–Fui testigo de discriminaciones, de miradas, de desplantes, pero en cada una de esas situaciones admiré más y más la fuerza que tienen algunas personas para enfrentar sus deseos. Todo fue de una admiración total y de una enseñanza gigante. Después de todo lo que fue para mí DestravArte y Reprogramación siento mucha felicidad de sentirme completamente distinto. Mi intención es que esta pequeña historia que llevamos adelante genere consciencia y abra la puerta en el espectador acerca de este tema. Si el público se olvidara por un segundo de que ahí arriba hay un personaje trans y viera por ese segundo que es una persona con las mismas vicisitudes que cualquier ser humano puede tener, entonces me sentiría satisfecho. Hay mucho más allá de nuestros ojos, de nuestras ventanas y nuestros muros, y seguiré insistiendo con éste mensaje una vez más. Recuerdo muchos ensayos en los que charlamos muy profundamente y en los que agradecí al universo haber podido abrir mi cabeza de esa manera, poder entender nuevos dolores y nuevas alegrías. Hoy soy otra persona. Aprendí que es muy fuerte decidir cambiar de género. Hay que tener grandes agallas para hacerle caso a tu cuerpo y tu psiquis, para cambiarse a uno mismo totalmente. Incluso cuando aún es muy pobre la información que maneja nuestra sociedad al respecto. Todavía se necesita más educación para la inclusión, más educación de sexualidad, de género. Hay muchos prejuicios por derribar. Se puede entender que hayamos sido programados de cierta manera. Pero es nuestra decisión dar el paso, tener la voluntad y las ganas del cambio. Tenemos que reprogramarnos todos.
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31/05/2013Matías Vitali: “Hay mucho más allá de nuestros ojos, de nuestras ventanas y nuestros muros”.-
Convocado por el Festival DestravArte, el joven director creó Reprogramación, una comedia dramática que si bien podría definirse como de temática trans, aborda cuestiones universales. La tristeza, la soledad, los desencuentros, los conflictos familiares son parte de esta obra que el dramaturgo desmenuza desde su proceso creativo hasta su llegada al público, en una entrevista con NAN.
Por Carolina Japas
Fotografía gentileza de M.V.
Buenos Aires, mayo 31 (Agencia NAN-2013).- En los últimos años se ha visto un claro desarrollo de la inclusión social, a nivel mundial, a partir de nuevas políticas que fomentan la igualdad. Sin embargo, queda un largo camino por recorrer. Reconocerse en la mirada del otro puede ser doloroso. Aceptarse uno mismo es necesario. Se debe cambiar la mirada, afrontar el pasado y encarar el porvenir para así poder dar el paso indispensable para generar un cambio total.
El joven director Matías Vitali (25) le cuenta a Agencia NAN el proceso creativo que demandó la obra Reprogramación,estrenada el pasado diciembre en el marco del IV Festival DestravArte, espacio que busca fomentar la inclusión a partir del arte. La obra narra la historia de una madre que espera a su hijo, a quien no ve desde hace años. La cuestión reside en que su hijo ha decidido ser mujer. Transformación que la llevará a enfrentarse con su madre y con su pasado entero.
La pieza, que puede verse los sábados a las 19.30, en El Laberinto del Cíclope (México 1718), plantea una problemática actual, en donde la inserción de chicas y chicos travestis, transgénero y transexuales aparece como una cuenta pendiente.
–¿Cómo nace Reprogramación?
–El año pasado me convocaron para participar en el Festival DestravArte y eso significaba que no iba a escribir una obra desde una preocupación o necesidad mía como suele pasarme. Por el contrario, tenía que buscar adentro mío, indagar en mi mente, respecto a este asunto social para ver qué cosas me interesaban contar del mundo de las chicas y los chicos trans. Lo sentía algo forzado porque tampoco se trataba de escribir por escribir. Alguien había confiado en mí para decir algo interesante, y eso no me dejaba tan tranquilo. Sentía una responsabilidad enorme porque toda cosa que dijese en la obra iba a ser muy analizada y supervisada por las miradas de gente que sabe un montón del tema, como por ejemplo, por la protagonista de la historia, la actriz trans Delfina Bianco. Cuando Delfina la leyó no solo se sintió emocionada sino que yo estaba contando, sin saberlo, la historia de su vida. Encontrar esas coincidencias fue de lo más místico que me tocó transitar en este arte. Fue difícil elegir qué historia contar, hasta que me di cuenta que la historia me pedía ser contada.
–¿Qué dificultades encontraste a la hora de comenzar el proceso creativo?
–La concepción de la obra fue el mayor obstáculo. Pero una vez escrito el texto, todo fue muy armónico. Fue un aprendizaje total. Y por eso no hablaría de obstáculos sino de desafíos. Un desafío muy grande fue que nunca antes había tenido una amiga trans o me había relacionado demasiado con chicas travestis o transexuales. Había estudiado, conversado el tema, había debatido al respecto, pero nunca había tenido la posibilidad de relacionarme cara a cara con una chica trans. Entonces el desafío fue ir hacia la obra con todos mis desconocimientos, todos mis prejuicios y mis miedos. Por suerte, Delfina es una chica con una madurez increíble, que ha sabido ser paciente, responder preguntas, perdonar ignorancias y destruir prejuicios.
–¿Consideras que a través de la obra estás aportando algo en pos de la inclusión?
–Sí hay algo que no quiero con mi teatro es ponerme en el lugar de «la verdad» y decirle a los demás lo que tienen que hacer. Prefiero dejar piezas sueltas y que el público solito arme su rompecabezas. Me di cuenta que con ésta obra no tenía por qué “militar la diversidad”, en el sentido de salir a la calle con pancartas y banderas políticas a gritar una proclama. No me defino como un militante activista político en ese sentido. Sí creo en los pequeños cambios que uno pueda hacer y más desde un ámbito como el teatro y eso es otra forma de militancia. En ese sentido, sí creo que puede uno hacer la diferencia al ofrecerle a una audiencia una historia con la cual identificarse y tomar consciencia de ciertas cosas sin levantar banderas. Hay personas que lo hacen mejor que yo y que tienen conquistados otros lugares. Gracias a muchos militantes, hoy se han conquistado nuevos derechos y promulgado nuevas leyes como la de identidad de género. Pero yo puedo trabajar desde otro frente, de otra manera.
–Generar un cambio desde el arte…
–Me interesa buscar ciertas universalidades, esos grandes monstruos que no podemos vencer. De esta manera conseguí darme cuenta de que no tenía que ponerme a escribir “a pedido” acerca del tema trans. Descubrí que ya tenía en mis propias preocupaciones otras cosas más generales, como la relación de una madre y una hija y sus reacciones frente a cambios importantes. El respeto o no por las decisiones del otro, la incomunicación familiar, la represión de las emociones, la soledad y la tristeza, los encuentros y los desencuentros. Todo eso ya estaba en mí. Todo eso pedía a gritos salir. Usé ese grito para configurar una historia que transcurre en un pueblo de la costa en un tiempo incierto del futuro. El resultado fue una obra que bien podría definirse como de temática trans, y bien podría definirse como de temática universal, fuera del contexto social, porque todos padecemos de soledad, tristeza, y conflictos familiares. Y eso quiero del teatro, descontextualizar. Porque esta no es una historia de héroes y villanos. Todos respondemos a esa dualidad.
–¿Tuvo que enfrentarse ante el prejuicio de “la mirada social”?
