Tres clown invitan a sumergirse en el universo beckettiano para escapar del aburrimiento. La obra despierta la participación de los chicos, que hacen preguntas, cuestionan a gritos y se convierten en un cuarto personaje.
Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía Gentileza de CCC
Buenos Aires, mayo 7 (Agencia NaN 2013).- Tic, tac. La hora comienza a correr. Tan sólo quedan 55 minutos para salir a jugar. Con un montículo de juguetes viejos, tres clowns buscarán escapar del somnoliento aburrimiento y de la tiranía del paso del tiempo. Con buenos aciertos, la obra Bom Bim Bam, de Martín Palladino, invita a los más pequeños a navegar por el universo del dramaturgo Samuel Beckett, donde el absurdo y el humor están a la orden del día para despabilar a los aburridos.
La historia logra atrapar desde el primer minuto a la platea bajita, cuando los clowns Bom y Bim despiertan en escena, para resolver una pregunta: a qué jugar del abanico de opciones que ofrece una montaña de juguetes viejos, entre ellos, teléfonos hechos con latitas, trencitos a vapor, autitos de madera y hasta un balero –como un guiño cómplice hacia los más grandes–. Uno tras otro, los juegos son descartados, nada entretiene del todo, no encuentran sentido alguno; aparece el fastidio y la duda nuevamente: qué hacer entonces. El tiempo no se detiene. Será Bam, la mujer de peluca rojiza, quien desde la cima de esa estatua de objetos, les dará más herramientas, para dar rienda suelta a la diversión.
Los clowns, interpretados por Virginia Kaufmann, Martin Palladino y Federico Salles Gribado, demuestran su talento en cada una de las peripecias que van viviendo, en su escape del aburrimiento. Con dinamismo, el grupo logra despertar la participación de la platea chica, que hace preguntas de pie, cuestiona con gritos y termina por convertirse en otro partícipe vital de hecho teatral. Tanto grandes como chicos encontrarán en la pieza los ingredientes para pasarla bien. Como si se tratará de esos cuentos de Haz tu propia aventura, cada uno de los espectadores se llevará una lectura propia de esa travesura absurda.
Bajo la dirección de Cecilia Miserere, la Compañía Amichis despliega con destreza representaciones escénicas como la mímica y el teatro negro –juego de luces y sombras– para poner vida al juego mismo. Incluso, el cuidado vestuario se convierte en un elemento más para juego teatral. La dinámica del entretenimiento también estará presente en la misma interacción de los actores con el público y en la vida que tomarán las palabras, con la alteración en el orden, la repetición y hasta los diálogos absurdos entre los clowns.
Todo está cuidado al detalle delante de los ojos del espectador. La puesta en escena responde al criterio del conjunto, decir mucho con poco. Un simple banquito de cuatro patas y una pila de juguetes son los disparadores de la acción en medio de la nada misma. La misma montaña de objetos ya representa un juego visual para el ojo curioso y atento que buscará descubrir el significado de esas formas y texturas que se fusionan en forma cono. La música y la combinación de luces acompañan, con buen tino, el correr de la hora, minuto a minuto, para aportar lo necesario para marcar los tiempos y matices de la historia.
Después de desempolvar varios pasatiempos de la infancia, una melodía anuncia que pronto todo concluirá. Entonces, el reloj vuelve a llamarles la atención para recordarles que quedan pocos minutos de entretenimiento. Todo pasa. De repente, los engranajes del juego comienzan a detenerse, los elementos se guardan en la montaña, las luces se van opacando y las agujas marcan el final. Quizás pronto, todo vuelva a iniciar. Quién sabe.
*Bom, Bim, Bam se presenta los sábados y domingos, a las 16 en el Centro Cultural de la Cooperación, avenida Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires.