Sin abandonar los tambores, uno de los directores de La Bomba de Tiempo descubre en su segundo disco solista una cara poco explorada de la percusión y demuestra que el ritmo no es solo fiesta y baile.
Por Sergio Sánchez
Buenos Aires, septiembre 3 (Agencia NAN-2012).- En su segundo disco solista, Andy Inchausti demuestra que la música cuyo centro es la percusión también puede cuidar la melodía y sambullirse de lleno en el cancionismo. Es que el percusionista se pone al frente de la composición y los arreglos de 11 bellas canciones que destilan nostalgia y luminosidad. Inchausti, uno de los directores de La Bomba de Tiempo, sostiene la intención artística de su primer disco como solista: un universo sonoro que le escapa al exceso de golpes y que se acerca, track a track, a la canción con lírica y melodía. Sin embargo, los parches y los metales son elementos fundamentales en su música.
Escoltado por Jesús Fernández en teclados, Martín Lambert en batería, Martín Longoni en bajo y contrabajo y Lucio Balduini en guitarras (eléctricas y acústicas), Inchausti pone espcial acento en la orquestación y la delicadeza vocal. En esa búsqueda, los coros y las voces de la invitada Shira Michan le aportan el tono justo a las canciones. En “Desde”, Michan e Inchauti se funden en un erótico diálogo poético: “Desde que venías de lejos / vengo mirando esos pechos / Parezco un niño en la cuna de tu hermosura”, cantan a dúo.
Lúmino, tal vez, se sumerge en una cara no tan explorada de la percusión; aquella que deja la festividad en segundo lugar (aunque haya temas que aceleran el ritmo, como el instrumental “Calimba”) y le da prioridad a la introspección y a los mundos internos. Sin embargo, no se trata de un trabajo solemne u oscuro. En piezas como “Alegro”, Inchausti -que a lo largo del disco hace sonar tambores, chapas, semillas, mbiras, calimbas y vibrafonos- da cuenta de sus saberes en el lenguaje de la percusión. En tanto, cuando la guitarra lleva la melodía, como en “Flor negra”, el músico se refugia en su agudeza vocal y demuestra que lo suyo también puede ser el canto.
Los músicos de su banda, bautizada Los Monstruos, le suman a las canciones elementos del jazz y la música popular. Pero, por supuesto, la impronta afro atraviesa todas las composiciones. Es valioso el aporte que hace otro de los invitados, Ezequiel Finger, quien hace sonar el vibráfono en “Alegro”, “Coral” y “Flor negra”. Finger, un experto en materia de percusión, también se ocupó de los arreglos. En síntesis, Inchausti entrega un disco de canciones para detenerse a escuchar -en su sentido amplio- y ampliar el abanico musical. La percusión no es sólo fiesta y baile.
