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el grito de los nadies

la caravana de la dignidad

Fotografía: Movimiento Popular La Dignidad

“¿Sabés lo que pasa? La mano viene dura. Y mirás para adelante y no asoma algo mejor. En el barrio, por ejemplo, se duplicó la cantidad de chicos que asisten al comedor, mucha gente se quedó sin trabajo y, para peor, los precios de las cosas suben todos los días. Entonces, ¿nosotros qué vamos a hacer?, ¿nos vamos a quedar de brazos cruzados? ¿Hasta cuándo podemos aguantar así, si encima el Gobierno no hace absolutamente nada?”

 

Mónica habla y pone énfasis en cada una de sus palabras. Camina lento acompañada por una multitud. Colgado del cuello lleva un cartel pintado con letras rojas y blancas. “No se puede jugar con el hambre”, dice. Desde la mañana temprano, como tantas personas, marchó más de 12 kilómetros desde el santuario de Liniers de San Cayetano hasta Plaza de Mayo. Cruzó casi toda la ciudad desde la zona Oeste y peregrinó más de cinco horas por la avenida Rivadavia, no como un simple acto de fe, sino para pedir “Paz, Pan y Trabajo”.

 

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El 7 de agosto, día de San Cayetano, se transformó en un grito de protesta contra el Gobierno nacional. Las políticas aplicadas en los últimos meses —desde diciembre a la fecha— empujaron a las organizaciones que agrupan a los trabajadores de la economía popular, a los informales, los humildes y los desocupados a salir a la calle para decir “basta”. Como resultado, la “Caravana de la Dignidad” rompió todas las expectativas: congregó más de 100 mil personas y demostró un posible “frente de unidad” en medio de la diversidad del campo popular.

 

La Ciudad de Buenos Aires se llenó de tantos colores como de expresiones políticas. Dijeron presente Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), la Coordinadora de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el Movimiento Evita, la Corriente Villera Independiente, el Movimiento Popular la Dignidad, el Partido Comunista Revolucionario, los Misioneros de Francisco, ATE, seccionales de la CTA y sectores combativos de la CGT.

 

Fotografía: Télam.
Fotografía: Télam.

La movilización condensó —más allá de las demandas de cada sector particular— dos reclamos puntuales: la conversión de los subsidios que reciben los trabajadores de la economía popular en un Salario Complementario Universal (equivalente a la mitad del salario mínimo, vital y móvil —hoy fijado en 6810 pesos—) y la sanción en el Congreso de la Nación de una Ley de Emergencia Social. “Planteamos la necesidad de crear un comité de crisis, que convoque a todas las organizaciones, para impulsar medidas que apunten a mejorar la calidad de vida de la gente”, señaló Daniel Menéndez, coordinador nacional de Barrios de Pie.

 

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Las clases bajas vienen sufriendo con crudeza la crisis. Según sostienen las organizaciones, por cada puesto de trabajo formal que se pierde en el sector privado (fueron más de 128.294 de noviembre a mayo, según datos del Ministerio de Trabajo), desaparecen tres en el mercado informal. A esto se le suman 70 mil cooperativistas que se quedaron sin trabajo porque dependían de contratos con diferentes eslabones del Estado (Nación, las provincias o los Municipios) Y si al combo se le acopla la inflación, que ya se ubica por encima del 44%, y la pérdida del poder adquisitivo, que en el mejor de los casos sólo es del 10% —según el Observatorio de Derecho Social de la CTA—, el golpe en un contexto recesivo es fuerte.

 

Jorge, de la Federación de Cooperativas René Salamanca, cuenta cómo vive en carne propia esta situación. “En La Matanza tenemos siete cooperativas de agua y cloaca, de las cuales están trabajando cinco porque hace algunos años no nos dan más obras. Lo que hacemos, entonces, es ir rotando para que puedan trabajar todos los compañeros y no se queden colgados. Igual, lo que sacan no es mucho: son 3000 o 4000 pesos ¿Cómo hacés para vivir si tenés dos o tres hijos?”. La pregunta, sencilla, queda retumbando en la cabeza como en loop.

 

“Si hacés cuentas, no te alcanza para nada”, agrega Luis. “Muchos piensan que en los barrios no pagamos los impuestos, la luz y están muy equivocados. En González Catán no tenemos asfalto, no hay desagües, pero hay medidores, como en todos lados. Y el aumento en las facturas nos vino como a todos; y si a eso le sumás que la garrafa está 150 pesos, el transporte que subió y la comida que está cada vez más cara, es imposible vivir”, dice y se acomoda el casco amarillo para taparse del sol que le pega de lleno en la cara.

 

Fotografïa: Sur Lomas
Fotografïa: Sur Lomas

Pasado el mediodía, frente al Cabildo, una gran cocina al aire libre tira vapor sin descanso. Bajo un gazebo, Griselda, de la cooperativa Amanecer de los Cartoneros, revuelve la olla de guiso con un cucharón y va volcando porciones en recipientes plásticos. Sus compañeros se acercan a pedir un poco de arroz o mondongo. Y arman una fila que llega hasta la esquina.

 

“Lo primordial es la comida, ¿entendés? El techo más o menos lo piloteás, vivís como podés, pero la comida, sobre todo si pensamos en las criaturas, es lo más importante. Ellos son los que más sufren la falta si se nota y pensá en la desesperación de los padres que no pueden llevar un poco de pan a la mesa por cómo está la cosa o porque no les alcanza”, reflexiona.

 

La Federación de Cartoneros y Recicladores nuclea alrededor de 5500 trabajadores en la Ciudad de Buenos Aires. Cada uno de ellos tiene un piso salarial de 6400 pesos y cuenta con obra social y ART. “Es algo, pero cuesta muchísimo llegar a fin de mes”, afirma Griselda. Hace algunas semanas, estuvieron a punto de perder sus fuentes de laburo en un intento privatizador por parte del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño. “Con presión y movilizaciones lo frenamos. Ahora estamos discutiendo la continuidad del contrato”, dice.

 

La movida de la administración PRO tenía un interés claro como trasfondo. Las empresas de higiene urbana se llevan 8500 millones, mientras las cooperativas cuestan 600 mil pesos. De ahí que, de acuerdo a lo que creen los recicladores, el pase de manos privadas le costaría a los vecinos y al Estado 3000 a 4000 millones más al año. Algo que permitiría formalizar a los 3500 recuperadores cuentapropistas que existen en CABA. Y sobraría plata.

 

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Fotografía: Movimiento Popular La Dignidad
Fotografía: Movimiento Popular La Dignidad

La columna del Movimiento Popular La Dignidad entra a la Plaza por avenida de Mayo. Detrás de una bandera roja, con la cara del Che Guevara, están las mujeres de la Villa 31. En ese barrio, de unas 100 manzanas en las que viven 50 mil personas, la organización cuenta con seis comedores y varios merenderos que en los últimos meses empezaron a ser el reflejo de la necesidad que hay en los barrios. “Por ahí vienen más chicos que antes y no alcanzan las raciones o se acercan más madres para ver si hay algo para comer”, comenta Lupe.

 

La situación no es aislada y se repite en toda la provincia y en distintas ciudades del país. En General Madariaga, de diciembre a hoy, la Pastoral abrió siete nuevos comedores. En Zavaleta, además del histórico comedor “Evita” se sumaron otras dos bocas. Germán, comunicador de La Garganta Poderosa y militante de la organización homónima, cuenta: “Para que te des una idea en el comedor Evita donde nos dan entre 200-250 raciones, hoy se están preparando 400. Y en el nuevo comedor, “Gargantitas”, que abrió relativamente hace poco, de 150 platos que hay para servir, quizá salen 300/350 para nadie se quede sin comer”.

 

El Movimiento Evita y la CTEP dicen que desde abril en el conurbano bonaerense y en el interior abrieron unos 600 comedores y merenderos. “Las compañeras volvieron a amasar, volvieron a repartir más copas de leche y en los barrios se está haciendo sentir la necesidad. Esto es consecuencia de un fenómeno ya instalado, debido a las políticas de un Estado que desde ahora gobierna para los más ricos, los que más tienen. El ajuste, como siempre, lo estamos pagando nosotros, de nuestro bolsillo”, dice Patricia de la CTEP.

 

En un escenario preocupante, Barrios de Pie analizó la situación nutricional de los chicos en la provincia. De 4.042 niños que habitualmente concurren a comedores de la organización, el 43 por ciento presentó “síntomas claros de malnutrición”, según el Instituto de Investigación Social, Económica, Política y Ciudadana. Los resultados más alarmantes se registraron en La Matanza, Merlo, Morón y Lomas de Zamora con más del 50% de los pibes afectados. Los parámetros que se utilizaron fueron: la relación peso/edad en los lactantes; el índice de masa corporal en los chicos de 2 a 19 años y relación talla/edad para todo el universo.

 

“Esta situación no la podemos permitir y es necesario una repuesta inmediata del Gobierno, a través de políticas concretas y no de migajas o paliativos que no alcanzan para dar una respuesta seria a un problema grave. Si no hay pan y no hay trabajo, no hay paz. Es muy difícil pedirle a la gente que se quede en su casa muriéndose de hambre”, apuntó Menéndez.

Fotografía: Télam.
Fotografía: Télam.

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El acto cerró con la voz de tres oradores, representantes de las organizaciones que convocaron a la movilización. Sobre un palco armado en el acopado de un camión, ubicado de espaldas a la Casa Rosada, Menéndez, de Barrios de Pie; Amancay Ardura, de la CCC y Esteban Castro, de la CTEP, mostraron diferencias en sus discursos, pero coincidieron en que “el único camino posible” para lograr un cambio es “la unidad de los trabajadores”. “Elegimos ese camino en este día, el Día de San Cayetano, porque creemos que nuestro pueblo no separa la fe de la lucha, como tampoco separa la fe de la vida”, destacó Castro ante la mirada de los secretarios generales Hugo Yasky (CTA), Sergio Palazzo (Bancarios), Roberto Baradel (Suteba) y Hugo Godoy (ATE) que estaban sentados en primera fila.

 

La pelota así quedó del lado del Gobierno y las organizaciones avanzaron la posibilidad de lanzar una marcha federal si la Casa Rosada no cambia de rumbo o toma medidas para que la gente pueda vivir en paz. “Hoy le pedimos que frenen con estas medidas. No vamos a esperar hasta que rebalsen los bolsillos de los ricos y empiece a caer algo. No queremos desestabilizar, pero sí queremos que cambien las políticas que nos están matando”, soltó Ardura. Menéndez, por su parte, remarcó: “Acá hay bronca, mucho malestar, porque lo que está haciendo el Gobierno nacional nos afecta directamente. No se nos puede condenar a condiciones de vida que creíamos superadas. De no obtener respuesta, realizaremos una gran marcha federal por trabajo y contra el hambre”.

 

Al cierre de la jornada, un dirigente de La Poderosa, en nombre del colectivo, reflexionó: “Desde hace tiempo venimos pidiendo por techo, tierra y trabajo, pero hoy no buscamos conseguir solo algunas lógicas reivindicativas. Acá hay una manifiesta voluntad política de generar un frente de unidad de los trabajadores de la economía popular, que no son los vagos, que no son los desocupados, que no buscan bolsones o raciones para empoderar a las organizaciones. Sino que acá lo que están buscando es un espacio de unidad porque todo el campo popular, todos los sectores, están siendo avasallados. Creo que si nosotros como dirigentes podemos sostener este frente de unidad, estos reclamos y los derechos consagrados, los que van a tener que recalcular son ellos”.

 

barro@lanan.com.ar