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La leyenda que regresa

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Bicho Bolita construyó en La Plata un mito estilo Daniel Johnston. La vida lo devolvió a Neuquén, donde aún suenan sus “arpegios complejos, las letras graciosas”. Fotografía: La Ventana Espacio Creativo

Por Ailín Bullentini

Hubo un tiempo en que no existían las fanpage de Facebook, los Bandcamp ni los MySpace. Los músicos brotaban de las casitas de La Plata para construir con melodías mundos nuevos. Cuentan los que la vivieron que hubo un “loco” allí en la capital bonaerense que grababa decenas de canciones en decenas de cassettes. Sólo, en su casa, uno por uno. Y los regalaba a amigos. “Un poco huraño”, lo definen quienes lo idolatran. “Un poco tímido”, prefiere él. De esa esencia nació Bicho Bolita, etiqueta con la que el under de principios de la década pasada conoce a Ricardo Sueldo, quien llega a territorio porteño con su banda, los París Gatitos, a encender una nueva edición del Festipulenta (hoy y mañana en el ZAS, Moreno 2320, desde las 21).

El tipo es neuquino. Allí nació, creció y lo criaron. Allí conoció la guitarra criolla, con quien entabló una simbiosis que sostiene hasta hoy, veinte años después. Tiene una relación particular con ella, de entendimiento casi innato. Como si la guitarra lo hubiese parido, puede fundirse tardes enteras en la composición melódica. Sin parar. “Empecé a tocar la guitarra a los 11 y casi al toque empecé a componer. Me salían mal los temas de Charly, así que empecé a hacer cosas que me quedaran cómodas”, justificó su “estilo libre”. Las melodías surcan su cerebro, circulan por sus venas, como si hablara en negras y corcheas, en clave de sol, también en la de fa.

Su historia de correcaminos y el viento patagónico lo llevaron a La Plata a intentar la vida universitaria, como tantos otros jóvenes del resto del país a los que las diagonales les deben tantas alegrías. Intentó estudiar diseño gráfico. “Soy malísimo estudiando.” La primera vez que tocó al aire libre “frente a un par de personas” fue en Neuquén, en la pérgola del parque central, que ya no existe más. En La Plata, los toques se multiplicaron hasta fundirse en su memoria. El lugar que más recuerda es La Galería. Hubo plazas, casas, fogones improvisados. “Eran lindos momentos”, define. Así también los recuerdan algunos de los que lo escucharon al pasar, en públicos improvisados de noches de cuelgue.

“Recuerdo vagamente que tarde en la madrugada, en fiestas en casas, se armaban mini-peñas alrededor de Bicho Bolita. Tocaba canciones con letras graciosas y complejos arpegios de guitarra española”, cuenta Javier Sisti Ripoll, que canta y compone en 107 Faunos, la banda que cerrará esta noche en el ZAS. Andrés Olgiatti (Antolín, que también integra el line up pulenta de mañana) las recuerda como “complejas, profundas, extremadamente tristes”. La música que el Bicho hace no es parecida al resto. Muchos lo guardan en sus recuerdos como “un mito”.

“Joya, lindo cumplido”, agradece el músico, aunque luego se desmarca: “Tengo la teoría de que toda la música es única e irrepetible; incluso de acuerdo a las circunstancias una canción grabada es distinta a su versión en vivo, porque está la carga emotiva circunstancial”. No le cabe hablar del tema, tal vez porque no sabe cómo. Recordemos: es tímido como un bicho bolita. “Creo bocha en el arte”, cierra. Sus primeros pasos creativos son siempre a través de la melodía: “La posta es que siempre hago la melodía en la guitarra primero. Casi siempre entera, y ahí me pongo a balbucear hasta que se me cae una palabra o dos. Cuando tengo algunas frases les doy forma. Y ahí quedan. No pienso mucho”, concluye. “Le pongo onda y canto, así lo disfruto.”

Estuvo en La Plata tres años y algo, en los que dice que tuvo “mucho ojete” de conocer “gente re piola, muchos músicos y otra clase de artistas”. Integró la primera formación de Sr. Tomate (que cierra la noche de mañana). A la par, componía sin cesar en solitario. “Grababa cassettes enteros con sus canciones y se las regalaba a los que conocía. Volvía a grabarlos uno por uno”, detalla Olgiatti, aún con un dejo de asombro. Por esa época, Reimon (Starship, que también compartirá hoy escenario con sus Venusinos y Bicho) le prestó su estudio casero para grabar su “disco negro”, que arrancó y terminó en una tarde. Al tiempo, volvió a su casa neuquina, aunque el cambio de aire no significó uno de rumbo. Allí siguió con la música: primero formó Bicho Bolita & Los Jugadores Desconocidos. Después vinieron los Gatos y parieron esta tremenda banda. “Me enamora al punto de tatuarme su nombre”, declara. Luego de los discos Una lobotomía frontal (2010) y El universo no se equivoca (2011), Bicho Bolita & París Gatitos estrenó esta semana su nuevo EP, Los reyes de la ansiedad.

La música, para Bicho Bolita, es “muchas cosas, una pasión, algo que me puede, la amo”. Es prolífera su discografía, con incontable cantidad de temas creados. Para Antolín, “Ricardo está dentro de esas dos o tres personas que te modifican la vida, el modo de pensar y de interpretar las cosas, verdaderos maestros y amigos”.