selva sonora, en una danza que se rodea de humo como si fuese un aura espectral. Aparece la sensación de colectividad, de comunión, de goce y experimentación.