El grupo de Curitiba, Brasil, dio una demostración de su poderío para transmitir energía y ternura con sus canciones, que terminaron desencadenando una fiesta inolvidable que ganó a todo el club.
Por Lola Kuperman
Fotografías: Américo Kutter
Buenos Aires, junio 4 (Agencia NaN-2013).- La energía que tiene A banda mais bonita da cidade en el escenario de La Trastienda destrozaría cualquier decibelímetro. Vale aclarar, también, que el público la recibe y la devuelve en una ida y vuelta casi palpable. Este círculo, por lejos vicioso, se consolida cuando tras un par de temas, la banda decide entregarles la pizza que llega por detrás de bambalinas. Es el último día de mayo y la banda formada por Uyara Torrente (voz), Vinicius Nisi (teclado), Diego Plaça (bajo), Rodrigo Lemos (guitarra) y Luis Bourscheidt (bateria y percusión) se fotografía con algunos fanáticos antes de empezar. Luego, irán llegando el resto de los aficionados a La trastienda hasta llenar el lugar.
La telonera a cargo, Julieta Pugliese, canta unas canciones muy bonitas que sintonizan la frecuencia que se vivirá en las próximas horas: una dulzura que oscila entre la ironía y la introspección. Tras una breve pausa, A banda mais bonita da cidade saluda con un tímido “Boa Noite” y a los treinta segundos de la primera canción, Uyara ya está saltando en el escenario y conquistando, con un desbordante carisma, a todo el público.
El repertorio se centró en el primer y único disco de la banda, que fue producido a través de financiación colectiva. Una vez grabado, fue lanzado para su descarga virtual gratuita en octubre de 2011 en abandamaisbonitadacidade.art.br/odisco. En mayo de ese año, el grupo había saltado del under a la gran escala a través de su videoclip “Oraçao”. Una canción que arrasa con cualquier hit del verano y donde el músico Leo Fressato, invitado asiduo de la banda, recorre una casa antigua en plano secuencia donde va grabando a los integrantes y más amigos cantar. El video ronda las 12 millones de visitas en Youtube y es una receta infalible para lograr una sonrisa (http://www.youtube.com/watch?v=QW0i1U4u0KE).
El escenario que eleva la banda del público funciona como recordatorio que no es una reunión con muchos amigos, porque si no fuera por eso, parecería serlo. Leo Fressato aparece como invitado y una chica excitadísima demanda “Oraçao”, Fressato le contenta que tranquila, que ya va a llegar y la fan se acerca al escenario y se abrazan. Cantan “Não ha nada mais lindo” que cuenta sobre una pareja que se levanta un domingo y creen que no hay nada más lindo que estar juntos, La piel de gallina es colectiva, estos muchachos cantan desde el corazón y es tal la honestidad que manejan que el público los disfruta atónitos.

Luego, sube la cancionista Ana Prada como invitada y cantan con “Uyara”, acompañadas por el guitarrista, una delicada canción en español. En el público se cuelan los integrantes de la banda que se convierten en espectadores, y al final, aplauden con el mismo fervor que el resto. Se llama A banda mais bonita da cidade por un texto de Charles Bukowski, y llamarse así, cuando comenzaron, tocando versiones de otras bandas en pequeños bares, les causaba gracia. Hoy, se nota que han recorrido un largo camino desde sus comienzos en 2009 y que toda su energía está puesta en crear y compartir música.
En el escenario tocan temas que sacuden el cuerpo del público sin dejarles otra opción que bailar. Las luces cambian repentinamente y tocan una balada, hablan de corazones rotos y corazones enamorados. Presentan, también, canciones que formarán parte del próximo LP y aparecen invitados un ukelele y un bandoneón. Las manos de la cantante se mueven con una desenvoltura que hace recordar a las manos de Edith Piaf, el ritmo de los músicos abraza una espontaneidad y naturalidad inmensa. El pianista viste un sombrerito negro que hace recordar a su colega Schroeder de Snoopy mientras que el baterista apela a una cajita musical diminuta para comenzar una canción. La ternura en la que vibra la banda es descomunal.
La noche cierra, al fin, con “Oraçao”; suben al escenario Leo Fressato, Ana Prada y Julieta Pugliese. También, suben dos niños del público que saltan con ellos y todos sonríen tanto que es contagioso. El baterista toma parte de su instrumento cual bombo legüero y baja junto a la vocalista a bailar en medio del público. La canción se prolonga, el bajista ahora toca la batería y todos danzan, arriba y abajo del escenario y ya no importa nada, ni la débil barrera idiomática, ni quién vino a ver a quién, el espectáculo ahora son los cuerpos que se mueven con furia y felicidad.
Todos abrazados se despiden en el escenario, el público quedó tan satisfecho que no puede ni pedir un bis. Se cierra el telón, se prenden las luces y se escucha que una joven treintañera le dice a su amiga: “fue increíble”.