
Por Natalia Iocco
Ariel Caravaggio va con las canciones al hombro. Lleva una libretita en la mochila en la que descansan párrafos desordenados, escritos en jeroglíficos que pretenden ser letras, ilegibles para el común de los mortales. En esas páginas comenzó a gestarse Domingos de feria, su primer disco solista. Allí, cuerdas, saxos, armónicas e historias conviven y encastran en armonía. Para su autor, cada uno de los diez temas podría estar sobre un puesto en Plaza Dorrego o Parque Rivadavia: nostálgicos, únicos y cargados de sentido pasan de mano en mano dejando huella.
Después de su paso por las bandas Orugas y Donde Manda Marinero, el pibe de José C. Paz se largó solo para transmitir sentimientos acumulados. “Tenía apiladas muchas canciones que no lograba sumar al repertorio de mi banda anterior y decidí que era hora de probar suerte con la acústica y la armónica. La compañía de las canciones significa muchas cosas. La banda es parte de las canciones. Y las canciones son las que siempre me acompañaron. Mi idea solista al principio era bancármela solo, con ellas: las canciones.” Pero además de sus temas, a Caravaggio lo acompañan, y lo ayudan a saltar entre blues, folklore y rock, Gama (batería), Bernardo Criscuolo (bajo), Edgardo Segovia (saxo), Hugo Sosa (cajón peruano y bombo legüero), Norman Mac Loughlin (teclado) y Agustina Scelzi (coros). Y para el vivo se suman Pablo Niz (bajo), Raúl Anes (teclado) y Emiliano Arias (guitarra).
Domingos de feria —que se grabó entre abril y agosto de 2014, casi en medio del Mundial, y cuya edición física se consigue en cada recital— es la síntesis de la nostalgia que atraviesa las letras (y a su compositor) y las entrelaza en un todo: “Un día volvía a José C. Paz y el tren se quedó entre San Miguel y el destino final. Ahí se me ocurrió pensar, no sé por qué, en lo mágico de las ferias: un lugar que pasa de estar vacío, de ser una plaza o una calle a convertirse en un mundo. Es como una dimensión paralela que respira al compás de los puesteros, tamaños personajes; del armado de los stands, de los músicos y todos esos objetos que se venden y traen una historia. Por ejemplo, el reloj no es sólo una pieza que mide el tiempo: a alguien perteneció, de algún modo llegó a ese puesto, no muere ni vive pero vio pasar personas, amores, partidas. Se me ocurrió, pensando en todo eso, que cada canción del disco podía ser un objeto en la feria. Y así es: pasaron de ser temas sueltos a integrarse en un planeta que existe sólo cuando se juntan”, cuenta el trovador.
La producción del disco, totalmente a pulmón, estuvo a cargo de Mac Loughlin y fue editado por Minima Discos, una productora independiente que nació en 2005 en Mar del Plata y que se convirtió en un conglomerado de artistas unidos para “atentar contra el circuito rockero actual, proponiendo una nueva estética, nuevos sonidos y nuevas ideas”. Inquieto y ecléctico, Caravaggio presentó su disco el domingo pasado en Rincón Casa Cultural, junto a Nuestro Crimen, grupo ganador del Festival de Bandas Emergentes de Vicente López. La presentación fue además un encuentro solidario: la entrada fue un juguete o alimentos no perecederos para colaborar con la Fundación Aprendiendo a Aprender, de San Miguel, y el comedor Matías Primero Los Niños, de Merlo. No es la primera vez que la ayuda y las bandas se mezclan: usando la música como canal, hace varios años el músico paceño fundó Tu Tiempo Es Hoy, una organización que nació en recitales y juntadas de músicos, cerveza de por medio, y que recolecta donaciones o fondos para dar una mano a instituciones que “aportan su granito de arena para cambiar el mundo”.
* Ariel Caravaggio continuará presentado su primer disco el sábado 20 de diciembre en Pelthom, Gelly y Obes 4910, José C. Paz.