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“Viaje de la ilusión primaria”, J. R. Srur

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El primer libro de Srur despliega un desfile de personajes en los que la problemática por la identidad se manifiesta en el desentendimiento por las reglas del contexto./ Por Juan Ignacio Sapia

Hay, en todos los textos que conforman Viaje de la ilusión primaria, un extrañamiento identitario, pero que a la vez es territorial. Las inquietudes que los personajes tienen sobre sí mismos y sobre su entorno pueden pensarse como una problemática territorial, de fronteras, donde las reglas en las que están insertos son diametralmente opuestas a las suyas. Pensemos, por ejemplo, en Aristóbulo Márquez, un goleador nato que ve frustrada su carrera sólo por no poder acostumbrarse al funcionamiento del offside. O en Eduardo Quevedo, un escritor que una vez famoso, reniega de todo reconocimiento. La sensación de extranjeridad, que también puede ser de desentendimiento o incomprensiónde las reglas dadas, es una variable que se lee permanentemente en Viaje de la ilusión primaria. Esta problemática no es ajena al autor: Srur vivió en Bariloche, en Los Ángeles y en Finlandia.
Sin embargo, esta preocupación cartográfica del autor no aparece sólo en el interior de los textos. La manera en que están distribuidos los cuentos también puede pensarse como una geografía deliberada. Viaje de la ilusión primaria está dividido en tres partes. La primera está compuesta por tres cuentos y una nouvelle, donde Srur muestra su habilidad para narrar lo cotidiano. Con reminiscencias que van desde Dolina hasta Fontanarrosa, esta parte concentra los textos más potentes de todo el libro. La indemnización, por ejemplo, el cuento con el que Srur ganó el premio Nuevo Sudaca Border, es la historia de un desocupado que consigue trabajo y sueldo, pero de manera clandestina, aunque él parezca no saberlo.

En la segunda parte, las tramas se hacen más abstractas: en “El fusilamiento del fantasma”, uno de los cuentos, un condenado a muerte se ejercita mentalmente para el momento de morir. O en Tesis, la historia de un enfermo de cáncer que cuenta su vida a través de una película. Srur aborda el mismo tipo de personajes que la primera parte, pero es más ambiguo, más enigmático en su recorrido narrativo. Además, en esta segunda parte, la extensión de los textos es mucho más acotada.

La última parte es la más enigmática del libro: con textos notablemente más cortos que las dos anteriores, Srur explora un lenguaje etéreo y poético, y corre a un costado la preocupación por los argumentos. Entre el ensayo y el poema en prosa, estos últimos textos mantienen la misma preocupación que los anteriores –sobre todo el que lleva el nombre del libro, una suerte de manifiesto epistolar- pero a partir de una forma y un lenguaje diferentes. Estos últimos textos van cerrando el libro progresivamente, funcionan casi como un fade out literario.

De esta manera, a partir de la organización de sus textos, Srur logra hacer de Viaje de la ilusión primaria una obra interesante, diversa, que comienza de manera potente, y va ganando en abstracción y complejidad a medida que avanza. Y sobre todo, establece una problemática, la pregunta por lo propio y lo extranjero, que, como un andamio temático, estructura los textos en torno a sí misma.