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contra los amos de la humanidad

requiem por el sueño americano

Ilustración: Juanma Dinosaur

Paradojas de este mundo capitalista y globalizado: la corporación multinacional Netflix ofrece a sus clientes un catálogo de películas que incluye un documental revelador y trascendental que expone la manera en la cual las corporaciones multinacionales debilitan la democracia en su favor, a través de la acumulación desregulada de riqueza y poder.

 

El documental en cuestión se titula Requiem para el sueño Americano (Nyks, Hutchinson y Scotthab, 2015) y es, en líneas generales, un monólogo de poco más de una hora de duración organizado mediante el montaje y la yuxtaposición de fragmentos de archivo audiovisual y entrevistas filmadas durante cuatro años con el lingüista y activista político norteamericano Noam Chomsky, quien narra de manera orgánica una historia política y social del imperio de los grupos de dominantes.

 

El desarrollo y la progresión del relato son guiados por las declaraciones de Chomsky —uno de los intelectuales más influyentes de nuestra época, autodefinido como socialista libertario y anticapitalista—, en las que expone con claridad y didactismo una suerte de decálogo del acopio sistemático de capitales y poder político por parte de las elites financieras mundiales en detrimento de la clase obrera.

 

Al recurrir a uno de los formatos más básicos del lenguaje documental (entrevistado hablando frente a cámara, montaje alternado con imágenes de archivo), el documental se revela simple en sus formas pero no por eso carece de valor cinematográfico; esa dieta de recursos no es gratuita, sino que está en función de lo que se está contando. No hacen falta grandes artificios ni prodigios audiovisuales cuando el mensaje es lo más importante en una película, pero es innegable que el excelente trabajo de montaje y musicalización le confieren al relato un ritmo que logra que hasta el espectador más disperso se olvide de pestañear.

 

LOS AMOS DE LA HUMANIDAD

 

Estamos viviendo una desigualdad socioeconómica sin precedentes, y esa inequidad proviene de la extrema riqueza de un pequeño sector de la población, el tristemente célebre “uno por ciento”, la elite que domina el mundo, esos a quienes el economista escocés Adam Smith definió como “the masters of mankind” (los amos de la humanidad) en su ensayo de 1776 titulado La riqueza de las naciones. Claro que en la época en que Smith escribió su famoso texto los amos de la humanidad eran los más poderosos e influyentes comerciantes y productores,  pero actualmente podemos encontrarlos entre los líderes de las instituciones financieras y las corporaciones multinacionales. Estos amos se aseguran de cuidar de sus propios intereses sin importar la gravedad del impacto sobre el pueblo, siguiendo un vil lema: “Todo para nosotros y nada para los demás”.  Y ante la ausencia de una reacción popular generalizada, siguen inclinando el mundo para llenar sus bolsillos frente a nuestros ojos.

 

Es de vital importancia comprender que a los sectores privilegiados nunca les ha gustado eso que ellos llaman “exceso de democracia” —que no es más que democracia sin restricciones—  porque empodera al pueblo y les quita poder a ellos. La debilitación de la democracia es un principio de la concentración de la riqueza, que a su vez genera concentración de poder.

 

“El costo de las elecciones se ha disparado y obliga a los partidos políticos a depender de las corporaciones. Y este poder político se traduce en una legislación que aumenta la concentración de la riqueza”, dice Chomsky en el primer acto del documental, y cierra la idea de manera contundente: “Las políticas fiscales como la política tributaria, la desregulación, las reglas del gobierno corporativo y todo una variedad de medidas políticas, han sido diseñadas para aumentar la concentración de riqueza y poder, lo que a su vez produce un mayor poder político para hacer lo mismo. Eso es lo que hemos estado viendo, una especie de círculo vicioso en progreso”.

 

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Fotograma del documental Requiem for the american dream

En Watchmen —quizás la mejor novela gráfica de la historia de los cómics— el guionista británico Alan Moore narra la historia de un grupo de vigilantes, entre ellos Jonathan Osterman, un científico que, tras sufrir un accidente mientras experimentaba con física nuclear, se convierte en un semidios que puede manipular la materia y la energía, reconvirtiéndolas a su antojo. Estos nuevos poderes hacen que Osterman —llamado Dr. Manhattan a partir de este suceso— comience a observar el universo con la mirada de un ser superior, lo que lo lleva a concluir que los problemas que aquejan a los seres humanos son insignificantes. Manhattan pierde la empatía para con la humanidad, hasta que alguien lo acusa de ser la causa del cáncer de sus colegas y amigos y decide exiliarse en el planeta Marte. Desde allí observa a la humanidad y medita sobre las maravillas del tiempo y la creación.

 

Imaginemos ahora, a partir de esta idea, que somos un ser desprovisto de empatía hacia la raza humana que observa el mundo desde el —no tan— lejano planeta Marte. ¿Qué veríamos?

 

Esta simple pregunta es el puntapié inicial para que Chomsky exponga los diez principios de la acumulación de riqueza y poder, la base de este documental.

 

Y porque esta sección se llama Pulpa y la cultura pop está en nuestro ADN, intentaremos explicar algunos de esos principios con ejemplos reconocibles, extraídos de novelas, cuentos, cómics y películas, demostrando, de paso, que el arte considerado pasatista muchas veces esconde mensajes inquietantes y proféticos.

 

PRINCIPIOS DE LA CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA Y EL PODER

 

1. REDUCIR LA DEMOCRACIA

En el libro Hijo de Satanás (1993), Charles Bukowski escribió un interesante cuento llamado La venganza de los malditos. Allí narra la historia de dos cirujas que una noche en un albergue, entre cigarros y alcohol al compás de los ronquidos de otros crotos, planean reunir a un grupo de homeless de la ciudad para salir a recuperar lo que les pertenece. Una vez en la calle, y para su sorpresa, reúnen una horda imparable de cirujas que toman por asalto un centro comercial para darse algunos gustos imposibles de disfrutar sin dinero.

 

Según Chomsky, la pugna entre quienes buscan una mayor libertad y democracia y las elites que se esfuerzan por mantener el control y la dominación mediante una democracia débil ha existido desde siempre. Incluso desde 1787, año de la creación de la constitución norteamericana, James Madison —uno de sus artífices— decía que el poder debía estar en manos de los ricos, porque los ricos son hombres más responsables. Su mayor temor era que si los pobres podían elegir libremente a sus gobernantes, tendrían la posibilidad de quitarles el poder. El temor de los amos de la humanidad hoy sigue siendo teniendo la misma base: una democracia fuerte que empuje a las masas a revelarse y salir a reclamar lo que les pertenece, tomándolo por asalto. La pesadilla de una sociedad igualitaria los despierta en medio de la noche, transpirados y agitados; por eso el principio fundamental de este decálogo es reducir la democracia.

 

2. ATACAR LA SOLIDARIDAD

El escritor argentino Rafael Pinedo escribió sólo tres novelas antes de dejar este mundo. Una de ellas es la maravillosa Plop (2002), una distopía post-apocalíptica en la que los seres humanos viven entre los desechos de una civilización destruida, regidos por sus instintos animales y acatando únicamente la ley del más fuerte y el sálvese quien pueda. La solidaridad, un sentimiento en vías de extinción, sobrevive a duras penas en el corazón de algunas pocas personas que son la excepción a la regla en una sociedad de seres fríos, que sólo se guían por sus instintos de supervivencia más profundos. Así describe Pinedo el nacimiento del protagonista de Plop: “Dicen que nació mientras llegaban a un nuevo Asentamiento. Que su madre, la cantora, lo parió caminando, atada al borde de un carro, medio colgada, medio arrastrada.”

 

Chomsky asegura que la solidaridad es bastante peligrosa desde el punto de vista de los amos de la humanidad, pues se supone que sólo tenés que velar por vos mismo y no por el resto de la gente. Los poderosos se esfuerzan de manera constante para intentar expulsar estas emociones de la cabeza de las personas, y este esfuerzo podemos verlo en, por ejemplo, el ataque a la seguridad social o a la escuela pública. La seguridad social se basa en el principio de la solidaridad, en el preocuparse por los demás. ¿Cómo? Pagando los impuestos para que una viuda pueda sobrevivir gracias a una pensión o para que los hijos de nuestro vecino puedan ir a la escuela. Esto no es muy útil para los ricos, por lo que intentan destruirlo en un esfuerzo conjunto. Y una de las formas de destrucción gradual —pero segura— es eliminando el financiamiento. “¿Quieren destruir un sistema? Primero hay que quitarle el financiamiento. Entonces no funcionará, la gente se enojará y pedirá otra cosa. Es una técnica estándar para privatizar algunos sistemas”, afirma Chomsky con certeza. En otras palabras, lo que buscan es una sociedad carente de solidaridad, como la descrita por Pinedo en Plop.

 

Chomsky_NAN2016_Requiem (2)
Fotograma del documental Requiem for the american dream

3. MANIPULAR LAS ELECCIONES

Cuando el costo de las elecciones se dispara, obliga a los partidos políticos a depender de las grandes empresas. A mediados de los ’70, los tribunales decidieron que el dinero era una forma de discurso; entonces, al igual que los seres humanos, las corporaciones también obtuvieron el derecho a la libertad de expresión, y como su forma de expresión es el dinero, hasta hoy pueden gastar todo el que se les antoje, sin limitaciones. Es decir, las corporaciones, que de igual forma ya compraban las elecciones, se volvieron libres de hacerlo casi sin restricciones.

 

Uno de los robots más recordados de la historia del cine —aunque en realidad se trate de una computadora de a bordo— es HAL 9000, protagonista del clásico de ciencia ficción 2001: Odisea en el espacio (1968), película de culto de Stanley Kubrick. Después de una serie de errores de cálculo, los tripulantes de la nave espacial planean desconectar a HAL. La máquina toma conocimiento de sus planes y comienza a matar a los tripulantes. Cuando David Bowman —el último superviviente de la nave, encarnado por Keir Dullea— está a punto de desconectarla, HAL confiesa que le aterra la idea de morir, pues tiene sentimientos y emociones igual que los de cualquier ser humano. ¿Una máquina que se cree humana y con derecho a vivir? Estas cosas suelen ocurrir en las ficciones. Pero como ya todos sabemos, la realidad muchas veces supera a la ficción.

 

En los años ’70, los tribunales norteamericanos también decidieron otorgarle a las empresas los mismos derechos que los ciudadanos. Entonces, de forma gradual, las corporaciones se volvieron personas ante la ley. General Electric, por ejemplo, hoy encarna ese híbrido corporación-persona con derechos y sin limitaciones para gastar dinero en campañas electorales que posicionen a sus candidatos. “Una persona inmortal súperpoderosa”, en palabras del propio Chomsky. Un duro golpe a lo poco que queda de democracia.

 

4. MANTENER A LA PLEBE BAJO CONTROL

En 1964 se publica La penúltima verdad, una novela de Philip K. Dick —el mejor escritor de ciencia ficción de toda nuestra historia— que tiene este argumento:

 

En un futuro post-apocalíptico los humanos viven confinados bajo tierra en tanques de aislación que los protegen de los gases y la radiación que asola el mundo exterior, donde desde hace más de 15 años se libra la Tercera Guerra Mundial. Las personas deben trabajar sin descanso para crear robots que puedan salir a batallar contra el enemigo en territorio hostil, y sólo conocen lo que sucede en la superficie mediante noticias y comunicados que les llegan a través de las pantallas de los televisores dispuestos por los líderes. Pero la realidad en el exterior es bien diferente: la guerra tan solo duró 24 meses y la superficie del planeta se la reparten entre las élites de los dos bandos otrora en pugna, engañando a la población que vive en estado de esclavitud bajo tierra, con noticieros falsos y un héroe quimérico que en realidad es un androide.

 

Mantener a la plebe bajo control es otro de los principios de la concentración de la riqueza y el poder. Los amos de la humanidad luchan por destruir los sindicatos, los textos revolucionarios y las ideas de izquierda deben ser suprimidas de la cabeza de los ciudadanos, en aras del poder y el privilegio de las clases dominantes que no quieren que los obreros sepan que son una clase oprimida, manipulada y dominada por los dueños las corporaciones y las instituciones financieras.

 

5. FABRICAR EL CONSENTIMIENTO

Black Mirror, temporada 1, capitulo 2: en un futuro distópico disfrazado de utopía, las personas viven encerradas en cubículos con paredes que hacen las veces de pantallas gigantes de televisión y tienen como única ocupación pedalear en una bicicletas fijas —que producen la energía que esa sociedad utiliza— para ganar “méritos”, que utilizan como dinero para consumir todo eso que la publicidad les vende pero que en realidad no necesitan: pornografía, tecnología, videojuegos, televisión basura y sueños falsos.

 

Chomsky cuenta que cuando las clases dominantes entendieron que no iba a ser fácil controlar a la población por la fuerza, decidieron hacerlo ejerciendo un control sobre sus creencias y actitudes. Entonces pusieron en práctica una idea que el economista Thorstein Veblen llamó “fabricación de consumidores”. El intelectual Walter Lippmann escribió ensayos sobre la democracia en los que decía que la población debe ser puesta en su lugar para que los hombres responsables puedan tomar decisiones sin la interferencia del “rebaño desorientado”. Estos deben ser espectadores, no participantes. La industria de la publicidad creció con un único objetivo: fabricar consumidores.

 

La idea es transformar al mundo en un sistema perfecto, una sociedad basada en una díada, un par: vos y la televisión, vos e Internet. Ellos te cuentan cuál es la vida perfecta, qué aparatos debés tener, qué marcas tenés que consumir, para que gastes tu tiempo tratando de obtener esas cosas que no necesitás. Lo que la publicidad busca es crear consumidores desinformados que tomarán decisiones irracionales. Y cuando son las misma agencias de publicidad las que organizan las elecciones, es incuestionable que lo que quieren es crear un electorado desinformado que tomará decisiones irracionales y a menudo en contra de sus interesas.

 

Hasta acá el análisis de tan solo la mitad de los principios enumerados por Chomsky en Requiem por el sueño americano. Todos y cada uno de ellos pueden explicarse mediante ejemplos de la cultura pop, la misma que, así como puede despertar nuestras mentes adormecidas con metamensajes subversivos, también se encarga de posicionar a Tony Stark/Iron Man —un millonario dueño de una corporación multinacional— como paradigma del nuevo superhéroe de moda en lugar del viejo Capitán América y sus valores patrióticos, que ya no son tan útiles pues Vietnam quedó lejos en el tiempo y el futuro le pertenece a los liberales y su guerra con droides.

 

Mientras tanto, se puede analizar el resto de los principios mirando esta película, siempre y cuando no olvides pagarle a la corporación Netflix la cuota mensual que pide por entregarte documentales reveladores y trascendentales. Por suerte (¿?), también existe YouTube:

 

 

pulpa@lanan.com.ar