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“los límites se mezclan todo el tiempo”

músicos que escriben

Antolín, Mora Sánchez Viamonte, Julián Desbats, y Jacqui Casais comparten algo más que la música. Los cuatro escriben narrativa o poesía. Incluso, tres de ellos ya publicaron en editoriales independientes, siempre atentas al presente. No son bichos raros: hay cada vez más músicos que se le animan a la escritura . Hay antecedentes, como Rosario Bléfari, Gabo Ferro, Palo Pandolfo, Boom Boom Kid, Pablo Krantz, Tatiana Goransky, Susy Shock, Ulises Conti, o el flaco Luis Alberto Spinetta con el poemario Guitarra negra, editado hace más de 30 años. Más atrás en el tiempo: Homero Manzi o María Elena Walsh. Más allá, Bob Dylan siempre es candidato a ganar el Premio Nobel de Literatura. Mientras, Nick Cave, Dani Umpi, Morrissey, y Patti Smith también han recibido críticas elogiosas. También se puede nombrar a Leonard Cohen y a muchos más que se alejan de la autobiografía del rock star.

 

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Fotografía: : Caterina G

Antolín es cantautor, dibujante y poeta. Nació hace 33 años en Salta, pero vivió su infancia y adolescencia en Neuquén, para radicarse más tarde en La Plata. “Yo pienso la música como una etapa pequeña en mi vida, algo muy circunstancial, un proyecto más en un contexto donde la escritura siempre estuvo presente, estructurando todo, desde cómics hasta música”, comenta . Su impulso por escribir resultó en poemas publicados por editoriales independientes, como Eloísa Cartonera, Tammy Metzler, Pánico al Pánico y Belleza & Felicidad, entre otras. Antolín, cuyo acercamiento a la literatura fue a través de La metamorfosis, de Franz Kafka, cuenta que Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud, fue algo radical en su vida. A los 16 años, un amigo le repetía de memoria poesías del poeta maldito. Lo llevó a otro mundo.

 

A pesar de que nunca pude entenderlo bien por su hermetismo. Me parecía que era más que un libro, era el acceso a otra visión del mundo, algo así como un manifiesto a descifrar. Me gustaba pensar eso. Pero me pasa con la vida entera de este poeta, es algo que me conmueve hasta el día de hoy y a la que siempre vuelvo, lo que me hace pensar que no fue solo una obsesión de la adolescencia. Incluso llegué a visitar el pueblo natal de Rimbaud, Charleville, en Francia. La empatía que me produce es impresionante.

 

Pero también fue importante en su iniciación literaria, una colección de cuentos clásicos compilados por Ernesto Sábato, Cuentos que me apasionaron.

 

 

Mora Sánchez Viamonte tiene 34 años y además de ser la tecladista de 107 Faunos, es dibujante, profesora de literatura y poeta. Con Antolín comparten Laptra, el sello platense, que con Él Mató A Un Policía Motorizado a la cabeza, ha sido central en las nuevas movidas independientes . Para ella también la música llegó primero y luego las letras. “La música está muy presente en la vida de todo el mundo, solo que hay gente que la hace más consciente y le da más o menos importancia en su vida cotidiana”, dice.

 

De chica siempre leía el mismo cuento, una y otra vez, sobre un caballo. “Empezaba así: ‘Chispa era pony que vivía en la granja del chacarero Gómez. Un pony chiquito, de suave pelaje’. Era como un ritual que me encantaba”, recuerda y agrega: “En ese momento en que aprendés a leer y se abre todo un universo nuevo me pasaba de ir en auto con mis viejos y veía los carteles de publicidades y leía todo en voz alta, y todas esas formas sin sentido cobraban otra dimensión, empezás a ampliar el vocabulario, descubrís cosas nuevas todo el tiempo”.

 

Luego, siguieron círculos de lectores, donde se enviaba y recibía libros por correo, y darle play un audiolibro de El libro de la selva. “Estuve buscando hace un tiempo diferentes audiolibros actuales, y hay unos personajes geniales que leen, así que te elegís uno que te caiga bien y para tramos de colectivo largos (yo me mareo si leo en movimiento) vienen joya: una voz aterciopelada de un señor con acento español que te lee Crimen y castigo mientras mirás el paisaje pampeano por la ventanilla”, comenta. Y llegó a su mano, Robotobor, del olvidado Marco Denevi, uno de los primeros libros que la marcó: “Era un libro para chicos narrado desde la perspectiva del gato de una familia que compra un robot. En un momento la historia en sí terminaba, pero el libro seguía, era como ‘ya terminó pero podés seguir leyendo igual’. Eso me parecía genial. ¬Yo odiaba los finales, y era un momento de la escritura mucho más relajado, porque no había ninguna estructura fija. Creo que eso me conectó con lo que más adelante me iba a interesar más, que es la escritura deforme, honesta y caótica”, cuenta Mora. Más tarde, llegaron J. D. Salinger y Kazuo Ishiguro, entre otros.

 

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Fotografía: Jimena Gala

Julián Desbats, también conocido como “El ruso”, nació en 1984 en Zárate. Es el violero y cantante de Los rusos hijos de puta, y Tarado fue su debut solista. Siempre con inquietudes artísticas, comenzó trazando dibujos, se entusiasmó con los libros, pero se quedó con la música. Aunque hoy, volvió a incursionar en el dibujo (ahora dibuja en un cuaderno de tapa dura con renglones; “los renglones desaparecen con los dibujos”, dice) y a la vez corrige una novela.

 

Elige tu propia aventura, colección de novelas en los que el lector tiene que tomar decisiones para avanzar en una historia, con múltiples finales, fue una de las lecturas que lo enganchó de pibe. Aunque, siempre leyó “de todo”, desde historia del Egipto antiguo a los componentes de un desodorante, pasando por Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft y Charles Bukowski. “Cartas de un viejo indecente, de Bukowski, fue un shock, porque venía de lecturas muy inocentes y este viejo hablaba de prostitutas”, recuerda El ruso. “Ahí empecé a escribir pavadas”, confía.

 

Desde hace más de seis años trabaja a cuatro manos, con su amigo Lisandro Carrizo, una novela “negra fisura”, titulada Cáustica, la semilla de la discordia. Pusieron el punto final en la página 1555, asegura. El libro se gestó en 2010 mientras trabajaban en un call center de Hotmail. Ahora corrigen, con el plan de editar la novela el próximo año y subirla a la web para descarga gratuita.

 

 

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Las pulsiones literarias también atraviesan a Jacqui Casais, cantante y guitarrista de Megafauna. Además de ser poeta, compiló Nunca seré poesía (Milena Caserola, 2015), un libro que reúne por un lado textos de Ricky Espinosa, y por otro, a 33 artistas ―entre ellos, Rosario Bléfari, Boom Boom Kid, Walter Lescano y Sara Hebe― que reivindican su sensibilidad del líder de Flema. También integra el grupo poético La hiedra crece.

 

En Casais, que acaba de cumplir 30 años, el impulso por escribir y componer fue paralelo desde la primaria. “Desde ahí relacionó la creación artística con lo lúdico y la infancia”, dice. La lectura de letras en inglés, la canción latinoamericana, con Violeta Parra y Silvio Rodríguez a la cabeza, influenció su sensibilidad. “Cuando me encontré representada en las canciones de otros sentí necesidad de hacer también las mías”, cuenta. A su vez, “leía cualquier cosa que tenía cerca”, como Socorro, de Elsa Bornemann; Fábulas, de León Tolstoi; Historias de San Petersburgo, de Gógol, o cuentos de Edgar Allen Poe o Roberto Arlt. “En la secundaria me encontré en casa Las venas abiertas de América Latina y me marcó mucho. Más tarde cuando me acerqué a la poesía, me marcó Aullido de Ginsberg y una antología de poetas de argentinos donde conocí y me enamoré de Susana Thenon y me dieron ganas de escribir poesía ya de una manera más comprometida”, recuerda.

 

Por estos días, prepara el lanzamiento de su primer libro de poesía, Me tengo harta, que publicará en los próximos días Puntos suspensivos ediciones.

 

 

―¿Qué diferencias encuentran entre escribir una canción y escribir literatura?
Antolín: ―El proceso creativo es largo para mí, porque comienza con muchas notas a lo largo de años y en algún momento se reordenan en un poema, una canción o un cómic. Nunca lo sé ni lo puedo prever. Así de alguna manera el origen de una canción, poema o cómic es el mismo. Lo que los distingue es la forma final. Y la necesidad también de hacer una cosa u otra. O ninguna. A veces quedan sólo en las notas porque no tengo ganas de hacer nada con eso. Y no sé si eso es literatura. Todo es un juego de formas supongo.

M.S.V.: ―Creo que ninguna. Suena como un cliché, pero es algo que te viene de golpe, esa inspiración. Puede ser una tontería, pero estás en el balcón mirando el movimiento de la esquina y de golpe se te ocurren cosas que decís “esto está bueno para escribir” y ahí sale. Y con las canciones era igual, me acuerdo de estar hablando por MSN y de golpe tenía una melodía en la cabeza y tenía que agarrar una guitarra. Por eso está bueno tener algún instrumento cerca siempre, o algo para grabar o escribir aunque sea un teléfono, porque es medio como la película Memento, si no lo registrás de algún modo después es probable que se pierda. Y también me pasa como dice (Ricardo) Iorio, no es que diga “me siento, voy a escribir algo” como una cosa obligada, prefiero seguir más el vaivén de lo impredecible. Ojo, que no digo que esté mal revisar y corregir, es fundamental eso, pero a mí me divierte más lo inmediato.

Casais: ―Para mí, son dos lenguajes que se nutren mutuamente, pero el proceso es muy diferente. Cuando compongo es porque estoy cantando o tocando, a veces con la guitarra tranqui en casa o a veces surgen ideas de melodías cuando voy caminando o andando en bici, a veces tengo una intro en la cabeza o un estribillo. Cuando escribo es diferente. A veces quiero decir algo puntual, a veces es algo más estético y tiene que ver con generar una sensación más que en decir algo concreto. La poesía no es solo un género sino un recurso estético, y lo uso en las letras de las canciones, en la narrativa y en la música instrumental. Pero como género la poesía, al tener la posibilidad de ser tan libre de forma lo uso también como experimentación y me gusta mucho.

Desbats: ―Escribir canciones y literatura me cuestan un huevazo. Es raro que escriba de un tirón una letra o un capítulo del libro. Con Lisandro guionamos el libro, nos marcamos un camino a seguir para desarrollar la historia. Cuando escribo una canción voy bastante autorreferencial, pero con un libro más catártico, aunque de la música tomo el ritmo para narrar.

 

 

¿Son poesías las letras de canciones? “Sí, rotundamente. Las letras del Gato en los faunos son las poesías más hermosas que leído-escuchado. Hay un montón de imágenes, encuentra las palabras exactas para describir una cosa. También hay ejemplos de poesías a las que le ponen música y terminan siendo canciones”, sostiene Mora. Coincide, Desbats: “Hay letras de canciones que transcienden a la canción, como ‘Construcción’ (Construção, en portugués) de Chico Buarque” (también escritor).

 

Antolín, relativiza: “Yo no sé qué es la literatura. Es quizá un rótulo que se le da a algo según su formato, pero los rótulos siempre van quedando viejos y obsoletos. Sobre todo en esta época donde los límites se mezclan todo el tiempo, con la revolución tecnológica. Así, todo puede considerarse literatura, hasta los chats de Whatsapp (veo ahora que algunos se publican como poemas). Las letras de canciones pueden considerarse literatura, es posible. Pero de ahí a publicar un libro con letras de canciones, eso ya me parece muy poco interesante”.

 

Para Casais, “la canción es un género literario”. “Con esa perspectiva compilé Nunca seré poesía”, agrega la cantante de Megafauna, autora de la plaqueta Pop dramático y el libro Me tengo harta (Editorial Puntos Suspensivos), cuyo epígrafe son canciones de Flema y Sr. Tomate. Y apunta que “la música y la literatura son dos lenguajes que se nutren mutuamente, aunque el proceso es muy diferente”.

 

Aunque una disciplina prevalece sobre la otra, los cuatro se entrecruzan de manera natural con otros lenguajes y disciplinas. Así, hacen canciones, las tocan y la escritura es una faceta más en sus búsquedas estéticas, mientras suben a un escenario.

 

lee@lanan.com.ar

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