Ahora que la Corte Suprema ratificó la elevación a juicio oral contra los administradores de Taringa! por violar la Ley de Propiedad Intelectual al permitirse descargar de la plataforma «29 obras jurídicas y 12 libros de computación», por lo que enfrentarán un proceso con penas máximas de seis años de prisión, desde NaN decidimos refrescar los conceptos que la organización Derecho a Leer publicó en la Revista NaN #6 sobre las ya frustradas leyes SOPA y PIPA, el último gran intento global de avanzar contra la posibilidad de compartir conocimiento.
Por Derecho a Leer (derechoaleer.org)
Imagen Gentileza de Derecho a Leer
Buenos Aires, agosto 21 (Agencia NaN – 2013).-SOPA y PIPA son dos leyes que el Congreso de Estados Unidos trató durante los últimos meses. SOPA significa “Stop Online Piracy Act” y PIPA “Protect Intellectual Property Act”. Como indican sus nombres persiguen el loable objetivo de “combatir la piratería” en Internet. La estrategia es transformar en complicidad total cualquier nexo con actividades infractoras: quienes enlazan, indexan, alojan y hasta direccionan un dominio quedan automáticamente involucrados con el delito. Alcanza sólo con una denuncia para desencadenar el proceso. Dado que gran parte de la infraestructura de Internet y los servicios que usamos habitualmente están en jurisdicción estadounidense, de aprobarse SOPA o PIPA el efecto sería global. Quien domina denomina. Quien denomina domina. No es un juego de palabras. La palabra “piratería” naturaliza ideas equivocadas: que acceder a una obra sin pagar es un delito grave o que “copiar es lo mismo que robar”. Sin embargo, es una perspectiva tendenciosa. La práctica de acceder libremente a las obras es tan antigua como la existencia de las bibliotecas. Y a diferencia del robo, la copia no desposee al copiado. Como la llama, pasa de vela en vela sin que ninguna se apague cuando se enciende la otra. Piratería es asaltar barcos, no copiar archivos.
El copyright es una idea relativamente reciente que ha servido para dar fundamento al modelo de distribución cultural desde Gutenberg en adelante. Pero en el siglo XXI, las máquinas de copiar y el sistema de distribución –antes costosos recursos sólo posibles dentro de la escala industrial– son dispositivos de orden doméstico, baratos y personales. Por tanto, la abundancia de copias y la consiguiente facilidad para acceder al conocimiento y la cultura son, paradójicamente, “el problema”. Tanto Hollywood como las discográficas y las editoriales perseveran en la utópica idea de retroceder en el tiempo y hacer nuevamente escasas las copias para mantener sin cambios su esquema comercial. SOPA y PIPA son exponentes extremos de esa idea, donde la represión legal estatal es el motor de la escasez. El primer daño colateral de esta avanzada se parece a una Internet imaginada por Orwell. Si las copias ilegales viajan por las redes que la gente utiliza para comunicarse, expresarse y compartir, no queda otro remedio para reprimir el delito que implementar un monstruoso sistema de vigilancia en pos controlar toda la información que circule. Ante la primera sospecha de que un enlace en un simple comentario amenace su proyecto, cualquier administrador de un servicio web no dudará en dar de baja un “post”, “tweet”, resultado de búsqueda o la cuenta completa del usuario. En el medio, miles de usuarios quedan censurados y vigilados “por las dudas”.
Si en algún lugar del poder las redes incomodan por su potencial de empoderamiento popular, la “piratería” es la excusa perfecta para avanzar sobre la privacidad, la libertad de expresión o las garantías de juicio justo. Las corporaciones por el negocio, el estado por la vigilancia: una alianza muy peligrosa. En el medio, las comunidades online, en particular las colaborativas (y los sitios y tecnologías a su servicio) son quienes saldrán más perjudicados por SOPA o PIPA. El 18 de enero, el histórico “apagón” de Internet, cuyo protagonista más notable fue la enciclopedia mas consultada del mundo, Wikipedia, detuvo, por ahora, el avance de estas leyes. Para muchos el suceso ha servido para entender la magnitud de la amenaza: Internet, tal como la conocemos, puede tener los días contados.
*El artículo integra la edición número 6 de Revista NaN, correspondiente a los meses de marzo y abril de 2012. Se trata de una publicación producida por el mismo colectivo de periodistas, fotógrafos y diseñadores que sostiene esta agencia.
