El joven escritor Leonardo Sabbatella desarma la estructura que llevó a que su primera novela editada sea considerada una de las mejores del 2012 y mientras avanza en las páginas de una nueva historia confiesa que lo importante es «sentaste en la silla a escribir convencido».
Por Juan Sapia
Fotografía Gentileza de Leonardo Sabbatella
Buenos Aires, abril 10 (Agencia NaN – 2013).- En El modelo aéreo (Editorial Mardulce) , su primera novela, Leonardo Sabbatella construye un universo tan singular como propio. ¿Hasta dónde llegan los efectos de una muerte? Sabbatella narra un suicidio y un asesinato desde una perspectiva diferente: a través de las múltiples consecuencias que suponen no para el círculo íntimo de los muertos, sino para los conocidos, los vecinos, la gente que apenas los conoció. Mientras prepara su próximo libro, cuenta en diálogo con NaN cómo fue la construcción de su primer trabajo, citado por varios medios como una de las mejores novelas del año pasado. “Lo que importa es la obra, todo lo demás no depende de ninguno de nosotros”, sostiene.
Un Profesor y un Pintor mueren. Uno fue asesinado. El otro se suicidó. Estos hechos, que el autor elige no contar, van tejiendo efectos en un universo de personajes anónimos, desconocidos para los muertos. Con precisión, sin perder el pulso narrativo, Sabbatella construye una minuciosa cartografía de los ecos de las muertes. Los distintos personajes que pueblan su novela son atravesados por la noticia, que los encuentra en medio de su rutina. No tan cercanos como para ser afectados, pero sí lo suficiente para que los sorprendan, los personajes se van enterando, uno a uno.
Construida a partir de capítulos muy cortos y de una escritura seca, rigurosa, la primera novela de Sabbatella no se encasilla en ningún género: puede pensarse en el policial, pero las muertes que dan comienzo al libro son en realidad una excusa, un evento implícito y a la vez omnipresente. La trama misma, una acumulación de enredos, una madeja de hilos argumentales que se entretejen unos con otros, presenta dificultades para colocar a El modelo aéreo en un género determinado.
-Una de las cosas que llama la atención al leer la novela es cómo está detallado lo visual. ¿Cuánto trabajaste en ese sentido?
-No mucho. Para la escritura que intento hacer me interesaba que hayan ciertos movimientos que se puedan ver. En ese sentido sí me parece que hay escenas que fueron trabajadas de forma similar a como puede ser un encuadre de fotográfico o la distribución de objetos en la composición de un cuadro. Le presté mucha atención a eso. No tanto al movimiento, pero sí a la imagen. Quería que cada escena tuviera su plano, su toma, su forma de escritura.
-¿Por qué?
-Lo visual me ayudaba a armar el cuadro fotográfico, el panorama. Incluso, cuando hay muchas que son fijas, por ejemplo un tipo sentado en su oficina pensando o mirando por una ventana. Me interesaba tanto la composición o elegir ciertos objetos porque era como entrar en el mundo de esa pequeña escena. Era muy importante también escuchar las frases, la cadencia de las frases, cómo se iba leyendo, cómo sonaba. Y el hecho de cómo sonara eso que estaba escrito era más importante incluso que cómo se lo veía, porque lo que más me importaba era la lectura, cuál era el aliento. Hay algunos capítulos que a propósito empiezan con una frase que tiene una coma a la mitad, viene cierta pausa y después lo demás. Me interesaba la respiración. Y después, en segundo orden, me interesaba la composición respecto a los objetos.
-¿Por qué El modelo aéreo?
-Bueno, la novela tuvo un título durante el proceso de escritura que era un más orientativo, y a la vez más obvio: Los afectados. Hacía hincapié en el hecho de que todos los personajes que aparecen en la novela, ese gran elenco, han sido afectados por la muerte del Profesor y del Pintor. Después, leyéndola con la gente de la editorial, apareció la idea de pensar otro título. Lo que hablábamos era que la novela tenía la potencia para llamarse de otra manera. Y apareció El modelo aéreo que a mí me gustaba justamente porque era poco precisa, esquiva. Me gustan los títulos que no son certeros, que se desvían un poco. En ese sentido, El modelo aéreo me gusta y además rescata algunos elementos en los que yo pensé mucho al momento de escribir, que puede ser la vista aérea de la ciudad. La ciudad aparece a veces como una gran maqueta. La misma novela está escrita de esa manera, como una maqueta, como un modelo de esas escenas. O el aeromodelismo que practica uno de los personajes.
-No narras la muerte de los personajes, pero ni siquiera mostrás la reacción de los familiares, sino que vas más allá, a los que no los conocieron de cerca. ¿No pensaste retratar a algún familiar de los muertos?
-No, eso fue adrede, por dos razones. Uno para no caer en golpes bajos, en los efectos de la muerte en un familiar. Si uno no tiene la destreza, se puede caer en cualquier cosa. La segunda razón era que me interesaba acentuar hasta donde llegan los efectos de una muerte. Entonces llega por ejemplo hasta el canillita que no se entera que el tipo se murió y se da cuenta cuando el tipo no le va a comprar más. Incluso como un juego temporal, hasta muchos meses después de que sucedieron las muertes y sigue generando efectos. No asistimos a ninguna causa de las muertes, sólo asistimos a sus consecuencias indirectas.
-Los dos muertos no tienen un nombre sino que los llamás por su profesión. ¿A qué se debe esto?
-Me interesaba qué era lo que quedaba de cada uno al morir: queda el saber hacer, queda lo que hizo. Y lo que hicieron fue pintar y dar clases, o investigar. También me parece que fue una cuestión de poner a los personajes en otro lugar con respecto al resto. Que ellos tuvieran una forma de identidad distinta al resto de los personajes, porque de hecho, sin ellos no habría narración, son los que ponen a funcionar esa máquina narrativa.
-En una nota que hiciste para Mardulce, establecés una diferencia entre literatura falaz, y literatura realista, más cercana a la experiencia de vida del autor. ¿Qué elementos de tu novela la colocan dentro de una u otra categoría?
-La novela tiene una cuestión atemporal por momentos, uno no sabe bien en qué momento histórico sucede, sumado al extrañamiento que traté de buscar con los nombres de los personajes, o incluso en algunas tareas medio anacrónicas que realizan. Esa era una forma de apartarnos de ese discurso que tiene como dos vertientes: por un lado la cosa más genuina de la experiencia, de que te estoy contando algo que viví, más vitalista, de lo que yo desconfío mucho, y, por otro lado, el tema de la representación, de que se puede representar una ciudad que sean distintas ciudades, donde se dan distintas situaciones.
-¿Cuál fue el objetivo de esa búsqueda?
-Intenté experimentar o poner a prueba hasta dónde se puede desarmar una trama que no es lineal, o al menos intenté que fuera lo menos lineal posible. Se desvía todo el tiempo, pone a prueba al lector. Lo que más me interesaba era intentar que el lector se quedase ahí adentro cuando no había una especie de señuelo al cual seguir. La novela no tiene una tensión dramática clásica de cualquier otro relato y eso me interesaba particularmente. Después de haber mostrado tantos personajes, después de haberme ido por las ramas ¿sigue estando ahí adentro el lector? Reclamaría, digamos, cierto lector más ligado a esto que César Aira llama literatura falaz. Que no está leyendo solamente una historia, que está leyendo una escritura. Ese era mi objetivo.
-¿De dónde viene esta desconfianza hacia la literatura de la experiencia?
-En general nunca me interesaron los escritores que mantienen el discurso de lo vital, el “yo te la voy a contar porque yo la viví”. Me parece que no, que es otro género, que es otra cosa. Me interesan más los escritores que, aunque trabajen con experiencias propias, someten esto a otro tipo de trabajo. Desconfío un poco de este discurso tan vitalista, tan de la sensibilidad, de la literatura “honesta”, de lo transparente.
-Incluso la figura del autor parece meterse todo el tiempo en este tipo de literatura…
-La idea de la desaparición del autor es esto mismo. Me parece mucho más interesante lo que el lenguaje pone a funcionar, o activa, en la manera de pensar, de experimentar, de elaborar ciertos imaginarios sobre algunos hechos, sobre algunas escenas. Incluso la novela está armada a partir de algunas escenas muy puntuales en función de eso. Todas las historias son más o menos iguales, quiero decir. No tengo ninguna cosa rara que contarte. Pero sí me interesa entablar una relación a través de esa escritura con lector que le interesa estar ahí leyendo otras cosas.
-¿Cómo fue pasar escritor inédito a publicar tu primer obra?
-El modelo aéreo es la primera novela que se publica, pero no es el primer texto que escribo, Probablemente, es el primer texto del cual estaba convencido, en el sentido de que me bancaba una lectura del texto, de lo que pudieran decir sobre el texto, porque me parece que se defiende sola la novela. Más allá de que te pueda gustar o no, de que sea mala o buena, las propias herramientas para defenderse o para argumentar o para decir su valoración o su apreciación están dentro de la novela. Vos lees las primeras novelas de algunos escritores y te das cuenta de que ahí ya está contenida toda su obra posterior. Es algo que puede salir mal o puede salir bien, y así y todo hay una convicción. Ahora, cuando lees una primera novela y te das cuenta de que hay algo en la escritura, ciertas dudas, o que no hay un convencimiento en la propuesta estética, es lo que a mí me hace dudar. Prefiero que sea una propuesta equivocada pero convencida a algo más acertado pero que tiembla.
-¿Y de qué manera encontraste ese convencimiento en tu novela?
-Este fue el primer texto del el cual yo estaba seguro que se defendía por sí solo para poder llevarlo a una editorial. El texto, solo, iba a saber hacer lo suyo. Si vos no tenés cierta certeza de que es eso lo que querías hacer, tampoco va a ser mucho lo que te devuelvan. Lo que quiero decir es que lo que importa es la obra. Todo lo demás no depende de ninguno de nosotros. Lo que le tiene que importar a los que más o menos están dando vuelta en estos temas, es que allí haya una obra que tenga potencia, que a uno le interese leer, que esté convencido de lo que está trabajado ahí adentro, con qué escritores quiere que se emparente esa obra. Todos queremos publicar, todos queremos aparecer en las librerías, que la gente lo lea. Pero es viene después. Nada de eso va a pasar si no te sentaste en la silla a escribir convencido.
