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hacer un puente

juegos olímpicos

Fotografía: Télam

Quedan 8 segundos de partido y Brasil le gana a Argentina por tres puntos, cuando Facundo Campazzo se mete en tierra de gigantes baja el rebote ofensivo y se la abre al «Chapu» Nocioni. El base de la selección iba a terminar el partido con 33 puntos y 11 asistencias. Nocioni, con 37 tantos —su mejor marca con la celeste y blanca— y 11 rebotes. El «Chapu» recibe, apunta, emboca su séptimo triple del partido y manda el clásico sudamericano a tiempo extra. En los segundos cinco minutos de alargue, Emanuel Ginóbili cierra el partido desde la línea de tiros libres y minutos después, con la clasificación a cuartos asegurada, pide «un baño de bronce» para Nocioni y Campazzo. Del «Chapu», emblema de la «Generación Dorada» que nació en Atenas en 2004, a «el Alma» del base de la nueva generación: el puente está hecho.

 

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Hasta el minuto cero, la preocupación estaba en las tribunas. No porque los equipos dirigidos por Sergio Hernández y Rubén Magnano —el que nos condujo a la dorada y aún cuesta verlo con la amarilla y verde— se jugaban la clasificación, sino porque los miles de hinchas argentinos y brasileños no pasaran de los cantos a la manos. Por eso, los capitanes de ambos equipos agarraron el micrófono antes del salto inicial y pidieron aliento sí, violencia no. Poco después, el «Chapu» abrió el partido con cuatro triples, Argentina diez arriba en el primer cuarto: se venía un partidazo de básquet. El boxeo quedó para otro estadio.

 

Fotografía: Télam

«Acá ganó la personalidad», sintió Nocioni después de su noche dorada y dijo «personalidad» para no decir «huevos», esos que todos destacan del «Chapu», pero que en la tarde histórica de Barra de Tijuca los cambió por una muñeca ¿de bronce? que empujó hasta la red ocho de los 12 triples que intentó. El del final del último cuarto, el que más vamos a recordar, el que entró con los huevos en la garganta, después de picar tres veces en el aro, para ir al suplementario.

 

Además de los 11 rebotes que bajó, siguió con otro triple en tiempo extra para llegar a su máxima marca con la celeste y blanca. Fue injusto que termine viendo la victoria desde el banco junto al capitán Luis Scola (14 puntos), los dos por haber alcanzado las cinco faltas.

 

Pero el puente estaba terminado. Campazzo metería otros seis puntos desde la línea de 6,75 para extender la ventaja en el segundo suplementario y se golpeó el pecho y sintió que también era su noche, la del paso de mando. El gigante de 1,79 que a veces piensa más como goleador que como base, más como el «Manu» de 2004 que como los bases dorados Sánchez y Montecchia, se consagró jugando al filo, quebrando cinturas brasileñas a pura finta y mostrando que sabe ser el 1 del equipo y asistir cuando no mira el aro.

 

Cuando Campazzo erró en el segundo tiempo extra, ahí estuvo Patricio Garino para corregir y sumar dos puntos; cuando el base lo asistió, el alero sumó otros tres puntos, la mitad de los 10 convertidos en todos el partido, en los cinco minutos finales. El alero que llegó a la selección desde la NCCA, donde jugó para la Universidad George Washington, y a quien ahora Ginóbili bendijo como su heredero en San Antonio Spurs, se paró al otro lado del puente con Campazzo porque ya saben lo que es ganar jugando con miles en contra. Ya lo habían hecho —junto a Scola y Nocioni— en el Palacio de los Deportes del DF de México en septiembre pasado para quedarse con el pase a Río de Janeiro superando a la selección tricolor en semifinales.

 

Fotografía: Télam

 

Con los dorados Nocioni y Scola —que sintió al también pivot de la NBA y figura de Brasil Nené Hilario (24 puntos) hasta la quinta falta— fuera del rectángulo, los embanderados de los mejores años fueron «Manu» y Carlos Delfino. El «Lancha» todavía siente los tres años de inactividad, las siete operaciones en el pie que lo llevan a errar tiros que antes entraban de pura confianza; pero lo que no pudo dejar en el ataque lo puso en la defensa: se encargó de frenar los últimos ataques de Leandrinho que había convertido sus 11 puntos del partidos en los dos tiempos extra.

 

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Fotografía: Télam

«Manu», que volvió a vestir la celeste y blanca para la despida final en Río, sabe que ya no es el de la palomita frente a Serbia y lo demuestra cuando aconseja, cuando toma la base; también lo entiende así el «Oveja» Hernández cuando le cede varios segundos de los «minutos» que pide para ordenar al equipo. En el partido lo persiguió una rara inefectividad desde la línea de libres y sintió los minutos en cancha cuando intentó pero no pudo empatar el partido en el cierre del último cuarto y ganarlo en el cierre del primer tiempo extra. Hubo justicia y tuvo su revancha. Con 39 minutos de juego sobre las piernas —»no jugaba tanto desde los 15 años»—, «Manu» bajó el rebote del segundo libre que marró Delfino a segundos del final, recibió otra desesperada falta de los brasileños y cortó la racha: dos libres a pura red para sacar una ventaja ya inalcanzable, como la historia de una generación, que ayer escribió su último y dorado capítulo. El puente está hecho para lo que venga. Quizá con nuevas escaleras de podio.

 

fuira@lanan.com.ar