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las cuentas regresivas de lopérfido

cultura activa

Ilustración: Juan Manuel Puerto

“Lo renunciamos”, reza el cartel. Lo sostiene alguien anónimo con la careta de Lopérfido en la puerta del Teatro Colón durante los festejos del Bicentenario de la Independencia. El exministro de Cultura porteño renunció, finalmente, después de tres meses de reclamos, de negar a los 30 mil desaparecidos. El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, aseguró que el paso al costado del miércoles 6 de julio fue porque “fue agotador encarar simultáneamente tres tareas de semejante relevancia” y por eso ahora Darío Lopérfido continuará sólo como director artístico del Teatro Colón y presidente de Opera Latinoamericana (OLA). Pero no. La renuncia fue por la acción continua, con el cuerpo y las ideas, de un colectivo anónimo de artistas que luchan por otra cultura.

 

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Hace diez minutos que Ricardo y Juan discuten sobre el mismo tema y podrían seguir horas, porque los dos tienen razón.

 

—Sé que lo que planteas es muy importante pero todavía tenemos que decidir lo de la imprenta porque es sábado, nos faltan muchas cosas urgentes y el miércoles tenemos una acción.

 

Juan entiende que hay que ser expeditivos y va a seguir firme en esa idea. Pero va a llegar a su casa y va a escribir un mail largo con todas las ideas que expuso Ricardo. Lo va a releer dos o tres veces y se lo va a mostrar a Paula un par más. Le va a cambiar cosas. Lo va a imprimir. Se lo va a mandar a Gustavo. Lo va a volver a leer. Pero ahora tiene que decirle a Ricardo que todo eso puede esperar. Porque todavía hay que decidir lo de la imprenta. Porque el miércoles hay una acción. Es abril y afuera llueve. Todavía faltan dos meses para que renuncie Lopérfido.

 

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Es gracioso y es grotesco, pero la misma señora que ahora agarra con asco el volante en las escalinatas del Teatro Colón se va a creer dentro de un tiempo esa idea instalada de que todo fue “una operación de Clarín”.  (Hay demonios tan grandes que se comen a todos los demás) No es que se va a olvidar del moño plateado que esa noche usa el otro Juan, ni de los tacos forzados de Verónica ni de los movimientos rápidos de Andrés. Tampoco de que en el volante que le da el grupo de artistas está en grande la cara del tipo que programa lo que está por ver, con una leyenda en negro que dice “Persona no grata para la cultura – Renuncia YA!”. Es que su andar por la vida no le va a dejar creer que una consigna escrita en un papel pueda tener la fuerza para salirse de él. No le va a dejar aunque se lo diga el propio Clarín. (Pero uno es siempre más que sus demonios).

 

Por eso se muerde el labio y hace un bollo al papel. Por eso le dice al marido que cómo puede ser, que quién dejó que esta gente esté ahí haciendo eso, que quiénes son para pedir una cosa así. Que Darío Lopérfido dijo la verdad sobre los desaparecidos: que no fueron 30 mil, que ese fue un número que se arregló en una mesa chica para cobrar subsidios. Que no quiere que le inventen nada más.

 

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Nayla grita del otro lado de la reja que no la dejan entrar. Hay doce patovicas en la Casa de Gobierno porteño y un solo candado, pero a ninguno le conmueve Nayla lo suficiente como para hacerlo girar. Afuera quedaron un montón. La cita era a las 11.30 de ese 3 de marzo, pero 13.25 entre cuatro estaban cerrando el portón. No es que no les importe esa situación, es que el objetivo de los de adentro ahora es otro: saber si Larreta lo va a sacar a Lopérfido o si lo va a dejar. La semana pasada le dejaron una carta que hasta firmó Juan Manuel Serrat. Nadie lo quiere a Lopérfido en sus cargos. Todos quieren que renuncie ya. Vanina se acerca a cada rato a los que quedaron afuera, ahí en la Casa de Gobierno porteño, y les dice que esperen, que ya llamaron a alguien de adentro y que los van a dejar entrar. Que hay que esperar. Que hay que hacer como hizo ella en la vida y esperar.

 

Cuando los diarios ya den por hecho, dentro de tres meses, lo que Larreta en un rato les va a negar, ella va a seguir pidiendo prudencia por un rato. Hasta que salga el comunicado oficial y entonces sí, por primera vez, se permita llorar.

 

Pero mientras tanto hay que esperar. Porque adentro quedó Taty Almeida y quedó Estela de Carlotto. Porque adentro todo se empieza a jugar.

 

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Fotografía: Trabajadores de la Cultura

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Cuando por fin escucha los cantos, hace ya media hora que Alejandro espera impaciente en la puerta del Teatro Colón. Se despegó del grupo de artistas hace un rato, durante la lectura del documento de los organismos de derechos humanos, y se perdió en la multitudinaria “Plaza del Pueblo” y no los pudo volver a encontrar.  “¡¡Dale, loco!! ¿Dónde estáaaaaan?!”, grita al aire, un segundo antes de ver aparecer a todos los demás. Es un espectáculo conmovedor: son más de cien, ahí donde hace una semana repartiendo volantes eran menos de veinte, sintiendo en el pecho que son treinta mil. Y bailan. Y saltan. Y gritan. Y le cantan a las cámaras “che Darío, che Darío”. Y le cantan “cuándo renuncias”.

 

Es 24 de marzo y no habrá nunca tantos como hoy. Salvo el 8 de julio, en los festejos del Bicentenario, que también van a ser un montón. Lopérfido ya no será ministro de Cultura porteño pero sí aún director artístico del Colón, y entonces habrá que decirle a Larreta que con eso no alcanza, que para Lopérfido ningún cargo público más. Pero para eso falta.

 

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Manuela toma nota en un cuaderno. Cata faltó a la asamblea, así que es la única responsable de la Comisión de Actas que está presente hoy. Quiere ser lo suficientemente fiel para que los que no vinieron, como Cata, pueden tener un resumen que esté bien. Pero sobre este intercambio no sabe qué anotar, porque piensa como Ricardo pero entiende como Juan. Entonces mira por la ventana y piensa cómo se va a ir. El miércoles también va a llover, pero todavía no lo puede saber.

 

Tampoco pueden saber, ni ella ni ninguno, si los que custodian La Usina del Arte los van a dejar entrar o si la presentación del Bafici será para prensa nada más o también para público general. Pero por las dudas hacen un recuento de los carteles que quedaron de la última acción y evalúan la posibilidad de hacer algunos más. Porque quieren expresar allí de nuevo que “Lopérfido en Cultura no”, que “Lopérfido en Cultura no va más”.

 

Algo va a pasar de acá al miércoles, porque ninguno de los casi treinta artistas que están en una sala de Villa Crespo llena de humedad van a estar a mitad de semana donde ahora dicen que van a estar. En cambio se van a enterar por mensaje de que el ministro volvió a hablar. De que se peleó con una periodista. De que se hizo eco de sus pasos y de nuevo volvió a negar. Que acusó de “stalinistas”. Que hizo referencia a una “secta”. Que de cultura, ni hablar. Para variar. Pero todavía no lo pueden a saber. Y entonces Manuela anota en el cuaderno: “Acción 4 – Lopérfido renuncia YA!”.

 

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El problema de juntarse los sábados es que después casi siempre hay función. Aldana juntó la plata de todos pero se tiene que ir así que le deja la bolsa a Irene que se queda un rato más.

 

—Muchachos, tenemos para cubrir la imprenta. Resuelvan por favor el tamaño del volante y lo que va a decir, así mañana le digo al señor.

 

No sabe Aldana que acaba de desatar otra discusión. Hay una palabra puntual que genera debate. La palabra es “negacionista”.

 

—Para mí no puede no estar. Es la punta de lanza de todo lo demás.
—Yo creo que si ponemos “negacionista” es como que sólo pedimos su renuncia por eso. Pero en realidad también hay que pedirla por lo que es la gestión del tipo en general.

 

No son esta vez Juan y Ricardo, pero podrían serlo. Todos son un poco Ricardo o un poco Juan. En un tiempo, cuando Lopérfido renuncie, esta discusión habrá que darla de nuevo: porque Larreta dirá que su alejamiento del ministerio se debió a que tenía varios cargos y no hará mención a toda esta lucha. No dirá nada de las acciones. No dirá nada del garrón político que le suponía el ministro, ni de las presiones cada vez mayores para que lo renuncie. Simplemente que los dos pensaron que era mejor que se enfocara en el Colón. Así, como si nada.

 

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Fotografía: Trabajadores de la Cultura

 

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Para el sábado que viene hay que cambiar de lugar. La lista de posibles es larga, así que medio que se decide al azar. José María no va a poder ir. Tampoco Gustavo. Pero van a mandar un informe para leer porque en la semana tienen su reunión de Comisión de Registros Audiovisuales y quieren tener listo un estado de la cuestión.

 

Quién sabe en un tiempo, ese material… A lo mejor de la próximas acciones sale algo bueno. Como un video de Larreta inaugurando un programa de gobierno mientras un grupo de artistas irrumpe en el acto con máscaras de Lopérfido. O uno compilando el repudio que harán después de las funciones de teatro para decirle al público que los derechos humanos son su cultura y que nunca, pero nunca más. Quién sabe…

 

Quizás, incluso, en un tiempo, ese mismo material le sirva a alguien que todavía se crea la de que fue Clarín. La de que al ministro de Cultura porteño lo renunció Clarín. Pero para eso falta porque todavía es abril y afuera llueve. Todavía falta que Juan llegue a la casa y redacte el mail con las ideas de Ricardo. Todavía falta que se lo mande a Gustavo.

 

Todavía faltan al menos dos largos meses para que renuncie Lopérfido al ministerio. Ahora quién sabe cuántos para que lo haga al Colón.

 

Por eso el sábado que viene hay reunión.

 

rastros@lanan.com.ar