Con la convicción de que no existen barreras lingüísticas para el público, un grupo teatral de Bélgica se anima a llevar a las tablas la obra del cordobés Alejandro Finzi, detalla los pormenores de esa elección y argumenta que toda la obra se basa en una creación colectiva.
Por Emmanuel Videla
Fotografía gentileza La isla del fin de siglo
Buenos Aires, abril xx (Agencia NAN-2013).- Torre de Babel, pero ¡a no desesperar! No hay fin del mundo, tampoco meteorito de por medio ni predicciones mayas a la vista, sino que una suerte de experimentación de esa misma torre invadirá la sala del teatro Galpón de Diablomundo (Almirante Brown 3589, Temperley) el martes 16 a las 21. La obra La isla del fin de siglo, del dramaturgo argentino Alejandro Finzi, generará toda esa sensación. Y por el simple hecho de que la función, a cargo del grupo de la Universidad de Lieja (Bélgica), se desarrollará en francés, se escuchará acentos germánicos y no quedan exentos otros matices de la lengua. “Esta misma obra se representó en otros países hispanofónicos, como por ejemplo Colombia, y todo se entendió”, detalla en diálogo exclusivo con Agencia NAN una de las integrante de la troupe, Chantal Heck, quien además hizo un repaso de cómo entienden el teatro, por qué representar a un argentino en escena y cuál es el sentido de hacer teatro universitario en un espacio independiente.
La isla del fin de siglo es una obra que transcurre en un escenario de catástrofe universal y en algún lugar de la Patagonia. Allí, se reencuentran por azar y por capricho algunos sobrevivientes, algunos personajes históricos y otros meros pasantes de la vida. Así, Charles Darwin, Antoine de Saint-Exupéry y la enfermera de Freud se entrecruzan con Adela, una cantante lírica y Hugo, un vendedor ambulante de libros. La imaginación y la experimentación está echada por la presencia de lo maravilloso y por la carga poética de la pluma de Finzi, por lo que el teatro se carga con esa premisa que se sostiene desde varios sectores del teatro independiente: “Ante todo, la acción dramática y la palabra al servicio esa acción, y no a la inversa”.
–¿Por qué eligieron llevar a escena una obra del argentino Alejandro Finzi?
–Lo elegimos, de hecho, porque nuestro director es amigo de Alejandro. Ellos se conocen a través de una red internacional de teatro universitario. En la Universidad de Lieja hay, por año, un festival de teatro internacional que está unido a un congreso de la Asociación de Teatro Internacional de Teatro Universitario, fundado hace 20 años también en Lieja. Robert Germay fue fundador y director. Alejandro lo conoce y fue varias veces una especie de observador del festival. Por la amistad, se conocen. Además, porque le resultaba muy interesante la obra, que estaba traducida al francés.
–¿Surgieron dificultades al ensayar, teniendo en cuenta que no se trabaja con dramaturgos argentinos?
–Es cierto que es un espectáculo bastante especial, por los personajes. Se ha interpretado mucho. Cada uno ha interpretado a su manera. Es claro que es una interpretación belga porque hay alusiones políticas que se comprenden de otra manera. No vivimos en Argentina. Nuestro director notó enseguida que había muchas posibilidades de juegos, de interacción en la obra. Se trabajó entonces mucho con la improvisación, poco a poco se construyó la finalización y aquí estamos.
–¿Qué otro recurso se utilizó para montar la obra?
— Se cortó algunas partes del texto, pero ésta integra el espíritu del texto. Lo que se agregó es música de un compositor belga llamado César Franck. Toda la música se basa en su trabajo, porque a Alejandro Finzi le agrada el compositor y, además, porque el compositor hizo música para las iglesias con órganos. En la obra se escucha el ruido que remite a la catástrofe. La tierra que se desintegra. Y ahí viene a jugar la música de los órganos, como un gran ruido. Adela canta temas de César Franck, como por ejemplo “Panis Angelicus”, un tema cantado por Andrea Bocelli.
–Específicamente, ¿cuál es su personaje en la función?
–Soy Adela, la cantante de ópera. Es claro que mi personaje fue adaptado. Soy germanohablante, por lo tanto hemos hecho una suerte de cantante alemana que va a Patagonia, porque quiere inaugurar un teatro allí. Ella quiere y piensa solamente en su éxito personal, si bien pueden estar muriéndose. Repito, le dimos un pequeño toque germanohablante.
–Vamos a reírnos un poco entonces con la variación de acentos.
–Es verdad, pero trabajamos así, los actores que llevan su personalidad en la puesta en escena. Todo va, también, a lo que los mismos actores aportan.
–Se trata entonces de un trabajo donde prima el grupo por sobre la figura de un director que impone…
–En la Universidad de Lieja el teatro no es una carrera de actores, sino que es realmente una creación colectiva. Es un grupo que piensa sobre la dramaturgia, sobre la puesta en escena, sobre el actor también, pero hay que dejar en claro que no es una carrera. Son proyectos teatrales juntos, en grupo.
–Creo que hay alguna tensión con el teatro profesional…
–Está en el método. El teatro universitario no quiere ser profesional. Está todo hecho en el contexto de la universidad y lo que se valora es el espíritu del proyecto, del grupo que reflexiona sobre todo. Sin duda, hay un coordinador que es el director de la obra, pero realmente el trabajo es muy colectivo. Y además el teatro universitario siempre quiere estar en la búsqueda.
–Personalmente, ¿cómo se vinculó con el teatro de la universidad?
–Estudié las lenguas germánicas en la Universidad. La institución está en el seno de la Universidad de Lieja y hay muchísimos participantes. Siempre me gustó el teatro, por lo tanto ingresé allí. De hecho, cuando terminé mis estudios, quedé comprometida con el teatro universitario, porque son principalmente los estudiantes los que actúan y, también, hay gente que vive en Lieja y que va al teatro universitario. Hay talleres para todos.
–En este sentido, ¿cuál es su visión sobre el teatro?
–El teatro es expresar todo con todos los elementos que uno quiere. No es solamente el texto, sino también la acción, la música, todos los medios. Es expresarse abiertamente. Siempre estuve en el medio del teatro.
*La isla del fin de siglo se presentará por única vez el martes 16 de abril a las 21 en el teatro Galpón de Diablomundo (Almirante Brown 3589, Temperley, GBA sur)
