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Bailar el tango, un ejercicio de libertad.-

Desde hace seis años, la iniciativa propone romper los límites utilizados por el género musical según el sexo de cada bailarín. “Buscamos un espacio donde cada uno no está condicionado: por ser mujer, no tenés que ser guiada ni se da por sentado tu identidad”, relata Mariana Docampo, profesora y coordinadora de la milonga.

Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía gentileza Milonga Tango Queer

Buenos Aires, junio 16 (Agencia NAN – 2011).- El típico macho tanguero pierde pista entre los nuevos espacios que buscan romper la fórmula definida por la que la orientación sexual debe presuponer la ocupación de un rol en la danza. Cada movimiento sobre la pista se convierte en un ejercicio cotidiano de la diversidad y libertad. En la Milonga Tango Queer, ser hombre o mujer no define una determinada función en el compás del dos por cuatro. Allí el género juega a cambiar roles: es una propuesta para bailar con quién uno quiere y en rol que desea. Es un tango abierto, que desecha las normas y códigos tradicionales de esta danza, y en la que se busca explorar nuevas formas de comunicación con el otro. En la pista, se baila bajo otros parámetros, en los que interesan las múltiples formas de comunicación y el placer por moverse al ritmo de arrabal. Para algunos, la experiencia se transforma en una interpelación sobre los estereotipos de la sociedad, y lo que se espera de uno por haber nacido hombre o mujer.

Durante los pocos minutos en los que suena una misma canción se instauran entre quienes bailan emociones profundas. A simple vista, puede parecer que se trata de una milonga como cualquiera, pero su rasgo fundamental es la apertura a probar otros modos de relacionarse con las personas. En un salón vestido como domino negro y rojo, parejas con distintas preferencias sexuales se funden en el abrazo tanguero y esbozan sobre las maderas los pasos del 2×4. Allí, no rige la lógica tradicional de la danza: el hombre conduce y la mujer obedece, roles bien definidos, uno activo y otro pasivo. Por el contrario, cada uno elige qué rol quiere ocupar. “Abrimos la posibilidad a hombres y mujeres a que bailen en el rol que quieran. Cualquiera puede guiar o ser guiados. En las parejas heterosexuales, suele haber más resistencia, porque el rol pareciera estar identificado con la persona que lo baila”, cuenta a Agencia NAN Mariana Docampo, organizadora y profesora de la milonga, que el próximo martes cumple seis años.

Sin duda, rompe con las pautas culturales que predominan en nuestra sociedad. Se convierte en una subversión del orden estático, y los mandatos sociales entran en crisis. “Intenté una clase, pero cuando tuve que abrazar a un hombre no pude y me fui diciendo que tenía que trabajar”, cuenta un hombre. Es que en la pista de baile, los roles no están fijos al sexo de quienes lo bailan. Es dinámico: el intercambio de posiciones en la danza permite a las parejas aprender a bailar desde cualquiera de los espacios delimitados culturalmente por el género que deseen o proceder a intercambiar esos lugares dentro de los límites de una misma canción. “Vienen parejas hetero que se animan a explorar y cambiar roles. Buscamos un espacio donde cada uno no está condicionado: por ser mujer, no tenés que ser guiada ni se da por sentado tu identidad”, relata la profesora.

Los cuerpos bajo la luz tenue de la milonga hablan un lenguaje corporal, en que fluye la sensualidad y el erotismo, en un pentagrama de gestos, roces y miradas. Pero esto no se cierra a la atracción del polo hombre-mujer. “Este binomio simplifica notablemente la compleja red erótica que existe entre los individuos –explica Docampo- que, si bien representa a una mayoría identificable en la sociedad, instituye una forma de sentir admitida, condiciona y censura formas de sentir diferentes”. Afuera de ese modelo, quedan las lesbianas, los gays, los bisexuales, los transgéneros e incluso las parejas hetero que pudieran concebir su erotismo de manera distinta.

El tango no es sólo para machos y así lo demuestran las decenas de parejas que llegan a Perú 571 cada martes por la noche, en Buenos Aires Club. Si bien la milonga queer (significa “raro” en inglés y era utilizado de forma peyorativa para referirse a la comunidad gay) todavía genera impacto a los ojos curiosos que llegan a la milonga, aunque los fuertes prejuicios quedaron atrás. “Era terrible al principio, casi no había mujeres que bailen con mujeres. Hoy es distinto”, cuentan ellas.

La danza queer es también una ventana para repensar el rol en el compás de la sociedad. “Haber hecho todo este trabajo dentro del tango me ayudó a reposicionarme y creo que le pasa a mucha gente. No estoy condicionada, tengo la posibilidad de cambiar mi posición subjetiva a lo que hago y con respecto a los demás”, cuenta Docampo. ¿Por qué el hombre tiene que guiar y las mujeres disfrutar siendo guiada? Algunos ni se lo preguntan. Otros, sí.