/Rastros

el alfiler de fog

anecdotario: fogwill

David es uno de los concuñados dueños de la empresa de colchones a los que les vamos a presentar el informe de mercado. No podemos no esperar hasta que él llegue. La silla vacía está frente a Fogwill. Nos dicen que David es muy duro y que a otros proveedores no les pagó el trabajo porque le pareció una porquería lo que hicieron. Para hacer esta investigación de mercado, aceptamos recibir el veinte por ciento de anticipo. Miro la silla vacía, me lo imagino diciendo qué porquería lo que hicieron, son chantas como todos los marketineros, vayan a hacer garketing a otro lado, si Fog se manda alguna. El mes pasado les hicimos un informe de mercado a dos médicas, querían ver qué comían los nenitos diabéticos porque se les había ocurrido producir una golosina. Habíamos trabajado como perros, pero en la presentación del informe Fog empezó a hablar de la madera de los muebles de la oficina de nuestras clientas y lo linda que estaba la alfombra. Ellas lo agradecieron con una sonrisa. Al segundo, les preguntó si la habían pagado o la debían, ellas no contestaron, y para terminar se acostó sobre la alfombra y, desde ahí, alternó comentarios sobre el informe de mercado (que nuestro tercer socio leía) con preguntas domésticas (más bien privadas) a las doctoras (nuestro cliente). La reunión finalizó abruptamente. Las doctoras nos acompañaron hasta la puerta, sin pagar lo que correspondía.

 

Miro a Fog y la silla vacía. Me sube calor por el cuello, acabo de darme cuenta de que algo no va a estar bien. David (de piel bronceada) entra a la sala del Directorio y se sienta frente a Fog. Vos sos el que mejor la pasa, le dice Fog; el silencio se espesa y David le regala una mirada filosa. Me apuro a repartir las copias anilladas del informe y me atrinchero en la lectura de la primera carilla. Al llegar al final de página, levanto la vista; David y el directorio de la empresa, lejos de estar interesados en mi lectura, miran un cigarrillo que Fog tiene entre los dedos, al que le arranca la punta y la tira al cenicero. Después, aleja el cigarrillo de la cara, se saca un alfiler del cuello de la camisa y le propina al cigarrillo múltiples clavadas. Me apuro a leer la segunda carilla del informe. En un punto y aparte, veo que Fog repite la acción con un nuevo cigarrillo y que todos están atentos a sus maniobras.

 

Me seteo en percherón, no miro a los costados, solo al frente, al informe que investiga el mercado de los usuarios de colchones. Lo termino de leer. Hago silencio. Miro a David y David mira a Fog. ¿Y te los fumas así?, le pregunta y Fog, con los doce cigarrillos (de punta cortada y agujerados por el alfiler), en perfecta alineación sobre la mesa, le da una ponencia sobre los beneficios para la salud de fumar con este método. Y de los cigarrillos pasa a la fabricación casera de la granola, y engancha con el uso de la chaucha de vainilla como único secreto para la elaboración del dulce de leche. Acompañame a la oficina, te voy a mostrar una caja de habanos que traje de Punta Cana, le dice David y se levanta. No ves que vos sos el que mejor la pasa acá, dice y salen de la sala. Me apuro a decir que les traje la factura por el saldo de estudio de mercado. Hacele el cheque, grita David desde el pasillo.

 

rastros@lanan.com.ar