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El sueño de los elefantes en El Centro Argentino de Teatro Ciego.-

 A oscuras, en condiciones poco convencionales para una obra de teatro canónica, cinco actores son los responsables de dirigir y protagonizar esta obra en la que los ojos están cerrados pero los sentidos totalmente abiertos. 
Por Gustavo Obligado 
Fotografía gentileza de El sueño de los elefantes 
 Buenos Aires, septiembre 25 (Agencia NAN – 2012).- El sueño de los elefantes no podría encuadrarse como una obra teatral, tampoco un recital. Se podría decir que es, a la vez, una experiencia musical, teatral, espiritual y apta para todo público, que sale de los cánones del espectáculo convencional. Propone un juego multi-sensorial a través de una nueva situación corporal. Una “interacción in-consiente”, dirán los elefantes Paco Cabral, Josefina Casco, Alejo Duek, Matías Tozzola y Manuel Vidalcinco, encargados de dirigir y protagonizar la obra. 
En una peculiar ante sala, un público curioso y valiente es parte de una ceremonia que lo lleva a ingresar a otra dimensión de los sentidos y adquirir una nueva percepción del espacio y tiempo. Luego de una cálida bienvenida, se le comentan las características de la obra, aclaraciones que le quita suspenso a la cosa, a tal punto que podrían ser obviadas. 
Habiéndose colocado un antifaz, descalzados y desprendido de pertenencias como mochilas y carteras, los espectadores son guiados hacia la sala, en fila, tomados de los hombros. La falta de percepción especial puede suponer adrenalina y/o ser perturbador. Una vez que los espectadores están tapados con una manta y situados en una colchoneta, se da comienzo al espectáculo. Cuesta aquietar la mente a través de técnicas tomadas de la meditación en la oscuridad, practica usual en los templos Zen Tibetanos, pero la desconexión total con el exterior será más propicia una vez que se logre. 
Las inusuales y a la vez acertadas condiciones que el elenco propone para la ejecución de la obra acentuaran, particularmente, dos fuentes sensoriales: el oído y el olfato. Los olores que dominan el ambiente son distintos tipos de inciensos y un leve rocío de perfume. En el caso de la música, aparecen melodías arabescas, percusiones de todo tipo con ritmos pausados y agiles, instrumentos de viento, una voz dulce que canta al oído, silencios, ruidos, diálogos, balbuceos, risas nerviosas, murmullos, pasos, patrones de repetición penetrantes y más. 
Los elementos mencionados concretan el pasaje a un profundo viaje onírico e introspectivo. Se atraviesan distintos paisajes, texturas y dimensiones que van fusionándose. Lo fantástico de la obra es la invitación a ver con otros sentidos que no sean la vista. Así, el espectador se convierte, se transforma, fluye y convive en ese espacio con otras características que antes no lograba admirar; se vuelve mucho mas sensorial, mas perceptivo. Se aprecia desde otros sentidos como nunca antes. Al creer que le quitan la posibilidad de ver con los ojos, todo se profundiza y se ve por los oídos; se siente y se escucha con el cuerpo. La obra permite al público destruir, derrumbar y crear una historia propia de tal forma, que se logra viajar hasta lo mas interior de uno mismo, dejando atrás la cotidianeidad, el vivir acelerado y atado al tiempo. Se entrega el cuerpo para experimentar algo totalmente inusual y nuevo. 
El espacio no esta dividido, no tiene fronteras. No hay un escenario y un espectador. Éste es parte de la obra porque los performers interactúan con él. Eso es lo que hace de la obra una tan singular. El público es un todo y la obra es el cuerpo de los espectadores mientras viajan y liberan sentidos hacia el infinito. No existe una obra que sea igual a otra. 
Los actores dirán que no es un teatro «de» o «para» ciegos, que todos los espectadores hacen y son la obra. A su vez, reconocen que su objetivo es quebrar las diferencias, las imágenes negativas, la mirada juzgadora. Así, una vez que termina la obra se da el espacio para que cada uno reflexione, para que comparta la experiencia que acaba de vivir con los otros, o no. Éstas suelen ser variadas y muy personales. Se dice que lo esencial es invisible a los ojos. A lo mejor sea cierto. 
*El sueño de los elefantes se puede ver los domingos a las 18 y a las 20 en El Centro Argentino de Teatro Ciego (Zelaya 3006, Ciudad de Buenos Aires).