
Por Nahuel Ugazio
Especial de Underama para NaN
La noche del viernes se preparaba para la jornada especial de la NaN. Por fin llegaba Hasta Quitarles La Ciudad a los Lagartos, el ciclo que muestra cómo la revista no se queda sólo en el papel sino que también es partícipe activa e interactiva de la escena musical. Mientras la previa se desarrollaba en la parrilla de la esquina, donde las charlas y los encuentros se perdían entre sánguches de bondiola y cervezas de litro, el salón de Zaguán al Sur se iba preparando para la celebración. La feria ultimaba detalles. Libros, películas, discos, fanzines y revistas ya estaban en su lugar, esperando a un público colmado de curiosidad.
En el sector de las muestras, podíamos disfrutar las fotos de Nat Motorizada, que exhibe como nadie el lado más pulenta de la escena. Imágenes descarnadas y salvajes de backstage y performances sobre el escenario, de juntadas post ensayo. Retratos íntimos y crudos desde una mirada simple y cautivante. Los dibujos de Juan Vegetal se situaban justo a su lado, esta vez con una serie de ananás como protagonistas. Obra de un arte pop cercano al descaro de Keith Haring y cierto aire a infantilismo tierno pero a la vez salvaje y punk.

Pero la música en vivo es la joya de cualquier evento. Entonces fue el momento de la primera banda de la noche, el dúo El Orgullo de Mamá. Y qué mejor que ellos para ir calentando el ambiente. A base de su rap noventoso, simpático y efectivo, El Orgullo se llevó el aplauso unánime del público, aún de los que no los conocían. Con las canciones de Campeón mundial, su primer LP, estos chicos no sólo despertaron simpatía sino que mostraron que con sus bases programadas y el uso de la guitarra en algunas de sus canciones pueden sonar fuertes y potentes. Rap pero rockeado, cierto olor a espíritu adolescente noventoso, en el que Babasónicos se confunde con De La Soul y Wu-Tang Clan. Hasta se permitieron bajar del escenario y cantar una completamente a capela, mientras la gente acompañaba al ritmo de las palmas. No hubo tiempo para más, atrás quedo El Orgullo de Mamá, momento de ir por unas birras.
Luego fue el turno de otro dúo, aunque esta vez de características bien distintas. Riel está compuesto por Mora Riel en guitarras y voz, y German Loretti en batería. Dos jóvenes de apariencia pequeña, pero enormes y contundentes. A base de su rock onírico, envuelven al público en un poderoso volumen del que no podés salir ileso. Entre el rock, el garage, el surf y hasta el stoner, los Riel se mueven entre géneros, los mezclan a su antojo y hasta se permiten jugar con ellos, siempre con respeto y armonía. Bajo una impronta vintage, se podría decir que los Riel son tan clásicos como vanguardistas y experimentales. A base de su propuesta efectiva y minimalista, presentaron las canciones de su LP editado en Inglaterra (en la feria de destacaba su bellísimo vinilo) y algunas de su EP. El choque de fuerzas de estos dos chicos en el escenario llega su fin. La calma después de la tormenta y a seguir viaje.

Las Diferencias presentaron las canciones de No termina más, su primer disco, que no es sólo rocanrol y que nos gusta. Sonido setentoso, rulero, riffero e imprevisible. El trío del oeste se muestra cada vez más curtido y contundente. Su presencia en el escenario es tan fuerte e hipnotizadora como su música. Las Diferencias es una banda que se destaca por su claro manejo de los tiempos. No es nomás una banda que enfila para adelante, también sabe cuándo parar, hacer pausas, silencios y lograr manejarlos con gran soltura, siempre a favor de su vuelo y sonoridad.
En medio de este bello caos, El Entorno del Diego, dúo poético integrado por Juan Ignacio Sapia y Federico Ezequiel Ferreira, realizó su performance hiperrealista, un buen respiro y recreo entre el ruido.
Lo de Bestia Bebé fue más salvaje que nunca. Siempre con las canciones de su disco homónimo y debut bajo el brazo, los músicos desplegaron su arsenal de hits e hitos a un público fiel y arengador. Pasaron desde los ya clásicos instantáneos hasta canciones del disco de Tom & El Niño Elefante, como “¡Hasta siempre, amigo!”, uno de los puntos altos del show. Bestia Bebé le canta a los hermosos perdedores, a las cosas pequeñas de la vida, las que realmente importan, y eso se ve reflejado en su público, en el que encuentran una base ideal para enfilar sus canciones. El final, con una salvaje y etílica versión de “No tengo nada”, de Embajada Boliviana. En ese momento, el público tomó por asalto el micrófono, se adueñó de la voz cantante. No podría haber habido un final mejor para semejante evento.
Si hay algo que caracterizo a este HQLC fue la variedad de los artistas invitados. Riel, Bestia, El Orgullo, Las Diferencias, bandas bien distintas entre sí pero que se unen en la misma búsqueda y mirada. Bandas que son un reflejo de lo maravillosa y variada que es la música en esta ciudad. HQLC viene a probar y afirmar aquello que dijo Alfredo Rosso en las páginas de NaN: el rock argentino está pasando por otro de sus momentos de oro. Este es el gran momento en el que podemos ser testigos privilegiados o partícipes directos, hacerlo nosotros mismos o ver en vivo e íntimamente a bandas de gente joven y llena de emociones. Es el momento en el que la idea de rock no se cierra solamente a colgarse una guitarra, sino que se complementa con la literatura, la fotografía, el dibujo, los audiovisuales y demás artes. Porque al fin y al cabo la idea es siempre la misma: ser fieles a sí mismos e ir por todo.