/Fuira

la razón que te demora

marcelo bielsa

Ilustración: Javier Cereceda

(A 12 años de la renuncia de Bielsa a la Selección.)

—Me quedé sin energía. Cuando eso pasa, no es decente insistir. Una persona para ser decente tiene que ofrecerle a la tarea la energía que reclama. El desgano presagia tempestades si uno no lo resuelve. Cuando vi que el desgano estaba instalado, tomé la decisión de no continuar.
—¿No es un poco pobre que mañana algunos titulares de los diarios digan que el director técnico se fue porque se quedó sin energía?
—¿Qué me sugiere que invente?
—No sé, un título…
—Ese es su trabajo, maquíllelo.
—¿Usted no imagina, no desearía que haya otro título mejor?
—Grave enfermedad, puede ser… que le resta energía. Eso sería más efectivo.
—No, no, otro título que usted le ponga.
—“Grave enfermedad que le resta energía”, yo se lo recomiendo. Yo lo compraría… si ese es el título mañana del diario, lo compro. Aunque claro que a mi mamá le provocaría preocupación.

 

 

El 10 de octubre de 2004 la bandera estaba colgada en la platea y se podía ver desde el banco de suplentes. Ahí estaba José Pekerman debutando en la selección mayor y las letras negras del trapo argentino decían: “Bielsa, el tiempo te dará la razón”. Todo un mensaje de un grupo de fanáticos que pintaron en el manto como homenaje pero sin saber que ahora, doce años después, esa bandera y esa frase marcarían a fuego a una generación de hinchas, de jugadores y de entrenadores que sucedieron a Marcelo Bielsa y que hoy sin dudas terminan de confirmar el presagio. Hoy, el tiempo, le dio la razón…

 

Bielsa es el último entrenador argentino que completó un ciclo mundialista y el que mayor tiempo estuvo en el cargo después del mandato de Carlos Bilardo. Esa premisa grondoniana de respetar los “proyectos” que, muchas veces chocaba con las urgencias del fútbol doméstico, en la Selección era de precisión y respeto suizo. Pero después de Bielsa ya nada fue igual y el propio Loco lo había anticipado.

 

Bielsa tuvo una relación muy particular con la dirigencia. Salvo a honrosas excepciones, como el ex presidente de Estudiantes Julio Alegre, el Loco sabía que los dirigentes no acompañaban convencidos de sus exigencias sino que buscaban un rédito personal o un beneficio para sus clubes. Desde las peleas por la citación de jugadores, pasando por aquellos más atrevidas que transitaban las concentraciones haciendo que el rosarino tuviera que enfrentarlos cara a cara, a más de uno para “echarlo” de la intimidad del grupo. En sus charlas con los colaboradores, Bielsa estaba convencido de que los dirigentes no dejaban de lado sus miserias y eso iba indefectiblemente a hacer fracasar cualquier proyecto deportivo y auguraba un futuro complicado. Las denuncias por reventa de entradas, desvíos de fondos, enriquecimiento ilícito y los consecuentes fracasos deportivos de estos tiempos son el correlato perfecto de aquella pintura bielsista hecha más de una década atrás.

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Fotografía: @locosxbielsa

 

«Nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción.

Los seres humanos de vez en cuando triunfan.

Pero habitualmente desarrollan,

combaten, se esfuerzan,

y ganan de vez en cuando.

Muy de vez en cuando»

 

La gran revolución de Bielsa fue en base a los jugadores, por eso siempre basó todo su proyecto en ellos. Cuando José Pekerman se hizo cargo de la Selección no paró de elogiar la biblioteca que le había dejado su antecesor. Es que para el Loco el futuro del fútbol argentino estaba asegurado si se lograba armar otra Selección más allá de la que jugaba. Para eso tenía en sus carpetas datos de todos los jugadores del medio local y de varios de los que estaban jugando en Europa. Había un seguimiento pormenorizado de cada uno de los potenciales convocables y un ejemplo claro de eso fue Javier Mascherano quien terminó debutando antes en la Selección que en River. El archivo no solo tenía la ficha técnica, sino también sus características tácticas y rendimientos físicos de cada jugador lo que le permitía al entrenador disponer de un abanico de no menos de 60 opciones y que sirvió por ejemplo para convocar a juveniles con experiencia como Javier Saviola, Andrés D’Alessandro, Carlos Tevez y Mascherano para ganar la medalla de oro en Atenas. Ese archivo en el tiempo fue quedando en desuso, no se actualizó y tampoco se profundizó lo que terminó generando una Selección repetida en nombres y que a la hora de armar el plantel de los últimos Juegos y ante la negativa de algunos, no tuvo manera de dar el salto de calidad y esquivar el papelón que Bielsa ya anticipaba si el trabajo no era serio.

 

“Hay que jugar con la nuestra” es lo que se repite hasta el cansancio sin poder determinar si la nuestra es la del calor del norte o el frío del sur. Sin detallar si la nuestra es la locura porteña o la paz de Santiago del Estero. Por eso Bielsa hizo la suya y con el correr de los partidos transformó su juego en “la nuestra”. Jamás traicionó su idea ni siquiera en aquellos comienzos donde a los jugadores les costaba entender las exigencias de un fútbol vertiginoso, de tenencia de balón pero de rápida resolución pensando solo en una cosa: el arco de enfrente. “Ariel, Ariel, la oferta de la recepción debe ser vertical”, le repitió más de una vez a un Ortega que recién con el tiempo terminó confesando que el técnico que más le enseñó fue Bielsa.

 

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Fotografía: @locosxbielsa

 

El entrenador logró en el correr de los partidos la identificación del equipo con su idea. Lo más difícil lo consiguió rápido. El mundo sabía cómo jugaba la Argentina y las formas no se negociaban así estuviera enfrente Venezuela o Alemania. Esa idea, la que no se negociaba ni siquiera perdiendo la final de la Copa América, fue la que logró algo que parecía impensado en aquellos años después de la etapa de Daniel Passarella donde las lonas verdes habían partido la relación con el público. Bielsa hizo enamorar otra vez a los jugadores con los hicnhas. No eran años fáciles para el país, la crisis post Alianza golpeaba duro y el fútbol, una vez más, era la sonrisa para muchos que hacía rato habían dejado de sonreír. Tan fuerte fue ese amor e identificación que ni siquiera el fracaso del Mundial 2002 pudo romperlo. Cuando Grondona confirmó que Bielsa seguía en el cargo, las encuestas de los portales deportivos le daban una aprobación de más del 40 por ciento. La identificación es clave para construir mística y la idea de juego es fundamental para generar un equipo. Por eso el respeto por el proyecto y su continuidad no deberían negociarse: siete técnicos en doce años y de diferentes paladares no parecen tener nada que ver con esa idea. Pekerman, Basile, Maradona, Batista, Sabella y Martino pasaron sin dejar una marca y serán recordados por diferentes cuestiones pero ninguna vinculada al juego. José por dejar a Messi en el banco, Coco por sus derrotas con Brasil en la Copa América y Confederaciones, Diego por sus frases, y por las contundentes caídas 6-1 con Bolivia y 4-0 con Alemania, Checho y su eliminación en la Copa América hecha en casa, Sabella por volver a jugar los siete partidos de un Mundial pero sin entender bien cómo, y Tata por las dos finales perdidas con Chile. Pero ninguno dejó una discusión en el café como Bielsa en relación al juego.

 

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Fotografía: @locosxbielsa

«El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos;

el fracaso es todo lo contrario, es formativo,

nos vuelve sólidos, 

nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes»

 

Hoy aquella bandera debe estar guardada en algún cajón. Tal vez ni siquiera ellos mismos se imaginaron que un poquito más de una década se necesitó para terminar de confirmar todo lo que ese Loco rosarino presagiaba en nuestro fútbol. Los dirigentes se metieron más de la cuenta, quisieron sacar ventaja y transformaron a la Selección que tiene al mejor jugador del mundo en una Asociación que cobra en dólares igual que Jamaica. El trabajo de campo se abandonó y el recambio generacional nunca se dio por lo que el fracaso en Juveniles fue toda una consecuencia. Los jugadores se aislaron, la gente los empezó a sentir “europeos” y la mística nunca se construyó. Del juego precavido y pragmático de Sabella se pasó a la tenencia y el protagonismo de Martino para derivar en el juego más pensando en defender que atacar de Bauza. Imposible generar un equipo y mucho menos una idea de juego y todo terminó atado a la inspiración de Messi.

 

Doce años pasaron de aquella renuncia que marcó un antes y un después de la historia moderna de nuestro fútbol. Tal vez nuestro sistema, nuestra manera de ser, nunca estuvo preparado para tener en su interior a Marcelo Bielsa. En Bilbao, en Marsella y en Chile dejó una huella imborrable. “Hoy estoy contento porque se valoró un trabajo y no un resultado deportivo”, dijo cuando Grondona le renovó a pesar de le eliminación en primera ronda en Japón. Una frase que lo pinta de cuerpo entero. Una definición que pone la idea y el trabajo por encima de si la pelota entró o pegó en el palo. Una síntesis que sirve para confirmar que doce años después el tiempo le dio la razón.

 

fuira@lanan.com.ar