Bajo una belleza superficial y superflua se esconden las fragilidades de los cuatro personajes que aparecen en esta obra atípica donde casi no hay límites espaciales ni temporales y es el espectador quien completa el sentido según su amplitud.
Por Lola Kuperman
Buenos Aires, septiembre 18 (Agencia NAN-2012).- Quiere fumar y no tiene ningún cigarrillo, tampoco sus compañeros; sí tiene un encendedor. Está en un espacio delimitado, temporalmente, por cuatro cintas color negro que forman un cuadrilátero a la misma altura que las sillas donde se sientan los espectadores. La tensión es tal en la obra Los lindos, de Paula Baró, que el actor se dirige al público y pregunta si alguien fuma: quiebra todos los códigos para el espectador que desea mantenerse ajeno. Esta obra es así: no sólo se la observa, también se la vive.
“El final es lo que menos me preocupa”, dice uno de ellos y poco importa quién. Dos mujeres y dos hombres comparten un ambiente donde conviven una carpa sobre una cama elástica, un sillón, un cochecito y un almohadón que cumple el rol de un hijo. Si toda la obra transcurre en un período continúo o si los espectadores presencian saltos espaciotemporales es algo imposible de determinar. Lo único que marca el paso del tiempo es el hielo que se derrite, sin apuro, en una cubetera.
Los cuatro están vestidos exageradamente agraciados, los cuatro se ganan el título de ser lindos. Bajo esta belleza, superficial y superflua, se esconde la homosexualidad de una pareja heterosexual, un desentendimiento absoluto y, sobre todo, una inseguridad que los rodea y amenaza con estrangularlos. La muerte se toma a la ligera, como una fiesta donde el día de mañana parece aún muy lejano para preocuparse. Así de apáticos viven “los lindos”, pagando las consecuencias de actuar como si les importase todo, cuando en verdad, no les importa nada.
Si el estudiar sociología o escribir un libro da más poder para opinar sobre si esta época es o no la decadencia es lo que se plantea en la obra de Baró. Los límites del escenario se corresponden con las respuestas a los temas problematizados: no existen. Las cuatro líneas que delimitan un cuadrilátero se franquean para ir a ver televisión y fumar un porro al lado de los espectadores. Un televisor que nunca se apaga, que aumenta y desciende su volumen pero siempre permanece. “¿No ves la decadencia alrededor tuyo?”, se preguntan.
Bailan con música electrónica y las luces transforman el espacio en un boliche. Vuelven, “sería horrible morirme y no cagarle la vida a nadie”, acuerdan. Se matan, resucitan, son zombis, son hombres y son mujeres, son padres o padres de un almohadón o proyecto de padres y los espectadores se ven zamarreados en estas idas y venidas. A veces se entiende, a veces no, pero la obra da, sistemáticamente, hilos de lana para desenrollar de un enmarañado ovillo. ¿Los hilos? De todas formas y colores.
Lindo, según la Real Academia Española, en su segunda acepción, describe: “Perfecto, primoroso y exquisito”. La palabra deriva del latín legitimus y significa completo. Sólo la fachada de los personajes -en la piel de Sabrina Cassini, Jorge Eiro, Fiorella Pedrazzin y Mariano Rapetti- responderá a duras penas al adjetivo completo. En la belleza y excesiva sexualidad que exprimen a lo largo de obra ya se dejan entrever las resquebrajaduras que amenazan con despedazarlos. Sólo serán completos para una sociedad por poco apocalíptica donde las regalías de un libro ahogan la pérdida de un ser querido y la televisión no se apaga nunca.
“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”, escribe Pedro Calderón de la Barca. Trescientos setenta y siete años después, en una sala de teatro en la calle Corrientes, cuatro jóvenes hacen vivas sus palabras. Si es un sueño o si es real dependerá de la amplitud de cada espectador, aunque será imposible negar su frenesí. Si éste tiende a la destrucción tanto propia como ajena o hacia apagar la televisión y salir del cuadrilátero que nos encierra será la interpelación que los lindos plantean.
*Los lindos se presenta los viernes a las 21hs en La Casona Iluminada, Av. Corrientes 1979, Capital Federal.
