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“No transpira”, Rubén Guerrero

GUERRERO_ENTRADA

Una poesía de la “precariedad” que transporta al lector a recorrer geografías de lo infinito desde lo cotidiano y a la inversa./ Por Emmanuel Videla

No hay nada más subjetivo que reseñar un libro de poesía, ejercicio que, a veces, es maldito. Porque al leer poesía la cabeza se dispara hacia infinitos desconocidos: la carga de las palabras pierde su sentido socialmente establecido para caer en una embriaguez de esas que pregonaba el dios Dionisos. En fin, la primera obra del poeta Rubén Guerrero recorre lo infinito desde lo cotidiano y a la inversa, con escritura breve pero concisa.

Tan concisa que con sólo abrir sus páginas uno se topa con unas pocas líneas: “Contra la noche/ Inmensa la distorsión/ lo anónimo”. Esa figura, la noche, que todo lo mezcla y lo confunde es parte de esta poesía. Pero confusión oscura en contraposición a un iluminismo que busca que las palabras estén mesuradamente alojadas en el lugar de la esterilidad. En la noche surge el acto creativo, la poiesis que recorre a todo artista, que es la que recorre la pluma de Guerrero. Acto seguido, un título que no dice poco, que golpea fuerte y que hace transpirar: Soñador: Hoy soñé/ Que tenía un gato/ en las manos. / Que era nublado/ Y baldío.

La capacidad de Guerrero para sintetizar y crear universo es notable. En diálogo con esta agencia, el poeta y también músico define “No transpira” como “una precariedad”. Es “una mirada de adentro hacia afuera, en lo geográfico, pero quizá el yo poético hace el recorrido inverso”, argumenta Guerrero.

Línea a línea, la obra del poeta residente en el partido de Almirante Brown no recorre muchos ambientes exteriores. Todo el libro circula en un adentro –living, habitación, ventanas, balcón– y trabaja con la dimensión que toman los objetos cuando no hay nada más que ellos. Ahí está lo infinito en lo cotidiano. La geografía de Guerrero está en lo cotidiano y desde ahí lo hace infinito. En ese infinito cotidiano no faltan las tensiones entre la soledad y la compañía, entre la juventud y la adultez, la periferia y el centro.

La bella edición estuvo a cargo de Zindo & Gafuri, una editorial de poesía a cargo, entre otros, del licenciado y poeta Mauro Lo Coco. No es poco para Guerrero encontrar su firma en esta editorial, que reúne a poetas del palo independiente, como el mismo Lo Coco o Nicolás Pinkus y que organiza ciclos de poesía con artistas como Roberta Iannamico.

La pluma de Guerrero se caracteriza por ser fraccionaria, además de ser precaria. Escribe desde la adolescencia y, en gran parte, no piensa en clave libro para escribir, ya que esa actitud lo haría transpirar la camiseta. Prefiere escribir per se. Será por ese estado descontracturado que cuando uno encuentra frente a sí esos versos, los siente y los deshace en diferentes planos de interpretación. Algunos de esos versos se reiteran como música en los oídos. El lector los podría contemplar una y otra vez. Gotita de sudor sobre mi espalda por lanzarme a este juicio, pero el poema VI es infinito: “Yo no sé/Quizá la ropa/Lo exterior, me dice. /Pero siempre es manteca al techo/Carne desinteresada. /Nunca me aburro/De la boca/Afuera/De la palabra”.

En definitiva, “No transpira” es algo así como una obra que se suelta a generar universos, nuevas implicancias a través del despojo de esa maldita palabra socialmente establecida, para generar así otro universo, que, quién sabe, para cada lector resultará uno nuevo.