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la revolución de la agonía

documentalistas en alerta

Gentileza: static.pexels.com

Los documentalistas argentinos están “preocupados” por las políticas que la nueva dirección del Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales (Incaa) prevé destinar al sector. “Todo es una gran neblina”, plantean desde los colectivos que los nuclean: la nueva gestión del instituto, a cargo de Alejandro Cacetta, los recibió en dos oportunidades durante el primer semestre y luego cortó el diálogo, les quitó representación en jurados seleccionadores y deslizó que los lineamientos generales de un nuevo plan financiación para la producción de cine nacional se regirán por niveles de audiencia, sin más detalles. “Si la financiación se da a partir de los espectadores, al cine documental lo matan”, aseguran los referentes de las organizaciones. Esta tarde, integrantes de Realizadores de Cine Documental (RDI), Documentalistas Argentinos (Doca), la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental de Argentina (ADN Doc), la Asociación de Directores Autores Cinematográficos y Audiovisuales (DocuDAC) y la Red Argentina de Documentalistas desarrollarán una jornada cultural de protesta en la puerta del organismo.

 

“Si hacemos un análisis de la situación general que atravesamos este año, la cosa se pone muy complicada”, advierte Virna Molina, de RDI. Entre los elementos puestos bajo estudio para llegar a tal conclusión figuran el atraso en los pagos de subsidios y fomentos otorgados durante la gestión anterior: “Hay una tendencia a dilatar los pagos, la burocracia legal es soporífera para el cine”, denunció. El dato se suma a la interrupción del diálogo, que comenzó con dos encuentros entre las nuevas autoridades del Incaa y las agrupaciones de documentalistas a principios de año y se interrumpió sin más indicios, y señales de “ausencia de políticas para el sector documental”. “Los documentalistas estamos hartos y decidimos expresarlo públicamente”, completó Molina.

 

Gentileza: documentalistas argentinos
Gentileza: documentalistas argentinos

El “cambio” que operó en múltiples niveles de la vida social, política y económica nacional desde que Mauricio Macri ganó las elecciones presidenciales, hace casi un año, también llegó al Incaa. El discurso de desembarco fue diferente al que precedió la llegada de Cambiemos en el resto de los espacios —servicios de comunicación audiovisual, políticas de derechos humanos, políticas de inclusión, por poner algunos ejemplos—. Cacetta, que viene del sector audiovisual de ficción —su última escala antes del instituto nacional de cine fue Patagonik Film Group—, no criticó a las autoridades que lo precedieron, Lucrecia Cardozo y, antes, la diputada Liliana Mazzure. Sin embargo, su llegada al organismo refleja, no obstante, un cambio de paradigma.

 

Cacetta fue designado a mediados de enero pasado por el Ministerio de Cultura a cargo de Pablo Avelluto. Las entidades que agrupan a documentalistas argentinos solicitaron un encuentro con la nueva autoridad, que se concretó a las pocas semanas. “La nueva gestión planteó desde su llegada una modificación de toda la política de fomento del instituto. Nos invitaron a generar propuestas”, contó la referente de RDI. Las presentaron en una segunda reunión, durante la que les agradecieron los aportes. Nunca más los volvieron a contactar. “Nos pidieron propuestas y nunca tuvimos respuestas —apuntó Molina—. Lo que nosotros queríamos era sentarnos a discutir la letra chica del nuevo plan de financiamiento que estaban armando en lo que corresponde al sector documental. Entonces, empezaron a oler el peligro, que hoy es un monstruo grande y peludo parado frente a sus narices. Nadie, hasta ahora, confirmó su existencia. Pero, a ellos, no les cabe dudas de que está ahí.

 

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En una entrevista que ofreció a Infobae no bien asumió en el cargo, Cacetta expresó su preocupación por las audiencias. Entendió como positivo que haya mucha producción, pero “tiene que haber más público”, advirtió. Continúa preocupado por el mismo tema, se ve. A fines del mes pasado, presentó en el organismo que preside los resultados de una “encuesta-concurso” realizado con el público adolescente titulada “¿Qué necesita el cine argentino para que más chicos como vos lo vean?”. Según esa consulta, los chicos piden comedia, ciencia ficción, fantasía y terror.

 

Entre aquel enero y este octubre, el plan para “acercarse a las audiencias” avanzó. “No nos dieron información precisa, pero lo que sí sabemos hasta ahora es que van a plantear el fomento al cine en función de la taquilla, con vías de subsidios a audiovisuales de audiencia masiva y a audiovisuales de audiencia media”, advirtió Molina. Un dato: una película es considerada de “audiencia masiva” cuando supera los 350 mil espectadores. “No hay más de cinco películas al año argentinas que llegan a esta cantidad de tickets. Esos son los ‘tanques argentinos’, son muy pocos. En paralelo, hay muchísimas chiquitas y muchas medias”, aporta Molina.

 

Los colectivos de documentalistas argentinos saben que si la cantidad de espectadores se convierte en la variable estrella de la financiación estatal a la producción “al cine documental lo matan”. “No tenemos salas de dónde recolectar la audiencia, porque vemos una intención clara de sacar al documental de las salas de cine”, advierte la realizadora. En aquella entrevista inaugural de su gestión, Cacetta había planteado que “está bien que se produzca, está bueno que tengamos todos esos estrenos, lo que no está bueno es que no vaya mucho público a verla. Y lo que tenemos que lograr es que vayan a verlas. Lo que hay que encontrar es el lugar adecuado para cada una de esas producciones y lograr conectar con el público. Ese es el desafío que tenemos por delante”.

 

Desde entonces, los Espacios Incaa “quedaron reservados a las películas de ficción argentina”, señaló Molina. El “lugar adecuado” del documental, para la nueva gestión, son las casas Bicentenarios, informó la realizadora: “No son salas de cine. Son habitaciones con sillas de plásticos y una pantalla. Tampoco aseguran acceso masivo”. Otra oportunidad para multiplicar las pantallas desde donde esta clase de producciones audiovisuales podían llegar al público eran las señales que se habían proyectado y que estaban empezando a funcionar en todo el país dentro de la Televisión Digital Abierta, a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. La referente de RDI también tiene malas noticias sobre aquello: “No hay política de activar todos esos espacios de pantalla que habían surgido con la ley, esos que estaban empezando a tomar forma, fueron congelados. Todas las posibles ventanas se cierran”.

 

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La incertidumbre sobre los cambios en el plan de financiación también abarcan la manera en que será aplicado. Es que la flexibilización en los requisitos para acceder a un subsidio para realizar una producción, entre otras cosas, integró una batalla ganada en 2006 por los documentalistas, que lograron la apertura de lo que se conoce como la “vía digital” de financiamiento, una vía de bajo presupuesto a la que se accedía sin el cúmulo de experiencia requerido en otras líneas, más flexible. Antes de la implementación de la vía digital, se estrenaban 10 documentales por año; después, se multiplicó por seis, lo cual significó el surgimiento de nuevos cineastas y un crecimiento de Argentina como polo de reconocimiento mundial en ese rubro. “A partir de esta vía se formaron comités de documentalistas que volvieron muy horizontal y transparente la selección de proyectos a financiar”, comentó Molina. Con la llegada de Cambiemos al Incaa se quedaron sin esa participación: no pueden proponer integrantes de comités seleccionadores. Tampoco saben cómo serán las condiciones de las nuevas vías de financiamiento, “si se van a elaborar jurados, si los documentalistas van a poder integrarlos”, advirtió.

 

El documental es “una mirada distinta de la realidad, aporta formas distintas de contarla y estéticas distintas a ese relato”, ensayó una definición la realizadora, que advierte que ahí, en “la libertad que tiene en relación con la ficción, que está más limitada para experimentar en los cómo” así como en la “vigencia que posee”, los documentales se convierten en “películas necesarias” a las que el “Estado debería proteger. En los últimos años se avanzó, creemos que esa línea debe continuarse”.

 

barro@lanan.com.ar
 

Nº de Edición: 1675