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Diez años de Mandinga Tattoo Show

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Previo a volverse careta en La Rural, uno de los encuentros más zarpados del tatuaje de la Argentina celebró su décima edición en el cooperativo hotel porteño Bauen. Foto: Cecilia Salas

Por Lucas Jiménez 

Las motos estacionadas sobre Av. Corrientes a metros de Callao hacían juego con el imponente cartel del 10º Mandinga Tattoo Show, organizado por los chicos de Mandinga Tattoo el pasado fin de semana. Tan grande era la marquesina que tapiaba el frente del Hotel Bauen. Mientras algunas personas bebían cerveza en el bar contiguo, otros se disponían a entrar al universo del tatuaje, en todas sus vertientes.

Uno de los primeros stands era el Cancerbero, que vendía agujas, tintas y demás accesorios para tatuadores. También había puestos de remeras y buzos, cuyas estampas bien podrían ser modelos de tatuajes. El crecimiento exponencial del Tattoo Show está a la vista. El sello arrancó siendo sólo un local de tatuajes en el barrio de Lugano y ahora abarca otro en Ramos Mejía y un programa de televisión (los domingos a las 23.30 en El Garage TV). La masiva convocatoria al festival y el impecable nivel artístico de los tatuadores ratifican este crecimiento.

“Con todo respeto por otras que hay en el país, queremos que ésta sea la mejor convención de tatuajes no sólo de la Argentina sino del mundo”, enfatizaba el dueño de Mandinga, Diego Staropoli. Luego anunció que el año próximo la cita se mudará a La Rural. También hubo agradecimientos para el Hotel Bauen, por haber albergado el festival durante tantos años.

El mismo Staropoli se encarga de seleccionar a personas y locales que tendrán sus stands en cada edición, a través de un sistema que ya tiene aceitado. “Se hace para asegurar que no haya principiantes y que se hagan buenos tatuajes. Igualmente tienen prioridad los que ya participaron en festivales anteriores”, explica Damián, artista que trabaja hace diez años en el local de Lugano.

Un festival de tatuajes es mucho más que los tatuadores y sus trabajos. La gente se pasea orgullosa luciendo sus pieles recién tatuadas. Un muchacho, con su casco en la mano, pregunta precios. Las fronteras de la convención llegan al extremo en el puesto Blue Samurai Katanas, que exhibe manoplas y sables. “Nos manejamos mucho con productos importados”, afirma el vendedor mientras peina su larga barbilla teñida de azul.

Locales de tatuajes y piercings de distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano y el interior vienen a mostrar su arte. Tatúan y dibujan en vivo. La mirada de una mujer ocupa la espalda entera de un joven, que se da vuelta al escuchar el aplauso de la gente. Aunque los aplausos en realidad sean para el tatuador y los elogios posteriores recién sean para él. Cada elogio es seguido de una explicación del tatuaje, aunque no haga falta, ya que se valora el dibujo más que su porqué.

También hay parte para el show. Strápoli saca a relucir su carisma. Conduce el concurso en el que cada día se eligen los mejores tatuajes de su tipo. El sábado fue el turno de las categorías “oriental”, “tradicional” y “realismo”. También se eligió al mejor del día.
Por el escenario pasaron distintas bandas y el cierre estuvo a cargo de D-Mente, banda liderada por Andrés Giménez. “Pocos saben que el primer show de D-Mente fue acá, en el Bauen”, contaba Staropoli.