/Archivo

Libros: “Periodicidades de un tiempo loco” (Fabián Mezquita, 2012).-

Desde una mirada militante, se propone un recorrido por  Buenos Aires  y el mundo a través de viñetas. A medio camino entre la ilustración y la historieta, el autor propone partir del amor como integración al mundo.


Por Andrés Valenzuela*

Buenos Aires, abril 17 (Agencia NaN-2013) Hasta el momento, Fabián Mezquita había sido historietista e ilustrador por cuenta de terceros, con libros por encargo o para guiones ajenos. En Periodicidades de un tiempo loco (Llanto de Mudo) sale al ruedo con su primera obra personal integral. Y lo hace con una serie de postales y reflexiones sobre la realidad porteña y mundial, desde una perspectiva militante. Porque Mezquita es un humanista, humanista de Silo, concretamente, como explicita hacia el final del libro.
Técnicamente, Periodicidades… está a medio camino entre la ilustración y la historieta. Historieta “pura” tiene apenas una, un relato de encuentro y soledad(es) en la gran ciudad, muda, pero que marca una idea que recorre las 56 páginas del libro: seres que podrían estar juntos y que viven separados por el sistema que los cobija.
El libro se divide en tres partes claramente diferenciadas. La primera ofrece una serie de postales porteñas (alusión a El hombre que está sólo y espera incluida) que van tanto desde los lugares tradicionales que conforman la imaginería de la ciudad hasta la mirada atribulada sobre los bolsones de pobreza estructural heredados del neoliberalismo y las ineficacias de la actual administración macrista. Acá Mezquita deja el corazón en cada viñeta, y se nota que recorrió calles, plazas y vidas para poder retratar a cada ciudadano anónimo. Son los barrios que ama y una ciudad de la que se siente parte, aunque la sepa hostil.
La segunda parte del libro se dedica a recorrer el mundo. Si en Buenos Aires el modelo estaba tomado del vivo y el directo, en este segmento la referencia es claramente fotográfica, e incluso pueden verse las reinterpretaciones del autor sobre imágenes periodísticas que ilustraron cada catástrofe social de 2008 a la fecha. Además, aquí se aprecia aún más la intervención directa del autor como comentarista de cada imagen/drama social que presenta. Si en la primera parte se escurrían entre los ojos del lector como simples comentarios de un cronista del lápiz suelto en la ciudad, aquí observa y diagnostica problemas comunes del mundo.
Finalmente, Mezquita se deja un lugar para la esperanza. No mucho lugar, hay que decirlo, pues se trata del apartado con menos páginas de todo el libro, pero aquí el autor reconoce el avance –pese a las contradicciones– que significan las búsquedas de nuevos modelos en suelos latinoamericanos. En última instancia, aquí se blanquea la opción militante del libro, cuando explicita sus influencias y propone partir del amor como integración al mundo.