
Por Malena Baños Pozzati
Bill Murray asiste a Michael Jordan en un equipo de básquet por lo demás compuesto por personajes del universo animado de Warner en Space Jam. Sylvester Stallone y Michael Kane se juegan la libertad en una cárcel nazi mediante un desafío futbolero en Victory. Un pueblo entero ayudado por jugadores de metegol apuesta su futuro en un picadito en la última película de Juan José Campanella. No es la primera vez que el destino de toda la humanidad, o de una pequeña parte de ella, se define en una cancha. El quid de la cuestión está en que, tanto para el cineasta Demian Rugna como para ley de propiedad intelectual, hay una gran diferencia entre una idea y un contenido. La idea es el disparador; el contenido, la articulación comunicacional, pensada y cristalizada en un proyecto. Es en esta segunda instancia en la que se puede empezar a hablar de plagio. Por eso, el día que Rugna vio unas de las últimas publicidades que lanzaba la empresa Samsung en todo el mundo intuyó que algo andaba mal. “A principios de 2011, registré un contenido que consistía en una idea de ficción transmedia, es decir contada a través de diferentes plataformas. Narraba la historia de una invasión extraterrestre que se bate a duelo con la humanidad a través de un partido de fútbol”, sintetiza el codirector de ¡Malditos sean!, película que fue punta de lanza de la nueva oleada de género fantástico argento.
Las similitudes entre su proyecto titulado El Megadesafío y la flamante campaña mundialista de la multinacional coreana no terminaban ahí. “La empresa me sacó un montón de contenido, la forma de lanzarlo, cómo se van sucediendo los acontecimientos… Si bien todo está adaptado a la coyuntura tecnológica de Samsung, el contenido madre es el mismo”, apunta. En ese modo de desarrollar la historia, de enlazar diferentes plataformas mediáticas para tejer la trama de la invasión alienígena y el partido de fútbol que lo define todo, está el punto que disparó una infructuosa mediación judicial entre Rugna y Samsung en diciembre y, finalmente, la demanda formal presentada el lunes pasado.
¿Puede haberse tratado todo de una enorme y cruel casualidad? ¿Es posible que dos creativos publicitarios en diferentes lugares del mundo hayan pensado dos proyectos transmedia de género fantástico tan sospechosamente parecidos? Rugna plantea, escéptico, esa misma pregunta en un video de YouTube en el que desarrolla un paralelismo pormenorizado y contundente entre su proyecto inicial y la campaña que tiene a Lio Messi como uno de sus protagonistas. En este punto, Rugna pide lo mismo que le exigió a los ejecutivos de la compañía electrónica a fines del año pasado: que muestren cuál fue la agencia encargada de llevar adelante el proyecto, quién registró el contenido y en qué país. Sin embargo, la multinacional se negó sistemáticamente a facilitar esa información durante dos meses. La demanda ahora sigue su curso.
Rugna intenta recrear en su cabeza el camino que podría haber hecho su proyecto desde el escritorio de su casa en Haedo hasta las locaciones hollywoodenses en las que fueron filmadas las escenas de la superproducción publicitaria: “Era el proyecto que más quería y cuidaba. Lo fui moviendo con empresarios y productores de la Argentina y el exterior pero ninguno se animó a hacerlo. Entiendo que alguien filtró mi contenido, se lo llevaron a un agente de marketing y más tarde llegó a Samsung”. De hecho, entre todas las variantes que el cineasta le había dado a su proyecto en función de la empresa a la que se lo presentaba, habría habido una versión pensada para Samsung, específicamente para la publicidad del nuevo celular Galaxy III.
La puja ante la que ahora se encuentra Rugna nada tiene que envidiarle al partido que se preparan a jugar la Pulga, Ronaldo y Rooney en la ficción. “Va a ser un camino muy largo ya que una vez agotadas las instancias locales, esto va a pasar al plano internacional”, advierte el realizador. Su enfrentamiento contra la mega empresa recién comienza y el fantasma de otras disputas legales entre argentinos y gigantes del exterior no le son ajenas. El “caso Cybersix” es el más ilustrativo: el guionista Carlos Trillo y el dibujante Carlos Meglia nunca pudieron llegar a la última instancia en la demanda presentada contra nada menos que el director James Cameron, el canal Fox y la serie de televisión Dark Angel, que tendría innumerables puntos en común con el cómic que Trillo y Meglia publicaron en los ‘90. El juicio quedó en la nada no por falta de argumentos sino por limitaciones presupuestarias que les impidieron a los historietistas cubrir los gastos de un juicio en Los Ángeles.
Para Rugna no será tarea fácil, pero no se da por vencido y mucho menos abandona su proyecto original. “Va a seguir a pesar de todo. Estoy full time tratando de terminar el portal Death Command, que iba a ser una etapa de El Megadesafío antes de que ocurra lo del plagio. Esto me apuró un poco los tiempos”, se ríe, consciente de que el nombre de su proyecto tomó una dimensión mayor, casi irónica. Cósmica. No porque del otro lado haya una raza extraterrestre de tecnología superior a la humana sino porque se trata de la empresa que está en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero. La silenciosa invasión arrancó hace rato. La pitada inicial de este partido, también.