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Y sin embargo se mueve(n)

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Convocadas por el flamante frente de organizaciones Cultura Unida, unas siete mil personas se movilizaron ayer a la Legislatura porteña para exigir la sanción de una ley que regule los espacios autogestivos y ponga fin a las clausuras compulsivas del gobierno macrista. Aunque el tratamiento quedó postergado para una sesión extraordinaria el próximo jueves, la lucha misma se celebró en la calle. Fotografía: Melina Franco

Por María Daniela Yaccar

No fue lo que se dice un día histórico, en el sentido de que la historia no cambió (todavía: todo parece indicar que cambiará o, lo que es mejor, que está cambiando; y es importante detenerse en quiénes son los que la escriben). Pero cierto es que no fue un día común y corriente. Algo se movió en eso tan difícil de definir que llamamos cultura. Miles de personas gritaron, aplaudieron, bailaron y gozaron la lucha por un cambio que es a su vez artístico y social: que exista una legislación que reconozca la existencia de espacios culturales independientes, autogestivos o alternativos para que —entre otras cosas, aunque ésta es quizá la de mirada urgente— se terminen, por fin, de una vez y para siempre, esas malditas clausuras, a menudo por motivos insólitos, en la culturosísima Ciudad de Buenos Aires.

Soñado era lo que podía pasar, pero lo bueno es que ya no es una utopía y que está cada vez más cerca. Un proyecto de ley para los centros culturales independientes —es decir, un proyecto que da cuenta de que existe un modo independiente y multidisciplinario de hacer cultura— iba a ser aprobado ayer en la Legislatura porteña. Pero no sucedió. La discusión pasó para la semana próxima, continuará en una sesión extraordinaria el jueves 18. Al observador que veía la cosa de afuera le caía mal la noticia de la postergación, pero en las personas (artistas, docentes, estudiantes, gestores y seguramente espectadores) que ocupaban Perú al 100 no había un mínimo gesto de disgusto. Más bien todo lo contrario. Se gritó, se aplaudió, se cantó, hubo abrazos de celebración y un clima dionisíaco, como si la ley hubiera sido aprobada. Había que verle la cara a Claudio Gorenman, referente de Abogados Culturales —una plataforma que asesora a los artistas/militantes del circuito independiente— cuando subió al escenario, completamente extasiado (justo, justo, volvía de lidiar con ese temilla del Teatro del Perro… que iba a reabrir… le iban a levantar la clausura… pero al final no).

Fotografía: Melina Franco
Fotografía: Melina Franco

La consigna fue “La cultura no se clausura” y la marcha fue organizada y promovida por una suerte de frente cultural casi que recién nacido: se llama Cultura Unida y reúne a un buen número de organizaciones ligadas a la cultura autogestiva: Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA), Espacios Escénicos Autónomos (Escena), Asociación Argentina del Teatro Independiente (Artei), Seamos Libres, Roja y Blanca, Potencia Unida por la Cultura, Frente de Artistas Ambulantes Organizados y Abogados Culturales. Cultura Unida tiene solamente un mes de vida; todos los martes sus integrantes vienen reuniéndose en asambleas y en una de ellas votaron que había que hacer una movilización para acompañar el tratamiento de la ley, que había que hacerse oír. Y lo consiguieron, pues la fisonomía de la cuadra (y los bares, y las charlas de los curiosos, y el paso del laburante apurado) se sintió alterada.

Ahora bien, un repaso: MECA viene haciendo visible el tema hace más o menos cuatro años, fundamentalmente con la elaboración de un interesante y completo proyecto de ley que otorga beneficios a los que manejan estos espacios de características peculiares pero que no descuida el delicado tema de la seguridad (aquí se puede leer: www.leymeca.com.ar). Iban a presentar este proyecto por iniciativa popular (juntando 40 mil firmas), aunque finalmente el interbloque del Frente para la Victoria elaboró un texto que respeta aquella primera esencia.

En la casa de las leyes hay cinco documentos pensados para la regulación de los centros culturales independientes, de diferentes espacios políticos (dos del PRO, uno del kirchnerismo, otro de Unen y el último de la Defensoría del Pueblo). Según contaron algunos miembros de Cultura Unida, ciertos representantes del PRO quisieron salirse con la suya. No les bastó con haber clausurado más de sesenta espacios en ocho meses, algunos de los cuales no volvieron a abrir, y entre los que se cuentan peñas, milongas, teatros, centros culturales propiamente dichos, entre otros. Sino que, además, quieren torcer algunos puntos centrales de la búsqueda de MECA y el resto de las organizaciones. Hay que decir que ésta es una batalla cultural con miles de guerreros (ayer, según cifras de la organización, hubo 7 mil personas) y que sentaría un precedente para otras jurisdicciones en las que también las clausuras se suceden (el conurbano bonaerense, por ejemplo).

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Fotografía: gentileza de Cultura Unida

Según explicó a NaN Mariano Viceconte, de MECA y codirector de El Quetzal, son cuatro los puntos con los que Cultura Unida disiente en relación con las intenciones del PRO y las que postergaron el consenso entre los legisladores. El gobierno porteño propuso un texto según el cual no los dejarían trabajar con la habilitación en trámite, no los dejarían valerse de la gastronomía para subsistir, no habría una posición más benévola en cuanto a requisitos edilicios (de accesibilidad) para las entidades sin fines de lucro y, para colmo, ahora no permitirían que los teatros funcionen con la habilitación en trámite. Sobre esto último hay que aclarar otra cosa: Escena, un colectivo integrado por teatristas que laburan a pulmón, consiguió modificaciones legislativas que permiten el funcionamiento de estos espacios con la habilitación en trámite. O sea que… ¿hecha la ley hecha la trampa? “Les estamos pidiendo a los legisladores que no son del PRO que no los dejen votarla. Estar todos acá, agitándola, ayuda. Es una bestialidad lo que estamos haciendo: muestra que tenemos voz”, dijo Gorenman tras una de las tantas ovaciones que se sintieron durante la jornada de ayer, que incluyó un poderoso cierre a cargo de Miss Bolivia. Ofrecieron su arte, además, Yoli Campos, La Urraca, Andy Sakkal y Perota Chingó.

La marcha tuvo una sede estratégica y acompañó el tratamiento de la ley, pero hubo otras cosas que se pusieron sobre la mesa: “Que se capacite a los inspectores responsables de controlar el correcto funcionamiento de nuestros espacios, que se garantice el correcto funcionamiento de distintas líneas de fomento, que se resguarde el derecho a acceder y producir contenidos en la vía pública y el transporte público, que se reinstaure la Unidad de Proyectos Especiales de la AGC (suspendido en 2013) para agilizar los espacios de diálogo y trabajo en conjunto”, fueron algunos de los puntos en común. Las calles se poblaron de malabaristas, músicos, gente con birra o mate en mano, otros que entregaban folletos de obras, recitales, muestras y clases; se destacó la juventud, pero también algunas caras de personas que históricamente persiguieron esta idea. Quizás el año termine con una ley para la cultura independiente, que se sumaría a otras lindas batallas ganadas que dieron los artistas en los últimos tiempos.