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Schatzi, morir con la mano en el corazón No Avestruz.-

Mediante escenas, tanto cómicas como dramáticas, esta obra se interroga sobre el amor. La pieza avanza a través de coreografías, dejando a la palabra en un segundo plano.

Por Lola Kuperman
Fotografía gentileza de Schatzi, morir con la mano en el corazón.

Buenos Aires, julio 9 (Agencia NAN-2013).-Schatzi en alemán significa “amorcito”, lo advierte la entrada de la obra que se titula con el mismo nombre y uno de los personajes, anónimos como los otros siete que lo acompañan, traza sobre su piel el recorrido de sus arterias con un labial rojo vivo, hasta llegar al corazón, donde para. La liviandad con la que los actores cambian de identidad sólo demuestra que el único protagonista posible de esta obra es el corazón. Schatzi, morir con la mano en el corazón, no es convencional ni arquetípica. Las escenas, tanto cómicas como dramáticas, se entrelazan con pequeños números coreográficos, bailes automáticos y sentidos, con una frecuencia que oscila entre la taquicardia y unos latidos escasos, aislados. El espectador que busque un principio, desenlace y final saldrá decepcionado. Schatzi ofrece un amplio espectro de los caprichos del amor, las injusticias que levitan a su alrededor, los abrazos y besos que vienen incluidos, la preocupante ceguera que provoca y cómo hace el ser humano para llevar adelante todas estas variables, aunque tenga que morir en el intento.

                                                                    

La propuesta teatral nace del Laboratorio Escénico de Rítmica Viena y es su primera puesta en escena. “Mi media naranja estaba podrida”, señala una de ellas, poco importa cual y expone uno de los tantos interrogantes que plantean las cuatro mujeres y los cuatro hombres en escena: ¿Qué es el amor? ¿Es temporal? ¿Es superfluo? ¿Es real? ¿Qué relación tiene con el sexo? (si la tiene).

La ropa interior en negro, el desvestirse y vestirse, el disfrazarse, el jugar con el cuerpo propio y ajeno, el mirarse a sí mismo y verse a sí mismo en la mirada del otro serán la impronta de la obra. Los cuerpos de Ignacio Del Vecchio Ramos, Daniela Echarte, Montserrat Godia, Ana Manterola, Darío Pian, Esteban Real, Candelaria Solmesky y Damián Travaglia corretean alrededor de un escenario con escasa escenografía. Serán sus brazos, piernas y torsos los elementos escénicos más importantes al convertirse en animales u objetos. La palabra muchas veces pasará a un segundo plano y será, quizás, esa la razón por la cual una parte importante de la obra es hablada en inglés.

“Todos estamos en una constante búsqueda”, señalan y revelan la bipolaridad del asunto. De escenas delirantes con monólogos de tinte catártico que roban carcajadas al público, dos mujeres se jactan de ser victimas de violencia de género. Una le cuenta a su amiga en español y la otra le responde en inglés, se ríen histéricas de cómo son golpeadas y ya nadie ríe en el público. Es madrugada de viernes y las inquietudes se empiezan a sembrar en la cabeza de los espectadores. La interpelación ya había comenzado al entrar a la sala, con los ocho personajes en el escenario, casi estáticos, enfrentados al público.

Entre las escenas que parecen haber nacido de una improvisación y luego fueron exhaustivamente ensayadas, se repite una coreografía primitiva, sintética, rítmica. Los personajes se desenvuelven cada uno a su frecuencia, descoordinados en su soledad y orquestados en conjunto. La danza en la obra se somete, al igual que los personajes, al único hilo conductor posible: la irracionalidad del corazón.

En Schatzi, morir con la mano en el corazón, andan descalzos por el escenario,  a uno le asfixia la polera, otra está en corpiño y bombacha y una tercera se cambia de espaldas al público. El sexo apabulla al pudor y las luces tenues junto a una canción de Gilda dejan al espectador aún más expectante de lo que entró. Las manos, el corazón y el schatzi,  son los verdaderos pilares que imponen el ritmo de la obra y salpican al espectador de la ternura y locura de la que están hechos.

*Schatzi, morir con la mano en el corazón, se presenta los viernes a las 00.15 en No Avestruz, Humboldt 1857, Ciudad de Buenos Aires.