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“El alimento hace bien”, de Bosques

BOSQUES_ENTRADA
El EP que adelanta el segundo disco de la banda se aleja kilómetros de distancia del rock independiente inmediato. Tres temas, 20 minutos, exploración y poesía.       .

Por Eric Olsen

Unas pinceladas fosforescentes circulan agresivamente el arte de tapa. Detrás, un grupo de aborígenes contempla a los jóvenes de la tribu en un ritual de iniciación, un avance en la madurez espiritual. Los participantes están ahí, rostros pintados, gestos estáticos, capturados por una cámara en pleno aire. Bosques se prepara para su propio ritual de evolución atemporal con El alimento hace bien (Pleroma Discos), EP adelanto de su próximo disco, El centro del vacío.

Desde la primera canción, la música de Bosques se aleja kilómetros de distancia del rock inmediato que comienza a saturar la escena independiente nacional. Un órgano se introduce y plantea el silencio para que el bajo y los tambores lo rompan y se mantengan anticlimáticos durante ocho minutos. La letra de “El alimento hace bien” puede llegar a ser la más poética que hayan escrito, abandonando el discurso existencialista de líricas anteriores y entregándose a confesiones más personales. No alcanzan proposiciones o retratos fijos, prefieren explorar y encerrarse en su propia poesía. El hecho de que Juan Cruz del Cerro ya no le esté cantando a una civilización ni a una sociedad sino que esté cantando desde su propio mundo nos muestra un lado mucho más humano de Bosques.

El segundo tema es una reversión instrumental de “Eomaia”, de su disco anterior, EomaiaNam (2012). La batería de Andrés Bonetto se sitúa en un limbo entre cansado e insaciable y las cuerdas se permiten acompañar más persistentes que en la versión original, envolviendo los minutos en una espesa nube de efectos sin textura pero con una presencia inminente. La larga duración y el amague crescendo (de ésta y de todas las canciones del EP) permiten una experimentación mucho más libre para Marcos Díaz, quien usa su guitarra más como si fuera un teclado detallista que un instrumento protagónico. Esta falta de dirección nítida da la sensación constante de estar flotando en un sueño atrapante, cada momento repite patrones del anterior, pero se hace casi imposible distinguirlos.

La temporalidad como concepto, protagonista del disco, termina de explicitarse en la última canción, “Tomate el tiempo”, reinterpretación de “Take your time”, de Spiritualized. Este tema probablemente está destinado a aparecer en el homenaje latinoamericano a Jason Pierce y Peter Kember que está por editar Pleroma. El dúo es una de las influencias más notables de la banda desde sus principios y el cover se mantiene bastante fiel al original, arrastrando un poco más el tempo para que las letras traducidas puedan caer más suaves en el fraseo. La manera en la que la banda logró tomar una gran pieza de la obra cuasi sinfónica que es el disco LazerGuidedMelodies de Spiritualized, y no sólo no hacerla sentir fuera de lugar sino incorporarla para culminar el micro conceptualismo que envuelve su propio EP, es evidencia de que Bosques ya dejó de abusar de sus influencias para comenzar a hacer una propia.