Ilustración: Valeria Reynoso
DESDE RÍO DE JANEIRO. ESPECIAL PARA NAN
Río de Janeiro sufre. A menos de un mes del inicio de los XXXI Juegos Olímpicos de Verano, que paradójicamente se llevarán a cabo en invierno, del 5 al 21 de agosto —el fútbol comenzará el 3, antes de la inauguración—, la organización se faja día a día contra propios y extraños para terminar las obras a tiempo y poder albergar, por primera vez en América del Sur, al evento deportivo más importante del mundo.
Más de 10 mil atletas representarán a 206 Comités Olímpicos Nacionales durante casi tres semanas; 33 escenarios diferentes, ubicados a lo largo y a lo ancho de la Cidade Maravilhosa, recibirán la lucha por las medallas y el honor; cinco ciudades que fueron sede en el Mundial de 2014 —Belo Horizonte, Brasilia, São Paulo, Manaos y Salvador— prestarán sus estadios para el fútbol y la señal SportTV, del multimedio Globo, ofrecerá 16 canales de TV y 40 en Internet para cubrir por completo la competencia.
¿Tudo bem? Más o menos…
Es muy distinta la realidad actual del quinto país más poblado del mundo con respecto a la de octubre de 2009, cuando el Comité Olímpico Internacional (COI), reunido en Copenhague, Dinamarca, designó la sede. La crisis económica brasileña —se vive la mayor recesión en 80 años, con inflación y desocupación que alcanzan los dos dígitos— obligó al gobernador interino del Estado de Río de Janeiro, Francisco Dornelles —Partido Progresista (PP)— a declarar por decreto “estado de calamidad pública” para poder financiar los Juegos.
En el diario oficial se publicó que tal decreto permite a los funcionarios «adoptar las medidas excepcionales necesarias para la racionalización de todos los servicios públicos con vistas a la realización de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos Río 2016″.
“No creo que todo vaya a salir bien. Brasil se convirtió en un lugar sin ley, sin respeto, sin moral. El país está atravesando un pésimo momento. Las personas están cada vez más divididas y llenas de odio. Mi única esperanza es que después de la tormenta, venga la calma. Pero todo puede suceder, ya me fui a dormir con un presidente y me desperté con otro”, cuenta preocupada Camila Rodrigues, estudiante paulista que vive en el interior de Río.
La situación política es tan grave que Brasil podría tener un presidente para los Juegos Olímpicos y otro distinto en los Paralímpicos, que de disputarán del 7 al 18 de septiembre.
La mala gestión de la presidenta Dilma Rousseff —Partido de los Trabajadores (PT)—, principalmente durante su segundo mandato, fue la excusa que encontró la oposición para desplazarla, de manera poco democrática, por su vicepresidente Michel Temer (PMDB), presidente interino desde el 12 de mayo hasta que se resuelva el juicio político o impeachment. Lo curioso es que ambos, Dilma y Temer, estarán en la gala de apertura de los JJOO.
No hay pruebas que vinculen a Rousseff con el escandaloso caso de corrupción de Petrobras —Lava Jato— que se hizo público en 2014 y en el que la Policía Federal cree que se movieron más de 10 mil millones de reales, en lo que sería el mayor caso de lavado de dinero en la historia de Brasil. Sin embargo, la magnitud de la investigación hirió, algunos creen que de muerte, al PT y a su líder, Luiz Inácio Lula da Silva —antecesor de Dilma y presidente entre 2003 y 2011—.

Así, en un clima desfavorable para el Gobierno, con el pueblo dividido por completo, e increíblemente orquestado por Eduardo Cunha (PMDB), quien sí está investigado en la causa de lavado de dinero, tanto el Congreso como el Senado llevaron adelante el proceso contra Rousseff, acusándola de maquillar el déficit presupuestal, algo que, según los expertos, hacen todos los presidentes.
La votación, se sabe, fue totalmente desfavorable para Dilma —el PT perdió a casi todos sus aliados en ambas cámaras— y aquí se vivieron días de incertidumbre. Quienes perdieron el poder acusaron de golpistas a Temer, a Cunha y al aparato que los rodea. Manifestantes tomaron escuelas y ministerios en todo Brasil y la crisis no hizo más que agravarse. El 26 de agosto, con la fiesta de los Juegos ya finalizada, será la votación en el Senado que determine si Dilma efectivamente continuará fuera de su cargo.
En Río, el Palacio Gustavo Capanema, sede del Ministerio de Cultura y de la Fundación Nacional de Arte, lleva casi dos meses ocupado y se convirtió en el símbolo de la resistencia. Shows diversos y gratuitos se realizan a diario y se difunden a través de las redes sociales con las consigas #ForaTemer, #OcupaMinCRJ o #OcupaTudo. Hasta Caetano Veloso, quizás el artista más importante del país, se presentó a fines de mayo para dar su apoyo a la causa.
Para Fernando Bernardo, comunicador y publicista que llegó hasta el Ministerio para uno de los espectáculos, “el PT gobernó demasiado tiempo”, aunque entiende que “no hay pruebas necesarias para apartar a la presidenta” y que, por eso, “el proceso es ilegal”.
Con este panorama, a pocos les importa que el Maracaná esté cerrado por las obras —en 2016 solo se abrió para un recital de Coldplay y para las finales del Campeonato Carioca que ganó Vasco da Gama—, que Brasil se haya quedado afuera en la primera ronda de la Copa América o que el invierno haya sido extremo, con récord de frío.
Se percibe un clima de desconfianza, con acusaciones cruzadas y alarmas de todos los colores. Los medios exageran, los políticos no cumplen sus promesas y los ciudadanos aprovechan las luces para reclamar, tal cual sucedió antes del Mundial de fútbol de 2014. En ese sentido, Andrei Rodrigues, Secretario Extraordinario de Seguridad para Grandes Eventos, le dijo al diario La Nación que «la libertad de expresión y manifestación estará garantizada”, pero que “no se tolerará violencia o vandalismo”.
Ochenta y cinco mil efectivos, de los cuales la mitad son militares y el resto policías, agentes de inteligencia, miembros de la Fuerza Nacional, bomberos e integrantes de Defensa Civil, estarán afectados al operativo de seguridad de los Juegos.
¿Siempre hay motivos para poner más policías en la calle? Eso parece. Desde el aumento del número de homicidios respecto a 2015 hasta una “preocupación mundial con el terrorismo”, según las palabras del Ministro de Justicia, Alexandre de Moraes; pasando por el descontento de un grupo de oficiales, que en protesta por mejoras salariales y estructurales en la Policía estadual, se presentaron en el Aeropuerto Internacional con un cartel que rezaba: “Bienvenidos al infierno”.

Con respecto a las obras, se estima que los únicos inconvenientes podrían darse en los servicios de transporte público ya que por falta de fondos los trabajos se demoraron más de lo esperado. Los estadios, en cambio, se entregaron a tiempo en cada una de las sedes: Barra de Tijuca, Deodoro, Copacabana, Maracaná y Olímpico.
Para contrarrestar problemas relacionados con el tránsito, el alcalde Paes modificó el calendario escolar y corrió las vacaciones de invierno para agosto. Además, se están terminando cuatro líneas de Metrobus y se espera que el 1° de agosto se inaugure una línea de subte que unirá Ipanema con Barra de Tijuca, donde está ubicada la Villa Olímpica. La misma será exclusiva para atletas, acreditados y aficionados con ingresos a los eventos.
Además, se están habilitando, contrarreloj, nuevas líneas de tranvías eléctricos en el centro de la ciudad, aunque no todas las estaciones programadas serán terminadas a tiempo. El tranvía, en su primer día de funcionamiento, se paralizó por falta de energía eléctrica y obligó a los usuarios a caminar por las vías.
Las repercusiones ante cada falla del sistema de transporte son mayores desde que en abril se desplomó la ciclovía Tim Maia —inaugurada en febrero— y causó la muerte de dos personas. Meses más tarde, con 14 personas acusadas de homicidio culposo, el Gobierno y la Justicia debaten sobre la reconstrucción de la vía de cara a los Juegos.
Por su parte, en Copacabana, las obras se vieron perjudicadas por las inclemencias del clima. El invierno pegó duro y la marea complicó a la Arena de Voleibol de Playa, montada en el Posto 2 de la famosa playa carioca. Además, tanto la Bahía de Guanabara, donde competirá la Vela, y la Lagoa de Ipanema —Remo y Canotaje—, siguen contaminadas, por lo que no se han cumplido con los prometidos trabajos de limpieza.
Otra preocupación latente, desde hace meses, es el riesgo de contraer enfermedades como dengue o zika, transmitidas por el mosquito Aedes Aegypti. Tres de los cuatro mejores golfistas del mundo –Jason Day (Australia), Dustin Johnson (Estados Unidos) y Rory McIlroy (Irlanda del Norte)— anunciaron que no estarán en Río, pese a que su deporte vuelve a la grilla olímpica luego de 112 años de ausencia. Y otros deportistas de renombre como el basquetbolista español Pau Gasol o la futbolista estadounidense Hope Solo avisaron que están en alerta.
Según comentó Eduardo Massad, investigador de la Universidad de São Paulo, “el riesgo de infección por virus del zika es 15 veces menor que por el dengue». Y aclara que el riesgo por dengue era mayor en el Mundial de 2014 y que finalmente solo se detectaron tres casos entre los turistas.
¿MÁS CONTRATIEMPOS?
La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) mantiene el conflicto con los atletas rusos, entre ellos Yelena Isinbáyeva, plusmarquista en salto con garrocha femenino. Por un informe de la Agencia Mundial Antidopaje, decenas de rusos fueron vetados tanto por la IAAF como por el COI, y esperan al 21 de julio cuando el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) podría levantarles el veto. El conflicto fue creciendo en trascendencia y hasta se especuló con un boicot a los Juegos por parte de Rusia.
En tanto, Usain Bolt, el hombre más veloz del mundo, se desgarró a principios de julio en las pruebas clasificatorias jamaiquinas y encendió la alarma. “No les voy a dar el gusto de no ir a Río”, advirtió uno de los deportistas que más seduce al público. En las últimas horas, la Federación de Jamaica lo inscribió para estar en Río y todo hace suponer que, pese a sus molestias físicas, no se perderá la cita.

EL CASO ARGENTINO
La delegación argentina en Río 2016 será récord, una cantidad que solo se puede comparar con los Juegos de Londres 1948, y Tomás Rodríguez Couto, periodista de ESPN Tenis y El Podio, lo explica: “Más de 200 deportistas argentinos participarán de los Juegos. Como Brasil se clasificó directamente en todas las disciplinas por ser organizador, se le abrió la puerta, por ejemplo, a las selecciones femeninas de handball y voleibol”.
“El Comité Olímpico Argentino (COA) —agrega Rodríguez Couto— aspira a conseguir seis medallas. Las Leonas siempre son candidatas; hay muchas expectativas con el hockey masculino y hasta el fútbol, inclusive con los conflictos en la AFA y para formar el equipo, puede competir por el podio. Además, un cruce favorable de cuartos de final tanto para el básquetbol como para el voleibol masculinos, podrían dar buenas noticias. Y no hay que olvidarse de Paula Pareto, campeona mundial de judo. Y de la vela, que también da esperanza”.
Por último, existe una gran expectativa por la participación de los deportistas refugiados, que competirán bajo la bandera olímpica. Se trata de 10 atletas que debieron abandonar sus países —Siria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Etiopía— y que recibieron asilo en diversas partes del mundo.
Así, entre tantas malas, mientras los refugiados andan saltando por el mapa, alejándose de guerras y pobrezas extremas, soportando humillaciones y rechazos, el deporte les estrecha la mano. Una mano que permitirá, entre tanta marea alta, viento frío y lluvia gris, que la antorcha olímpica siga encendida.