A pesar de los tiempos cada vez más mediatizados, la palabra no ha perdido su poder de crear mundos e identidades, por eso, cuentacuentos latinoamericanos y españoles reivindicarán el hecho artístico de la narración en el festival internacional «Te doy mi palabra» que comenzará hoy en Buenos Aires para seguir camino por el continente, con ansias de masividad.
Por Soledad Arréguez Manozzo y Emmanuel Videla
Fotografía Fátima Rodríguez
Buenos Aires, agosto 29 (Agencia NAN-2012).- “Y el hombre dijo, mira niño yo al principio vine a contar cuentos para cambiar el mundo, ahora sigo contando cuentos para que el mundo no me cambie”, resumió un narrador el espíritu del XI Festival Internacional de Cuentacuentos “Te doy mi palabra”, que arranca hoy a las 18 en el auditorio de la Biblioteca del Congreso (Alsina 1835, Ciudad de Buenos Aires). La frase de Daniel Hernández, narrador colombiano radicado en Chile, invita a hacer del festival “un viaje” de relatos sencillamente artísticos como alternativa a una sociedad aturdida por los medios masivos de comunicación e información. Así, definida la apuesta, los narradores extenderán su voz por 18 provincias y, luego, cruzarán fronteras hasta Bolivia, Paraguay y Uruguay para “exorcizar” al público latinoamericano, como lo calificó el narrador argentino y coorganizador del festival Claudio Ledesma.
Exorcizar a través del cuento no es para nada sencillo, ya que relatos se escuchan en todos lados, según afirmó Ledesma. Pero es una pretensión justamente calificada del grupo de narradores provenientes de Perú, Chile, Colombia, Venezuela, Cuba, España y Argentina, que tratarán de atrapar a un “público virgen” mediante cuentos de terror, muerte, amor y crítica social. Así las salas de teatro porteñas y del Conurbano serán el espacio para que estos mal llamados “juglares de la modernidad” relaten, cuenten, hagan viajar a través de las palabras y logren esta atracción. “La gente que no conoce el oficio, que nunca ha ido a una función, cuando sale se pregunta por qué no lo habían visto antes”, celebró el narrador colombiano Darwin Caballero a Agencia NAN.
En la zona sur, sólo por nombrar algunos espectáculos, la narradora española Muriel y el colombiano Darwin Caballero presentarán “Cuéntame mucho” en el Espacio Disparate (Sitio de Montevideo 1265 , Lanús Este) el viernes 31 a las 20, donde el humor inocente y el negro se funden en nudos dramáticos de cada uno de estos compatriotas. Al día siguiente, a las 21:30, la sala anfitriona, con los relatos de la colombiana Hanna Cuenca y la española Pepa Robles, será Teatro Nobles Bestias (14 de julio 142, Temperley). La dinámica entre los que están sobre las tablas y los expectantes es la que describió Caballero: “Como Alicia en el país de las maravillas, es entrar por el espejo a vivir la historia, ella te va a dar las miradas, las entonaciones, porque estás viviéndola”.
Ahora bien, si el deseo es encontrarlos a todos juntos, a esa diversidad de subjetividades que cuentan y viven para contar, la cita es hoy en la apertura del festival o esperar hasta el cierre, el domingo 2 de septiembre en el porteño Teatro Empire (Hipólito Yrigoyen 1934) a las 17.30, donde se encontrarán los ya nombrados con el resto de los cuentacuentos: los cubanos Javier Mederos y Elvia Pérez, Nápoles, el español Miguel Fo y los colombianos Marko Mosquera, Gazel Zayad, Flora Ovalles y Braulio Aguilera. Todos reunidos para “tomar palabras prestadas y hacerlas propias” en el escenario, que explotará de diversidad lingüística y cultural.
De oficio, narrador
Múltiples técnicas y recursos se ponen a disposición de la palabra de los narradores para hacer viajar a los espectadores por tierras desconocidas. No hay una fórmula a seguir, cada uno se va armando de diversas herramientas –desde improvisación teatral hasta las nuevas tecnologías- para nutrir al relato. El cuento será, luego, el que decida qué conocimientos poner en acción. «La narración oral exige disciplina, estudio, rigurosidad y, por sobre todo, profesionalidad. Todo el mundo piensa que todos pueden contar un cuento. Sí, es verdad, pero no todos pueden hacer un hecho artístico de un cuento», analiza Ledesma.
A pesar de los tiempos cada vez más mediatizados, la palabra no ha perdido su poder. En medio de la seducción por las pantallas, la voz de estos narradores ha logrado conformar un espacio de trabajo. “Estamos bombardeados con imágenes mediáticas, rápidas, que atropellan nuestras vidas. Lo que produce el cuento es que nos detengamos y al escuchar vamos construyendo nuestras propias imágenes y hasta nuestra historia. Creo que es una necesidad y creo que por eso se ha desarrollado tanto la narración oral”, resume Ledesma.
Pese a los pronósticos desalentadores, las nuevas tecnologías no atentan contra la palabra narrada, coinciden los cuentacuentos. Por el contrario, estos medios potencian los canales desde donde se pueden visibilizar y escuchar el canto de los narradores. Por ejemplo, el coorganizador del festival aceptó una propuesta de una radio de Puerto Madryn en la que coordinará la emisión cuentos de distintos narradores. «Luego, esos audios lo van a subir a un blog. Tener acceso a eso, es rico», destacó.
-¿Qué significa la narración para ustedes?
Darwin Caballero:– Es una pregunta muy recurrente, y no encuentro una respuesta que me guste. Es un momento en el escenario único e irrepetible, por más que se trate del mismo cuento.
Daniel Hernández:– Para mí contar, es contar con el otro. Es un encuentro, es invitar al otro a un viaje y viajar con él, siempre le digo al público sin ustedes no existiríamos. Si me meto en la dimensión del cuento y veo que ustedes no van, no hubo un viaje. Es un hecho es comunidad. El narrador pasar a ser un vehículo del cuento, todos viajamos a partir de la historia, todos vivimos la historia.
Claudio Ledesma:– Es un acto de comunicación que me sirve para conectarme, vincularme y, por sobre todo, exorcizar a través y con la excusa del cuento, tomar palabras ajenas, tomar palabras prestadas. Exorcizar miedos, demonios, angustias, consuelos. Todo con la excusa del cuento. Nunca fui a terapia, porque en lugar de psicólogo, cuento cuentos. Un poco así es la cosa. El arte funciona, en cierta manera, así, como terapéutico. Desde ya, además es un hecho estético, artístico, para mí.
-Entonces, la narración no escapa de su tiempo. ¿Hay una crítica social en las historias que se cuentan?
C.L:– Yo cuento de todo. El humor es cosa seria. Y esa cosa seria exige una cosa mayor. Así también, cuando hago humor tomo texto de esa temática, porque yo no me considero gracioso, pero igual me hago la pregunta: ¿Causa humor el narrador o el texto, o ambos?
D.C:– Algo hay, sea intencional o no. Esto se ven cuando se pone el cuento frente al público, puede ser que uno no se de cuenta de eso que estaba ahí. Puede ser que tenga intencionalidad de transmitir un mensaje, hacerlos pensar.
D.H:– Lo repertorios tiene que ver con cada cultura, con el entorno, con esas vivencias, referentes comunes, históricos.
-¿Se puede pensar entonces a la narración oral como una militancia?
D.H:– No escapa. Como todo arte, es contar la realidad, lo que te duele, lo que pasa, lo que estás viviendo, es un reflejo del momento. El cuentista cambia con el momento histórico, la gente ahora en Colombia quiere reírse, hay mucha violencia, no podés contar en el cuento lo que pasó en la televisión.
Si bien cada vez más personas se acercan a escuchar sus historias, los cuentistas coinciden en que el desafío es volverse un género masivo. Para alcanzar esa meta, la jerarquización de este arte como disciplina académica es insoslayable e implica, por ende, la existencia de formadores con herramientas teóricas y prácticas como lo proponen los narradores en sus talleres. Más allá de la puja por lo académico o no, los esfuerzos están en que la palabra se multiplique a puertas abiertas.
*Programación completa del festival: http://www.tedoymipalabra.com.ar/