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Tengo una muñeca en el ropero en el Centro Cultural Padre Mujica.-

La obra de María Inés Falconi propone una forma no dramática de asumir y hablar de la homosexualidad y pugna por una sociedad más igualitaria que sepa comprender y aceptar la diversidad.  
Por Soledad Arréguez Manozo 
Fotografía gentileza de Tengo una muñeca en el ropero  
Buenos Aires, octubre 9 (Agencia NAN – 2012).- Una muñeca está escondida en el fondo del estante más alto del ropero. Está envuelta en un buzo, para que nadie la descubra. Este hecho quizás no llamaría la atención si no se tratara de un juguete refugiado entre camisetas de básquet, historietas de Batman y una pelota de fútbol. Es el ropero de la infancia de Julián. Ese lugar especial donde guardaba sus tesoros. Sobre el escenario pasearán revistas, juegos y recuerdos sobre el descubrimiento de su identidad sexual y cómo convivió con su secreto, hasta poder salir del placard. Tengo una muñeca en el ropero, un unipersonal para adolescentes y adultos de María Inés Falconi, despliega con grandes aciertos una historia intima para echar luz sobre un tema que muchas veces continúa siendo tabú en las familias. Así la pieza, bajo la dirección de Carlos De Urquiza, contribuye a reflexionar sobre una sociedad más igualitaria, que sepa comprender y aceptar la diversidad. 
En un ambiente cálido y cómodo, los espectadores comparten con Julián (representado por Julián Serra) la llegada a un nuevo hogar, su departamento. Él va contando, mientras acomoda algunas cajas de la mudanza, las dudas que presenta el futuro de un pequeño placard. ¿Qué hacer con él? Allí adentro por mucho tiempo se refugiaban esas ‘cosas’ que no podía contar a nadie, como la Barbie que le robó a su hermana y tuvo que esconder porque jugar con muñecas era algo prohibido. Los juegos de ‘nene’, los de ‘nena’, la ropa para disfrazarse, las muñecas, la pelota de básquet, logran un guiño cómplice de los espectadores, que se transportan a sus propias anécdotas, donde se reproducen unos y otros estereotipos sobre lo que los hombres o mujeres deben ser. Todo en conjunto pone al descubierto, sin tapujos, los rollos que giran en torno a la sexualidad. 
Con dosis de ternura y humor, el texto busca desdramatizar –en una constante tensión entre emoción y risas- el hecho de hablar sobre la homosexualidad a los propios familiares, amigos y a los espectadores de cada función. Y entonces, la pregunta sobre “cómo decirlo pone en escena cuestiones que muchos prefieren dejar encerradas puertas adentro. La clave es que esa situación no está planteada como un viaje al mismísimo infierno. Al contrario, se construye como una situación que puede darse –con complejidad y conflicto pero también con comprensión y amor- en cualquier hogar, en cualquier familia de este siglo. Quizás eso permite que tanto adolescentes como adultos puedan encontrar las miguitas de pan que deja esta historia para reflexionar sobre nuestras elecciones y compartir, desde el respeto, las diferencias. 
La historia contada desde la mirada del protagonista, en primera persona, mantiene atento a los espectadores, que lo siguen de un recuerdo a otro. Imposible querer bajarse de ese viaje. Los rincones del escenario cambian de forma, se transforman en el cuarto de la infancia, en el micro de la secundaria, en la cocina del hogar familiar. El texto se nutre además del talento actoral de Serra, que queda demostrado en la interpretación que hace de las diferentes voces que acompañaron al protagonista: el entrenador, los amigos del club, el papá, su hermana. Ahora ya está todo dicho, el ropero ya no es necesario. Julián debe seguir acomodando la casa, se despide y deja otra muñeca sobre el mueble, quizás con el deseo de contar más historias que quedaron atrapadas en otros roperos.  

*Tengo una muñeca en el ropero se presentará el sábado 20 de octubre a las 21 en el Centro Cultural Padre Mujica (Av. Hipólito Irigoyen 7923, Banfield)