
Por Nahuel Lag
“Buenos Aires tiene el tango/ y La Rioja con la Chaya,/ los salteños con la samba,/ en Corrientes el Chamamé./ En Santiago del Estero gozan de la Chacarera/ y nosotros los cordobeses cuarteteamos hasta morir.” Fuera de los límites mediterráneos, desde mediados de los ‘80 todos comenzaron a preguntarse junto al gran Carlos “La Mona” Jiménez quién se ha tomado todo el vino. Y ya a principio de siglo, el país gritaba orgulloso “soy cordobés”. La fiebre cuartetera llenaba trece noches consecutivas el porteñísimo Luna Park, rendido ante el Potro, a quien le faltaron meses para retirarse con otra hazaña: llenar un River. Tras la muerte de Rodrigo, el ritmo se retiró de la escena nacional. Quedó el ferné. Pero en Córdoba, cada fin de semana, La Mona canta “Nuestro estilo cordobés” y diez mil culiados deliran bajo el tinglado de cualquier club mientras juramentan: “Al tunga tunga tunga no lo van a sepultar”. Una década después de aquel 2000 sabroso, un grupo de diez músicos se pasaba la guitarra de mano en mano y entre folklore, rock y bossa nova, siempre, en algún rato de la noche, llegaba un momento cuartetero. “Era el momento más intenso. Se guitarreaban algunos clásicos y hasta se improvisaba alguna estrofa o estribillo. De esa manera nació esta historia: de sobremesa, vino y guitarra”, cuenta Marcos Rodríguez los orígenes de Nenes Bian, banda que con un disco editado está llamada a renovar el ritmo de su tierra.
¿Qué es el tunga-tunga?, se pregunta el lector que nació en suelo metropolitano. Tunga-tunga es la esencia. Casi una década antes de que La Mona naciera, Augusto Marzano, quien integraba Los Bohemios, banda con la que recorría clubes y fiestas familiares al ritmo del pasodoble y la tarantela, heredada de los inmigrante españoles e italianos, le propone al joven Miguel Gelfo formar un nuevo conjunto e incorporar a su hija, una talentosa pianista adolescente: Leonor Marzano. Por ella, el conjunto se llamaría La Leo y por ella nacería el cuarteto como género. “Mi mamá nos contó que un día le pasó a mi abuelo las notas que había sacado con la octava de la mano izquierda, acentuando el primer tiempo al segundo, para hacer más ‘gordita’ la base que él hacía con el bajo. Así nació el cuarteto cordobés”, contó el origen espontáneo del ritmo Eduardo Gelfo, hijo de Leonor y Miguel, en una entrevista al diario La Voz, a 70 años del debut de La Leo en el estudio de radio LV3.
La historia viene a cuento porque después de poco más de dos años de guitarreada y vino (en los que cada uno de los músicos de Nenes Bian “se levantó por lo menos una vez dentro de una funda de contrabajo”), de zapar los primeros temas (“Nenas bien” es uno de ellos, origen degenerado del nombre de la banda, quizá “por dejo de ironía”), de ensayar los siguientes y subir a varios escenarios desde junio de 2011, el ensamble presentó su único álbum, De pecho, en 2013. Ese año, el del 70 aniversario de La Leo, Eduardo Gelfo, el heredero, estuvo sobre el escenario para bautizarlos como bisnietos. “Me quedo tranquilo. Con estos chicos el cuarteto nunca va a morir”, tiró. Santiago Pérez, voz y guitarra, lo recuerda y no esquiva el bulto: “Reivindicamos y levantamos la bandera del cuarteto sin ninguna duda”.
Nenes Bian viene a recuperar el cuarteto en un contexto en el que músicos de la misma generación —desde los cancionistas Pablo Dacal, Lucio Mantel o Sofía Viola hasta los ensambles como Onda Vaga y Otro Mambo— revisan las raíces de los ritmos populares latinoamericanos y, en particular, los tropicales, abordados por La Delio Váldez, Orkesta Popular Sam Bomba y los coterráneos Los Cocineros y Lorena Giménez, con quienes compartieron escenario en el ciclo Cultura Cumbia este verano en Cosquín. Incluso, el caso de Nenes Bian, Lorena Giménez y otras bandas del circuito independiente cordobés podría ser el de una renovación del folklore tradicional de esa ciudad, como ocurre en la última década con la nueva ola del tango en la Ciudad de Buenos Aires, de la mano de la Orquesta Típica Fernández Fierro, la Orquesta Petitera y el Conjunto Falopa, entre otros exponentes.
“La relación con el cuarteto antes de Nenes Bian era, básicamente, como oyentes de La Mona, Rodrigo, Cachumba, entre otros; y de bailarines en el baile. Como músicos no habíamos pertenecido a una banda del género, aunque la idea ya rondaba por lo bajo. Lo que nos dio el impulso fueron esas poquitas primeras canciones. Encontramos una manera de decir y contar que nos encantó”, explica Rodríguez el encuentro cercano con el ritmo local. Por su parte, Pérez reivindica la recuperación de los ritmos populares lejos de los debates sobre el alto arte y el snobismo: “Es una invitación a que todos escuchemos la música que sea sin prejuicios”. Y Juan Manuel Fatala, voz principal, trompeta y guitarra, vuelve a abrir el juego: “Nuestra búsqueda aún está en una fase experimental, pero tenemos claro que la base es el cuarteto y que el límite no existe. Las influencias comunes son Los Cadillacs, La Mona, Rubén Blades, aunque escuchamos de todo: mucho rock, folklore, tango, música popular de Brasil, jazz y salsa, además de a nuestros colegas de Córdoba, otras bandas independientes con los que compartimos muchas cosas y que vamos a ver seguido”.
“El cuarteto, como el tango, cuenta las historias de la ciudad y nosotros crecimos al calor de las canciones de La Mona, quien no es más que un simple narrador de la realidad. Con eso, le sobra para ser dueño de la obra más rebelde de la historia de la música popular de Córdoba. La identificación con los sectores populares es inmediata: el cuarteto es la voz de los sin voces.” J. M. Fatala
Sin dudas, el teclado de Federico Rascón, el acordeón de Jony Vargas, el piano de Joel Costas, la güira de Alejandro Ledesma, la tambora de Hernán Olmos y las congas de Jota Figueroa son la base cuartetera de la banda, pero los Nenes Bian también son rock. “Tiene que ver ni más ni menos con lo que crecimos escuchando. Uno plasma en su obra lo que ya trae. Siempre decimos que hacemos canciones de cuarteto y que después les pegamos baños de algunas otras cosas”, apunta el bajista de la banda, que junto a Pérez, Fatala y Martín Gallo (batería) le ponen —en complicidad con los teclados— la otra base, la rockera (explícita en el inicio de “Nenas bien”, por tramos en la baladita cumbiera “La piquetera” o en el solo de “Cuarteto natural”).
Podríamos echarle parte de la culpa a Richard Rosales, mítico guitarrista de Ráfaga, aunque en el caso de Nenes Bian el rock es bagaje cultural de una generación criada en la década de esplendor del rock popular de grandes estadios y es actitud desprejuiciada para aliarse con una paleta de ritmos tropicales que exceden los límites del cuarteto. De la mano del virtuosismo orquestal de los músicos, la posibilidad de degenerarse permite poner cada letra en su contexto: en “El perrito sharpei” la base sonora se camufla con el sonido samplero del reggaetón para hacer una crítica ácida que podría explicar por qué la Niña Loly baila con los Wachiturros. Está también el colchón de cumbia villera, a teclado y guitarra, bajo un fraseo hiphopero sin freestyle de “Tu código me falta”: “Te queremos recordar por si olvidaste de repente/que vos sos un descalzao de la clase más urgente,/ que el negrito es tu vecino y el de allá es tu cuñado,/ y el gordito irrespetuoso es un amigo de tu hermano./ Si elegís usar la gorra/ que no te tape los sesos.”
“Tu código…” tiene un relación directa con la actualidad cordobesa, ya sea por la “Marcha de la gorra” que realizan decenas de organizaciones barriales denunciando la persecución policial sobre los pibes pobres o por el amotinamiento y los saqueos de diciembre pasado. Pero no es la única canción de Nenes Bian que se embarra en problemáticas sociales. “La brava” (“El guachín que construyó tu casa, la doñita que crió a tus hijos,/ vos pensás que no son de tu raza,/ vos sólo medís con tu bolsillo”) o la reversión del tema “Princesa”, de Joan Manuel Serrat, que cuenta con la grata participación de la folklorista cordobesa Viviana Pozzebón, son otros dos ricos ejemplos.
—¿El cuarteto cordobés había olvidado hablar de los problemas de los barrios donde se lo escucha?
Juan Manuel Fatala: —Nunca. El cuarteto vive y está tan vigente, justamente, por haber mantenido siempre un pie en la realidad de la ciudad. El cuarteto, como el tango, cuenta las historias de la ciudad y nosotros crecimos al calor de las canciones de La Mona, quien no es más que un simple narrador de la realidad. Con eso, le sobra para ser dueño de la obra más rebelde de la historia de la música popular de Córdoba. La identificación con los sectores populares es inmediata: el cuarteto es la voz de los sin voces. Por eso nos gusta contar historias, las que conocemos, vivimos, nos contaron o sospechamos que deben existir porque, como dicen, la realidad siempre supera a la ficción.
Hay un último elemento que no podía faltar en una banda cordobesa y que Nenes Bian utiliza con elegancia: el humor. “Amor de celular, amor de celular,/ ¿cómo estás bonita? Jajajajaja./ El Chicho volvió pal baile y encontró a la chica allá./ La miraba de reojo, sonrisa que viene, sonrisa que va./ No te vi, pero te escribí. No llamé pero sí chatié”, describen el romance en tiempos de smarthphone en “Amor de celular”. “Decir cosas serias desde el humor te abre puertas. Te da cintura. Pero además en nuestra vida cotidiana somos así. De todas formas, no todos los temas del disco están trabajados desde el humor: “La brava”, “Tu código…”, “Princesa” y “Viaje de ida” no tienen mucho humor. Son más bien ácidos. El humor, el buen humor, es una herramienta clave para sobrevivir en estos tiempos”, explica Pérez.
“Al ritmo nuestro no lo van a sepultar/ porque es muy puro, tiene estilo natural./ Y defendemos con orgullo y mucho amor aquella herencia que mi Córdoba me dio/ y desde entonces late en mi corazón/ y lo percibe una nueva generación”, predica La Mona cada fin de semana. Por su parte, “Cuarteto Natural”, cierre del primer disco de Nenes Bian, reza: “Es hora de confiar en nosotros mismos, en nosotros mismos, en nosotros mismos, oh oh oh”.