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la guerra sangrienta

santiago maldonado

Fotografía: dondeestasantiagomaldonado.tumblr.com

La confirmación de que el cuerpo hallado en el Río Chubut la semana pasada es el de Santiago Maldonado permitió imaginar que tras 80 días de ausencia forzada y búsqueda dolorosa la metralleta de versiones falsas en su contra, en contra de su familia y de la comunidad mapuche a la que él se había acercado, solidario, cesarían. Error. Todavía no habían apoyado el cuerpo de Santiago sobre camilla de metal en donde lo estudiaron medio centenar de peritos cuando quienes disparan mentiras sólo atinaron a cambiar el cartucho. No pueden negar la muerte de Santiago, pero sí marcar a fuego el ritmo y la línea de la historia que contará qué le pasó. Lo que el cuerpo de Santiago diga a través de los estudios a los que fue sometido no será una sentencia, sencillamente porque no puede decir todo lo que, indefectiblemente, callará para siempre. Allí, en ese silencio involuntario, nace la guerra por quién escribe la historia sobre esta muerte y cómo se contará de aquí en más. Una guerra que comenzó el 1 de agosto de 2017, que no acabó con la despedida a Santiago y que es sangrienta.

La mugre oficial

 

Ya lo dijeron los familiares de Santiago, ya los denunciamos muchos y muchas: los primeros y más groseros cascotes de tierra que cayeron sobre la búsqueda de Santiago Maldonado, las preguntas sobre lo que le ocurrió, la investigación judicial y el reclamo de su aparición con vida comenzaron el mismo 1 de agosto y vinieron del lado del Gobierno nacional. Durante las primeras semanas de búsqueda del tatuador, fueron los funcionarios los que, sin guantes siquiera, salieron a ensuciar.

El flyer de la convocatoria a la cuarta movilización a Plaza de Mayo.

Desde la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, hasta el ahora exjuez de la causa, Guido Otranto, pasando por el ministro de Justicia, Germán Garavano, el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, y hasta el propio presidente Mauricio Macri —quien otorgó con su silencio—, abonaron, reprodujeron e instalaron las más roñosas mentiras sobre el caso. El objetivo fue, desde un primer momento, despegar a Gendarmería nacional de toda sospecha.

 

Y aunque cuando la cosa se puso espesa los “cargos” se metieron en las cuchas —desaparición forzada, advertencias de organismos internacionales y presión social mediante—, la familia de Santiago no olvidó ni olvida. No para de sacudirse la mugre que le llueve e insiste en que “el gobierno es responsable” de la desaparición y de la muerte del joven. Lo volverán a repetir en la Plaza de Mayo el miércoles que viene.

Esta noche, miembros de la comunidad mapuche de Cushamen, en Resistencia, se sentarán ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para escuchar qué hizo y hace el Estado argentino para saber quiénes son los responsables de la desaparición forzada de Santiago, quien apareció muerto. No en Chile, no en Entre Ríos, no herido. Muerto en el Río Chubut. Allí, el Gobierno nacional reclamará que la CIDH levante la medida cautelar que impuso para que se sepa qué había pasado con Santiago. El Gobierno planteará que ya apareció el cuerpo, como si tal cosa limpiara la mugre que han hecho.

 

La mugre de los medios

 

Los funcionarios callaron, pero las mentiras siguieron. Fueron muchos los periodistas que difundieron y reprodujeron, cuanto menos, versiones falsas sobre el paradero de Maldonado durante los 80 días que permaneció desaparecido. Loreley Gaffoglio, Claudio Savoia, Eduardo Feinmann, Fernando Carnota, Jorge Lanata, Silvia Mercado, Mariano Obarrio, Nicolás Wiñazki. Muchos los medios: La Nación, Infobae, TN, América TV, Radio Mitre. Sin citar fuentes identificables y en la mayoría de los casos escudándose en el quitamanchas del condicional, casi todos echaron a rodar o empujaron el carro de que Santiago “habría cruzado” a Chile, “habría sido herido” por un puestero de seguridad, “estaría escondido”, “habría escapado” en artículos o informes que fueron avalados por sus respectivas cadenas de mandos.

 

Sin embargo, hay uno que llegó demasiado lejos. Desde Clarín, Claudio Andrade trabajó a destajo para desviar la atención lo más lejos posible de Gendarmería en la desaparición de Santiago y, desde la última semana, se está rompiendo el alma para dejar a la fuerza —y, por ende, al Gobierno nacional— afuera de la versión final que cuente qué pasó aquel 1 de agosto. El esfuerzo de Andrade es tal que no le importó siquiera dinamitar la base del oficio periodístico: trabajar sobre datos chequeados. Muchas de sus notas fueron denunciadas por la familia Maldonado por falsas. El propio Andrade fue denunciado por uno de los abogados de la comunidad mapuche por amenazas.

 

Fotografía: dondeestasantiagomaldonado.tumblr.com

El testigo E

 

Clarín no esperó a que el cuerpo de Santiago Maldonado viajara a Buenos Aires para empezar a construir la barricada del “testigo E” que desviara el cauce de la historia hacia el miembro de la comunidad mapuche “arrepentido”. Al día siguiente del hallazgo en el Río Chubut, Claudio Andrade ubicó la primera piedra: “Este diario pudo averiguar que la Justicia Federal recibió ayer un dato preciso de la ubicación del cadáver. Una fuente indicó que ‘alguien’ avisó de la zona y especificó que debía ‘ser buscado ya mismo’”, deslizó en un artículo publicado el 18 de octubre pasado.

 

Al día siguiente, vomitó otra nota en la que se dedicó a desmentir, a través de un informe de Prefectura, que la zona en la que había sido encontrado el cuerpo de Santiago había sido revisada en ocasiones anteriores, como denunció la abogada de la familia Maldonado, Verónica Heredia, en conferencia de prensa tras los hechos del 17 de octubre, el día del hallazgo. Incluso se dio el lujo de insistir con que la comunidad mapuche era responsable de los “conflictos” en los rastrillajes anteriores. “Según pudo averiguar este diario”, aseguró como toda señal de rigor. En ese artículo, el propio Andrade informa que fue la Prefectura la que recomendó al juez Guillermo Lleral volver a revisar el río, un dato que en los días siguientes dejaría de lado.

 

El viernes 20 de octubre, desde la puerta de la morgue judicial de la Ciudad de Buenos Aires, Sergio Maldonado confirmó que el cuerpo que adentro de ese edificio peritaba medio centenar de expertos era el de su hermano menor. Detrás de Sergio estaba parado Germán, el Maldonado del medio. Las compañeras de ambos, a sus lados frente a los micrófonos para acompañar el mensaje que fue solo eso, un mensaje. No respondieron preguntas de la prensa que, horas antes, seguía enchastrando todo.

 

Horas antes, Andrade había hecho su tarea diaria: en una nota fabuló fuerte con la “revelación” de que “la aparición en Cushamen del cuerpo pudo haber sido el resultado de una compleja negociación entre los mapuches y la Justicia Federal que llevó varios días”. La trama de este capítulo de ficción habría dibujado una ruptura en la Resistencia Ancestral Mapuche, ese grupo de descendientes indígenas malos malísimos que, según el Gobierno nacional, quiere robarse un pedazo de Patagonia para establecer un Estado nación; presunta ruptura que habría posibilitado que una de las facciones resultantes “entregara” el cuerpo de Santiago al juez Lleral. El juez, recordemos, se acercó a la comunidad mapuche de Cushamen, con cuyos integrantes charló pocos días después de tomar las riendas de la investigación sobre la desaparición forzada de Santiago, en una postura diametralmente opuesta a la del magistrado que lo precedió, Guido Otranto.

 

Tras la confirmación de la familia Maldonado de la identidad del cuerpo en pleno peritaje, Andrade fue por más. En una nota habla del “testigo E”, quien “habría reconocido que mintió respecto de su primera versión en la que indicaba como responsables de la desaparición del joven a Gendarmería Nacional”. Esa no es la única frase completamente falsa del artículo. Porque acá, Andrade miente en que el “2 de octubre el juez Gustavo Lleral le habría tomado testimonio en su primera visita al Pu Lof en el interior de una camioneta”; miente al señalarlo como el “arrepentido que llamó por teléfono hace unos días a las oficinas judiciales en Esquel” —desliza que llamó para denunciar la aparición del cuerpo en el Río Chubut—; y miente al decir que es la “persona que ya acudió a la Justicia Federal exigiendo la recompensa de 2 millones de pesos por ser el responsable del dato que desembocó en el hallazgo” de Santiago. También miente en la “existencia de un informe reservado según el cual un mapuche entró en ‘crisis’ y habría confesado ante la Justicia que mintió desde el principio y que, en verdad, no vio que los agentes se llevaran a Maldonado sino tan sólo que él lo dejó ‘atrás’”.

 

El lunes pasado, inventó un nuevo artículo cuyo eje era la incertidumbre sobre el “testigo E”, quien según Andrade estaba “asustado” y “escondido en la montaña”. Insistió en este capítulo en su condición de “arrepentido”, repitió que había sido él el que le había dicho a Lleral dónde estaba el cuerpo de Santiago, recordó que se había comunicado con el juzgado para “reclamar su plata”.

 

Las desmentidas

 

El martes, todo se derrumbó. El propio Lleral salió a desmentir a Andrade y a Clarín públicamente. Dijo que:

 

  • No existe ningún testimonio ofrecido por un “Testigo E” en las causas judiciales que investigan la desaparición forzada de Santiago Maldonado ni sus hábeas corpus.
  • Nadie llamó dando datos sobre la presencia del cuerpo de Santiago en el río.
  • Decidió realizar el rastrillaje que lo halló por recomendación de Prefectura.
Fotografía: dondeestasantiagomaldonado.tumblr.com

 

Tras las aclaraciones del magistrado, la familia Maldonado publicó en el blog que creó para desmentir las barbaridades que dijeron desde el 1 de agosto la prensa y el Gobierno nacional la lista con los artículos mencionados acá, a los que califican de falsos.

 

Lejos de cesar, después de la demolición de su barricada, Andrade y Clarín cambiaron el eje de discusión. ¿Quién dice que el “Testigo E” no existe? Respondieron con el testimonio que figura en una presentación que la organización Naturaleza de Derechos hizo ante la CIDH. Una presentación en la que ese testigo asegura que vio cómo a Santiago se lo llevaba Gendarmería durante la represión del 1 de agosto. Una presentación clasificada, es decir, secreta, a la que sólo tiene acceso la organización, la CIDH y el Gobierno nacional. Detalles. ¿Ven que existe el “Testigo E”?, demuestran en sus artículos, confirmando que tratan a sus lectores y lectoras de imbéciles.

 

Los imbéciles

 

Fue el propio juez el que aseguró que las causas que investigan qué pasó con Santiago continúan; una, iniciada a partir de hábeas corpus presentados por organismos de derechos humanos y otra, por la desaparición forzada del tatuador, impulsada por su familia, representada por Verónica Heredia, de quien también se dijo que pertenecía al CELS, catalogada con otra mentira como una organización kirchnerista. Fue el propio juez el que aseguró que, con el cuerpo de Santiago identificado, volcará su atención en la desaparición forzada y en determinar qué pasó. Y en esa línea de trabajo, los resultados de la autopsia que se realizó sobre los restos hallados en el Río Chubut serán uno de los elementos a tener en cuenta, pero no el último ni el fundamental.

 

Bárbaro. Pero, ¿quién cuenta la historia de lo que pasó con Santiago Maldonado con estos elementos? ¿Quién la va aprendiendo así? La operación de Andrade y Clarín fue desmentida por el juez de la causa, pero ¿quién escucha, lee o ve por tele al juez? ¿Cuántos somos los que esperamos la opinión de la familia de Santiago para caminar sobre seguro? Andrade y Clarín fueron desmentidos por el propio juez de la causa, ¿pero cesaron en su intención de desviar la atención? Claro que no. El miércoles difundieron datos sobre la existencia de un posible pozo en el Río Chubut en la cercanías en donde fue hallado Santiago. Por que su nueva barricada es reforzar la versión de que Santiago se ahogó. Y listo. No paran, no van a parar.

 

Pasaron 85 días de la represión de Gendarmería sobre la comunidad mapuche, episodio en el que Santiago Maldonado fue visto por última vez, y aún es confusa y atomizada la investigación sobre los gendarmes que participaron. ¿Qué pasó con los libros fraguados de los Escuadrones de Gendarmería que participaron del operativo? ¿Qué pasó con las camionetas lavadas? ¿Y con los mensajes y llamados entre gendarmes? Pasaron 85 días del último día en que Santiago fue visto con vida durante un feroz operativo represivo de Gendarmería nacional y aún no fue investigado Pablo Noceti, el jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad nacional que lo dirigió. Lo dirigió desde el lugar de los hechos, aunque Bullrich dijo que había pasado “a saludar” a los gendarmes, de pasada. A Noceti no lo llamaron a declarar ni le periciaron el teléfono. Pasaron 85 días de la desaparición forzada de Santiago y Patricia Bullrich sigue siendo ministra de Seguridad, Noceti su jefe de Gabinete y Avruj el secretario de Derechos Humanos, que no tiene ningún prurito en usar el caso para acusar a los organismos de derechos humanos de armar una “guerra sucia” en contra del Gobierno. La guerra no sólo es sucia, es sangrienta. Y las manos de los medios masivos de comunicación y del gobierno nacional huelen a podrido.

 

barro@lanan.com.ar

Nº de Edición: 1799