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arriba las manos, esto es un asalto

deportivo español

“Vos no sabés lo que era esto. Lleno de gente practicando deporte, chicos en las piletas, las familias reunidas. ¡Ah, y el restaurante! Era de los mejores de la zona”. El recuerdo se traduce en palabras en un café a metros de Plaza de Mayo en 2017, pero está anclado en otro tiempo.

 

Las palabras salen de la boca de Carlos Villares e inmediatamente en sus ojos se refleja un cóctel de alegría y nostalgia por lo que alguna vez fue. Es socio de Deportivo Español desde los nueve años. Fue testigo privilegiado de la época bella del club, lo vio codearse entre los grandes de Primera. Hoy, con 51, asiste a un triste espectáculo que no guarda relación con esos días. El club de la comunidad española que sobrevivió a la quiebra, que prácticamente desapareció entre 2003 y 2007, pero que se levantó de sus escombros para volver a ser, ahora enfrenta otra amenaza.

 

Un nuevo fantasma sobrevuela la institución del Bajo Flores: la posibilidad cada vez más latente de perder los pocos terrenos que le quedan para que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires construya allí la universidad de la Policía de la Ciudad.

 

Según denuncian los socios, la pérdida de las siete hectáreas que le quedaron a Deportivo Español tras la crisis sería el golpe de gracia para esta institución con mucha historia en el fútbol argentino.

 

El declive del club gallego, que hoy milita en la Primera B, es complejo, y para entender la situación actual hay que remontarse hasta 1998, cuando comenzó el proceso de quiebra que duró hasta el 2000. En junio de ese año la Justicia decretó la quiebra, aunque la institución pudo seguir subsistiendo en el Bajo Flores.

 

En 2003 la situación económica ya era irreversible y Español fue clausurado. Los terrenos del club, que en su época de gloria llegó a contar con más de 25.000 socios y que hoy apenas supera los 1.700, quedaron abandonados durante cuatro años. Durante la gestión de Jorge Telerman fueron rematados y adquiridos por la Corporación Buenos Aires Sur, “una organización destinada a colaborar en la estrategia que el Gobierno de la Ciudad promueve para el desarrollo integral de la zona sur“.

 

La intención del ex jefe de Gobierno porteño era que esta sociedad del Estado le cediera la totalidad de los terrenos en comodato por 20 años a Deportivo Español. Sin embargo, en el medio se produjo el cambio de mando en el Ejecutivo porteño y la asunción de Mauricio Macri modificó los planes.

 

En 2008, con el actual Presidente como jefe de Gobierno, el club del Bajo Flores volvió a ocupar sus terrenos tras cuatro años de exilio, pero con una particularidad que hirió su historia para siempre: la Corporación Buenos Aires Sur le cedió en comodato por 10 años tan solo 7 de las 18 hectáreas originales. Las otras 11 fueron destinadas a la nueva Policía Metropolitana. De esta manera, el club gallego perdió más de la mitad de sus tierras y solo se aferró a su costado deportivo, que incluye el estadio, el buffet, dos canchas auxiliares y el estacionamiento. La parte social del club (gimnasio, el viejo restaurante, canchas de tenis y pileta olímpica) quedó sepultada por completo detrás de un paredón que establece los límites entre el club y la Policía.

 

La cesión de los terrenos finalizará en mayo de 2018. La intención de Español, por supuesto, es renovar el préstamo por otros 10 años. Sin embargo, Horacio Rodríguez Larreta tiene decidido destinar casi la totalidad del predio para construir la universidad de la Policía de la Ciudad. De esta manera, el club perdería otras cuatro hectáreas y retendría apenas tres.

 

Las negociaciones entre Daniel Calzón, presidente del club, y los portavoces del Gobierno porteño comenzaron hace varios meses. Si bien aún no existe ninguna propuesta concreta de parte de los funcionarios, la posibilidad de que Deportivo Español conserve su actual terreno por otros diez años está descartada.

 

Lo único que quedaría en ese lugar sería el estadio y dos canchas auxiliares en las que la dirigencia planea construir una pequeña ciudad deportiva. Más allá de la falta de ofertas del Gobierno porteño, la intención sería darle un nuevo predio a Español pero en el Parque Indoamericano.

 

“Al principio lo del Gobierno fue un atropello sobre el club. A raíz de eso nos tuvimos que plantar y ellos entendieron que no estaban negociando bien. Sus interlocutores no eran gente vinculada al deporte”, dice Diego Elías, secretario del club.

 

La exposición mediática del conflicto hizo desacelerar al envalentonado Gobierno porteño y la negociación con la modesta institución del Bajo Flores adquirió un tono más benévolo: “Primero se hablaba de un comodato por 10 años. Ahora estamos hablando de que se haga por 40. Las canchas auxiliares se harían en el Indoamericano. Inicialmente iban a ser solo dos canchas en el medio del Parque, sin acceso y en un lugar muy inseguro para los chicos. Ahora se trataría de un predio de cinco hectáreas con cuatro canchas de pasto natural y una de sintético sobre Avenida Escalada y con acceso directo desde la calle”.

 

Sin embargo, los socios, celosos de la rica historia de su club y aún nostálgicos de la época en la que su infancia transcurría entre deporte y actividades sociales dentro de esas 18 hectáreas, creen que abandonar esas tierras sería el fin de la institución. “Dejar nuestros terrenos sería aniquilar la poca vida social que nos queda”, cuenta Carlos Villares, abogado e integrante de la peña Unidos por Español.

 

Dejar la cancha en un lugar y trasladar las instalaciones a otra parte, entienden, tendría consecuencias graves: “Los días de partido la gente se junta antes en el buffet, comen algo, los viejos juegan a las cartas y después entran a la cancha. Si el club se divide en dos terrenos separados por 15 cuadras eso se perdería por completo”.

 

La postura de la peña y de buena parte de los socios es la de no moverse de los terrenos del club. Por eso organizaron una junta de firmas a través de la que exigen la restitución completa del predio que históricamente le perteneció a Español, incluido el sector que ocupa la Policía Metropolitana. “Sabemos que una cosa así es imposible, pero fue una medida que utilizamos para demostrarle al Gobierno que estamos acá y que el club tiene una posición al respecto en esta negociación”.

 

Los dirigentes de la institución gallega confían en que a la brevedad tendrán una propuesta formal y concreta de parte de los funcionarios del Gobierno para debatirla con los socios en una asamblea. A fin y al cabo, por más que los directivos traten de conseguir el mejor acuerdo posible, la última palabra será de los asociados. “Nosotros podemos convencerlos de que aceptar la propuesta es lo más conveniente, pero si la gente no quiere tendremos que volver a foja cero, ponernos el casco y combatir. Habrá que cortar calles, organizar protestas y tocar las puertas que haya que tocar”, dice Elías. Por su parte, Villares completa: “Podríamos intentar impedir esto por vías judiciales con un recurso de amparo, pero llevaría mucho tiempo”. Y con el fin del comodato en 10 meses, lo que más le falta a Español, justamente, es tiempo.

 

La quiebra de hace 17 años aún sobrevuela en el club como un fantasma. Y sus coletazos todavía se hacen sentir. Hoy los socios están en una encrucijada: quedarse en sus tierras a cualquier costo, mientras el Gobierno amenaza con cumplir sin piedad con el fin del comodato y con despojarlos definitivamente de sus raíces; o aceptar la propuesta de partir al club en dos a riesgo de cortar el último aliento vital a la vida social de una institución que alguna vez albergó a decenas de miles de personas en sus instalaciones.

 

Una vez más, Español quedó entre la espada y la pared.

 

fuira@lanan.com.ar

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