/Fuira

borges, te toca ir al arco

pelota de papel

Fotografía: Gentileza "Pelota de Papel".

Primer acto
Un defensor central que tres días antes estaba sentado en el banco de suplentes de su equipo y que saltaba a la cancha a los 42 minutos del segundo tiempo para terminar de afianzar el triunfo ante su público, ahora está sentado en una silla, sobre un escenario y en la Biblioteca Nacional, frente a un auditorio que lo contempla con atención.

 

Segundo acto
Un arquero grandote que minutos antes se estaba revolcando de un palo al otro en uno de los habituales ejercicios de coordinación y reflejos, ahora habla en tono bajo y pausado, está en una pensión y les dice a un grupo de 50 pibes que sueñan con llegar a la tapa de un diario que la lectura también es un entrenamiento. “Cuando ustedes vuelven de las vacaciones y empiezan a correr, al principio, duele. Entonces, hay que ir de a poco: corrés cada vez más y cada día duele menos hasta que ya no duele. Leer es lo mismo. Cuando arrancás, te quedás dormido. Pero es entrenamiento. Después deja de pasar. Para leer hacen falta músculos también”.

 

Tercer acto
Los chicos de séptimo grado de la Escuela 6.225 de María Teresa, en Santa Fe, ensayan una coreografía en el patio del colegio. Se escucha un tango remasterizado. “Yo sé que me espera / la consagración”, culmina “El sueño del pibe” y los pibes en ese mismo instante gritan un gol con alma y vida. Los inspiró el cuento de un ídolo de River al que posiblemente nunca hayan visto jugar. No lo vieron a Aimar, pero lo leyeron. Y ahora Pablito, ya Pablo, el que narró su sueño y el de esos nenes de séptimo, ahora está sentado, señala el libro que tiene su nombre, menea la cabeza y dice que se le hace difícil inculcarles a sus hijos el hábito de la lectura. “¿Cómo competís con la tecnología, con un aparato con el que pueden manejar a Messi?”.

 

“Si un solo pibe desembarca en el mundo de la literatura por este libro, la misión está cumplida”, dice Juanky Jurado, el periodista que funcionó como conector para unir a las tres patas –jugadores, prologuistas y artistas- que conforman la obra llamada “Pelota de papel”. La presentación formal de esta pieza es simple: un libro con 24 cuentos escritos por futbolistas, exfutbolistas y entrenadores, cada uno acompañado por el prólogo de un escritor y por el dibujo de un artista. Pero hay mucho más que esto. Hay pasillos que salen para todos lados. Dos extraños que se vuelven a encontrar como tantas otras veces pero de una manera distinta. La literatura y el fútbol. Que lo cuente Ariel Scher, uno de los periodistas que mejor sabe moverse por esta mágica mixtura y el editor general de los cuentos de “Pelota de papel”.

 

pelotapapelmessi_nan2016
Fotografía: @PatonGuzman

“Este libro logró algo maravilloso que fue obligarnos a tirar a la basura muchos prejuicios. Y darnos cuenta además de que teníamos prejuicios que no sabíamos que existían. Todos tenemos canales de expresión y buscamos expresarnos de alguna manera: los futbolistas lo hacen pateando una pelota, porque saben hacerlo; nosotros, que no sabemos, buscamos otro canal, a través de la escritura. Pero lo que descubrimos a través del libro es que muchos futbolistas ya hacían el intento de escribir. Solo debimos acompañarlos para que esos cuentos que, hasta el momento compartían con sus esposas o con algunos amigos, salieran a la luz. Pusimos a circular la iniciativa y nos ayudamos entre todos. Creo que la escritura fue una posibilidad de encontrar maneras de decir lo que los jugadores querían decir. Algunos homenajearon a su padre, otros a su barrio, otros a un amigo que ya no está. Pero todos tenían algo para decir”.

 

—¿En qué ambiente hay más prejuicios, en el de la literatura o en el del fútbol?
—Yo creo que hay una estigmatización muy grande: un futbolista solo puede jugar al fútbol y listo, nada más. Eso está muy instalado a nivel social. Pero hoy muchos padres y madres nos dicen que sus hijos se iniciaron en la lectura a través de “Pelota de papel” y eso es muy importante. Porque los chicos se acercan a leer a personajes que idolatran o que reconocen más cercanos. Eso es lo mejor que nos pasó: la devolución, el después. Que el Chino Saja se pare delante de un grupo de chicos en una cárcel de menores. O que Sebastián Domínguez exponga en la Biblioteca Nacional. O que el libro llegue a las escuelas. O que Nahuel Guzmán se lo regale a Messi para el cumpleaños.

 

tapapelotadepapel_nan2016
Fotografía: @LibroPelota

Fernando Cavenaghi cuenta la historia del loco del pueblo, ése que tranquilamente podría haber sido él de no haber sido por el fútbol. El Patón Guzmán narra con ternura las particularidades del puesto de arquero y las de convivir de una forma extraña con lo más lindo del fútbol que son los goles. Pablo Aimar se acuerda de su viejo, de su pueblo, del potrero y de esas historias que no importa si son exactamente así como queremos que sean y como seguiremos contando. Sebastián Domínguez le da una vuelta de tuerca fenomenal a un instante, a un momento tan perfecto que puede quedar grabado más de una vez en la cabeza y en el corazón…

 

Todo empezó cuando tres jugadores en actividad, que comparten la amistad y el gusto por la literatura, se animaron a darle forma a una idea. Seba Domínguez y los uruguayos Agustín Lucas y Jorge Cazulo charlaron con Juanky Jurado, quien enseguida se subió al barco. La fórmula primaria consistía en conseguir al menos a 11 futbolistas para tener un “equipo”. Pero el boca a boca fue creciendo y el número llegó a 24 cuentistas. Escriben Roberto Bonano, Javier Mascherano, Facundo Sava, Jorge Valdano, Jorge Sampaoli y muchos más. Cada historia está acompañada por su prólogo (de Eduardo Sacheri, Alejandro Dolina y Ezequiel Fernández Moores, entre otros) y el triángulo lo completa un grupo de destacados artistas que ilustró los cuentos con la coordinación de Sebastián Domenech y Augusto Costhanzo. No solo de hombres se trata la cosa, también participaron la exjugadora Mónica Santino, las periodistas Ingrid Beck, Paula Rodríguez, Débora D’Amato y Verónica Brunati y las artistas Paula Adamo, Flor Balestra y Alejandra Lunik. Los fondos recaudados por la venta del libro son destinados a entidades benéficas, en Argentina y en Uruguay. Y mientras el bollito de papel sigue rodando por todos lados, ya empieza asomar la posibilidad de un nuevo partido.

 

“La presentación en la Feria del Libro ya fue algo raro”, arranca Juanky Jurado. Y encara hacia adelante: “Era un lugar medio incómodo, donde todo pasa rápido y hay mucha gente que va de un lado al otro… Después llegó el turno de la Biblioteca Nacional y ahora el Congreso del Fútbol. Son lugares en los que no es común ver a un futbolista. Lo que buscamos ahora es llegar a los lugares a los que no llegan los libros: a las pensiones, a los clubes de barrio, a las cárceles, a las escuelas rurales. Los chicos les tienen miedo a los libros. Y es lógico, dan miedo. Vos te encontrás con un montón de páginas en blanco, llenas de letras y líneas horizontales… Es más, los grandes tampoco leen. Lograr que grandes y chicos empiecen a leer a partir de ‘Pelota de papel’ es lo más importante que nos puede pasar”.

 

—¿Cómo fue esa devolución en las escuelas o en la cárcel?
—Fue muy interesante. Cuando fuimos a la cárcel de menores, por ejemplo, descubrimos que el 80 por ciento de los chicos que estaban ahí había jugado al fútbol. “Yo me probé en Defensa y Justicia, yo me probé en Chicago, yo estuve en Banfield…”, decían. Y ahí está la cuestión. En que los pibes puedan terminar los estudios, porque son muy pocos los que logran llegar a ser profesionales. Y si no llegan, tienen que tener las herramientas para poder hacer otra cosa. El único objetivo del libro es fomentar la educación, que los pibes lean y estudien y terminen el Secundario. No hay otro objetivo.

pelotadepapelvilla_nan2016
La presentación del libro en la Villa 31. Fotografía: Gentileza “Pelota de Papel”.

 

—Hablamos de los chicos, de las escuelas y de las cárceles, pero también se hace difícil meter los libros en el fútbol.
El fútbol es un ambiente muy cerrado. El tipo que aparecía en un vestuario con un libro era visto como un pelotudo. No hay espacio para la sensibilidad. Está mal vista. Pero de a poco van entrando nuevos intereses en el fútbol. Ya entró la música, ahora empieza a entrar la literatura…

 

—Volver, al menos desde la ficción, a la época en la que jugaban con una pelota de papel.
—Sí, claro. Por eso el título. Tenía que ser “Pelota de papel” porque es con la que se juega en la escuela. Y la escuela es el lugar en el que aprendemos a leer, a escribir y a dibujar, que son las tres cosas que hacemos en el libro.

 

Sebastián Domínguez lo hizo. Un futbolista sentado sobre el escenario de la Biblioteca Nacional. Tres días antes tiraba la pechera en el banco de los suplentes y saltaba a la cancha para jugar los últimos minutos en el triunfo de su Newell’s contra Atlético Tucumán en Rosario. Ahora juega otro partido. “Todo el mundo piensa que los jugadores no leemos o que lo único que nos interesa son los autos, las mujeres y la plata. Pero no es así”, remata.

 

De prejuicios, de educación, de jugar. De animarse. De todo esto se trata. Como dice Agustín Lucas, futbolista y escritor, desde el otro lado del charco. “Este libro busca romper con todo lo establecido, con las costumbres. ¿Por qué los jugadores no nos podemos llevar bien con las letras?”.

 

fuira@lanan.com.ar

/A-
GEN
-DA