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una pluma, muchas mariposas

poetas internados, poesía libre

Fotografía: Darío Cavacini, integrante del colectivo fotográfico Veinticuatro/Tres

Dánae Castillo nació en la provincia de Murcia el 15 de septiembre de 1964, junto a una hermana gemela que falleció a la temprana edad de tres meses. Hija menor de un ferroviario con el que tenía una relación ambivalente, que oscilaba entre los maltratos y el alcohol, y una ama de casa quien llevaba la marca de la bipolaridad grabada en su ánimo, tuvo una infancia nómade que transcurrió entre Alicante, Asturias y Palencia. Esa itinerancia que la transformó en una pésima estudiante y le impidió terminar la escuela, al mismo tiempo la convirtió en una voraz lectora de todo lo que encontraba a su alrededor, especialmente los libros de García Márquez que le robaba a su hermano mayor. Instalada en Madrid desde los siete años y huérfana desde los once, su vida de tragedia griega ha sido la primera inspiración que le permitió usar la literatura como un diario íntimo en retrospectiva para reconocer sus deseos más primitivos e intentar hacerlos realidad.

 

Al rememorar esos orígenes cargados de viejos sinsabores, las palabras la ahogan por dentro y los recuerdos la entumecen por fuera como una actualización demasiado vívida que se entremezcla con el sufrimiento por el que atraviesa desde que la nombraron paciente psiquiátrica: “Cuando me incapacitaron laboralmente debido a mi enfermedad, sentí que todo se desmoronaba a mi alrededor. Fue ahí que empecé a escribir de forma autodidacta, tenía mucho tiempo libre y muchas cosas para decir. Necesitaba plasmar mis sentimientos, miedos e historia por escrito”. Cargar con el mismo diagnóstico que su madre y haber estado internada en varias oportunidades fueron experiencias que le dificultaron realizarse como persona, coartándole los derechos civiles indispensables para todo ser humano, haciéndola naufragar por ríos sin agua ni compañía.

 

Ser dueña de tal estigma la obligó a modificar su concepción de la realidad y la hizo una persona mucho más consciente de su situación social y la de miles de personas en toda España. La crisis desatada en Europa, recrudecida en el último tiempo por las políticas de ajuste y segregación aplicadas en el Viejo Continente, dejó al descubierto el desamparo que sufren los sectores más vulnerables de la sociedad. Entre ellos las personas con un padecimiento mental, quienes de a poco van perdiendo la posibilidad de tener una vida digna, exenta de prejuicios y rodeada de libertades: “Por más que muchos estamos estables, con tratamiento, y hagamos nuestras cosas, la desconfianza todavía está presente y se ve en las calles, se siente cuando uno va a buscar trabajo por ejemplo. El Estado da una pensión que no alcanza, por eso muchos viven con sus padres; es difícil con tan poca plata ser autosuficiente”.

 

Sin embargo ha encontrado en su quehacer literario el refugio para afirmarse y subsanar aquello que la sociedad le había negado. Su obra es un buen ejemplo de cómo enfrentar la adversidad y tener un horizonte, pese a quien le pese y guste a quien le guste. Una vez que aprendió a valorar el peso de su propia voz y a decodificarla en versos dolientes, pudo resignificar su historia, enterrar a sus antiguos muertos y confrontarse a los prejuicios que la mantuvieron alejada de su humanidad durante varios años. Dánae es una incansable luchadora que no acepta las convenciones sociales que la acorralaron hasta los límites de lo indecible y las enfrenta con una fuerza poética propia de quien ha hecho de las palabras su mayor convicción. Su vida puede dividirse en un antes y un después de su ser poético; aquel vacío donde el sonido del silencio era el cotidiano que la aprisionaba en el fondo de su propio abismo, hoy es una puerta abierta hacia la construcción de un nuevo universo en el que los matices despojaron a los extremos y las dudas reemplazaron a sus esquemas rígidos, carentes de excepciones.

 

Aquello que comenzó como una forma eficaz de afrontar los obstáculos de la vida diaria se ha convertido en uno de los motivos más poderosos para estar en el mundo sin perderse en sus callejones ni dormirse en sus bancos de plaza. Su sincronía con la poesía le dio la valentía suficiente para atravesar las fronteras del silencio, romper la desolación que le provocaban los versos no escritos y superar su miedo ante la mirada ajena. El paso de los años y sobretodo la aparición de Juan Antonio, su compañero de vida y literatura, le permitió profundizar su obra hasta erigirla en una válvula de escape de las sinrazones que asedian las calles: “Nos conocimos en una ONG donde yo trabajaba como voluntaria. Ese día como era tarde me acompañó al metro, estuvimos horas caminando y charlando. De a poco fue naciendo el amor que nos tenemos hoy”.

 

Motivada por su obstinada búsqueda de sociedades menos desiguales, ha creado los blogs “Bipolares solidarios” y “Escritores Madrid“, donde comenta y analiza obras contemporáneas tan disímiles como necesarias: “Publicamos lo mejor de cada uno. He conocido muy buenos escritores, muchos de ellos argentinos. Cuando leo un texto de alguien, puedo darme cuenta si esa persona es buena o no. No me fijo tanto en la técnica, es más bien un pálpito que tengo al leer un poema”. Siempre dispuesta a tomar riesgos inesperados, en el último tiempo también ha coordinado talleres literarios intensivos, destinados a personas con enfermedad mental en el centro de salud de Villaverde. Este proyecto, surgido de los encuentros que organizaban con otros escritores en el café La Flauta Mágica del centro de Madrid, le ha dado la posibilidad de desarrollarse como docente y homenajear a sus autores más admirados, como Isaac Asimov, Víctor Hugo, Charles Dickens y Gabriel García Márquez, de quienes utiliza ejercicios y juegos que luego aplica en sus clases.

 

Aunque reconoce que se siente realizada al dar esos talleres, no duda en asegurar que el universo de palabras que ella misma ha creado a su medida le abrió las puertas para clarificar su principal y más quimérico sueño: contar su historia y luchar contra el estigma social que significa un diagnóstico psiquiátrico. La convicción de que otro mundo es posible y que es imprescindible crear ese otro mundo, donde las rotulaciones descarnadas no sean el único destino accesible, la transforman en una idealista fusionada con su propia obra poética. Esta amalgama perfecta de la que solo brotan belleza, valentía y versos desbordados además le ha permitido explorarse internamente hasta encontrar su eje y equilibrar las dos caras de su luna. Para este alma que de a ratos suelta mariposas con su pluma, la poesía es algo que insiste desde muy adentro, una necesidad vital, un corazón que late a ritmo alocado y la ayuda a sentir que todavía está viva y puede morir de amor pero nunca más de soledad.

 

Si yo supiera escribir
(por Dánae Castillo)

 

Si yo supiera escribir…
Idearía para ti
más de un millar
de cartas de amor.

 

Si yo supiera escribir…
Inventaría para los dos
una casa en el borde del mar
donde las olas rompieran con fuerza las rocas.

 

Si yo supiera escribir…
Con tu paciencia
y mi ímpetu
escribiría mil y un poemas de amor.

 

Si yo supiera escribir…
Escribiría un mundo
para nosotros dos
donde no habría cabida
para guerras ni enfermedades.

 

Si yo supiera escribir…
Te pediría de una vez
por todas que dejaras todo
y salieras presuroso a mi encuentro
para nunca separarnos.

 

Más artículos del trabajo documental #PoetasInternadosPoesíaLibre, que retrata a 15 poetas españoles y argentinos con paso por hospitales psiquiátricos de ambos países.

 

rastros@lanan.com.ar
 
Nº de Edición: 1725

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