En 17 cuentos sólidamente construidos se hilvanan universos envueltos en una atmósfera amenazante, en la que conviven la violencia, los temores, la sexualidad.
Por Esteban Vera
Buenos Aires, octubre 1 (Agencia NAN-2012).- El sistema del silencio (17 Grises Editora), de Valeria Tentoni (Bahía Blanca, 1985), es uno de los libros de cuentos de escritores jóvenes más interesantes que se publicaron en el último tiempo. Son relatos breves, inequívocamente, realistas, sin guiños autorreferenciales (obvios), tan abundantes en la literatura contemporánea actual, sobre todo de autores sub-40. Sus personajes son atractivos y adquieren un espesor a partir de las frases que pronuncian y situaciones que viven. Hay un predominio de la frase corta, con un léxico variado y con giros coloquiales que no desentonan. Y aunque no es un libro novedoso (hay un parentesco con Clarice Lispector) es claro que Tentoni escribió un libro ameno. Es decir, hay una escritura clásica, con cierta complejidad, y algunos comentarios agudos. Esos son méritos, pero tiene un leve defecto: unos pocos cuentos de más, nada significativo en un libro de diecisiete relatos, que van de la primera a la tercera persona.
“Ángela estudiaba ingeniería y se ataba el pelo con una cola de caballo tirante, que hacía parecer su frente una barricada. Algo que, verdaderamente, parecía ser: tenía ciertas ideas bien pergeñadas por sus padres e impresas como estacas de Boy Scouts fanáticos”, describe, con la precisión de un cirujano a una joven conservadora en “Rojo sobre blanco”, cuento, con una dosis de erotismo, que narra una historia de paz armada bajo un mismo techo entre una joven católica practicante y otra, libre de valores conservadores. “El odio puede ser también una forma de terror”, dice la narradora.
La sexualidad, a nivel erótico, también atraviesa los cuentos “Clases de canto”, que narra manoseos anónimos, respiraciones en la nuca, roces indeseados, protagonizados por un perturbadito operario que viaja en subte; “Cuchillas”, narrado en primera persona por un tímido muchacho aún en el closet, que cuenta sus peripecias en un natatorio.
En otros cuentos, como “El sistema del silencio”, prevalece la violencia, aún más explícita que en “Rojo sobre blanco”: un pequeño es víctima de su abuelo, casi tan sádico como el celador Gielty, de “Un oscuro día de justicia” (Rodolfo Walsh). Pero a diferencia del relato de Walsh el malo no teme a un héroe (hay un tío, también) o al pueblo. El chico, de nombre Julián, vive inmóvil y con la premisa de “clausurar la garganta como un cierre relámpago”.
Tentoni –autora de los poemarios Batalla sonara (2010) y Ajuar (2011)–también pone el acento en las tramas familiares en “La culebrilla” (el primero del índice). La anécdota es: una tía debe cuidar a su sobrino mientras se hunde su familia. Nada de familias idílicas ni de seguir preceptos heredados. “No, nunca, eso nunca, traer hijos al mundo. Cosas para mujeres que aprendieron que los bichitos de luz no queman.” En este cuento, la sexualidad también es otros elementos de la historia.
En “Los ñatos”, uno de los mejores de libro, también sobrevuela el fantasma de la violencia: ahora en formato bullying en una escuela técnica, hasta la aparición de una chica “bastante fea”, pero con tetas. “Se terminó la guerrilla por un rato”, evoca el narrador.
En fin, El sistema del silencio es un libro de cuentos, construido sólidamente, atravesado temores, violencia, sexualidad y ambientes amenazantes.