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vecinos contra el agronegocio

encuentro de pueblos fumigados

Ilustración: Horacio Petre

La ciudad entrerriana de Basavilbaso será la sede del “Primer Encuentro de Pueblos Fumigados” de la provincia de Entre Ríos, el próximo fin de semana. Pero el encuentro arrancará antes, el viernes 4, cuando desde Rosario, una caravana de vecinos autoconvocados comience a recorrer poco más de 200 kilómetros, pasando por los pueblos de Victoria, Nogoyá y Rosario del Tala, para encontrarse con sus vecinos entrerrianos. El mensaje es claro: este modelo de producción no da para más.

 

Mariela Leiva es docente en la escuela rural N°44 “República Argentina”, de Colonia Santa Anita, en la provincia de Entre Ríos. El establecimiento educativo se encuentra a unos 40 kilómetros de la ciudad de Basavilbaso. La educadora explica que a 350 kilómetros de la Capital Federal, los fumigan. No importa la hora ni el día, no importa si están los chicos sentados en sus pupitres. Como si fueran plantas transgénicas, como si su vida dependiera del cóctel de medicamentos específicos para plantas genéticamente modificadas, los fumigan, los enferman. Con mayor intensidad durante los meses de mayo y noviembre, época en la que comienza la cosecha, ya sea por aire o de forma terrestre mediante pulverizadores autopropulsados con tractores, ya famosos y conocidos como “mosquitos”.

 

En diciembre de 2014, una avioneta los fumigó en plena clase. ¿Las consecuencias? Todos intoxicados, con erupciones en la piel, ojos llorosos, niños con vómitos y dolores intensos de estómago y cabeza. Ese fue el detonante para dar vida a la campaña “Paren de fumigar las escuelas”, una iniciativa docente frente al atropello de productores, la desidia gubernamental y la necesidad de organizar todas las preocupaciones y encontrar respuestas.

 

Fue en la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos y con el apoyo de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Concepción del Uruguay, que se juntaron varias educadoras para pensar modos de acción. “Necesitábamos saber cómo proceder frente a las fumigaciones, saber de qué manera encarar el tema porque algunos de los productores y los aplicadores, son los padres de nuestros alumnos”, reflexiona Leiva.

 

La primera acción fue la capacitación docente, un protocolo de actuación frente a las fumigaciones y al mismo tiempo, “hacer conocer la ley que debería ampararnos, que está ahí y que nadie la cumple”, agrega esta maestra que aunque sabe que no es una maravilla, está vigente y es una herramienta más de lucha.

 

Fotografía gentileza Campaña «Paren de fumigar las escuelas»

Es que en la provincia de Entre Ríos rige desde 1980 la Ley de Plaguicidas N° 6599 que establece, entre otras cuestiones, que la aplicación de agrotóxicos debe estar supervisada por un ingeniero agrónomo o un idóneo y que prohíbe la aplicación aérea de herbicidas dentro del radio de 3 kilómetros a partir del perímetro del casco urbano. Además, se debe notificar al municipio y a los pobladores 48 horas antes de la aplicación con la presentación de la receta agronómica, tener extremo cuidado cerca de cursos de agua, viviendas, escuelas y embalses.

 

Claro, la teoría está, pero en la práctica el deber se dispersa como los plaguicidas y en el medio de la nube tóxica quedan los maestros, los alumnos, los pobladores y los animales que comparten el mismo espacio.

 

Para ejemplificar la magnitud del problema, en San Salvador, un pueblo a 128 kilómetros de Basavilbaso, uno de cada dos habitantes tiene cáncer. ¿A qué se debe el incremento de la tasa de enfermos? Conviven diariamente con los molinos y lugares de acopio donde se manipulan las semillas impregnadas con agrotóxicos.

 

EL ENCUENTRO

 

Gentileza: Primer encuentro de pueblos fumigados
Gentileza: Primer encuentro de pueblos fumigados

La intención del encuentro que se llevará a cabo este fin de semana, entonces, es hacer visible esta problemática entre vecinos pero, además, encender la alarma frente a todo el país. “Esto trasciende a las escuelas, nos atraviesa como sociedad y por ello es necesario concientizar sobre la idea de que otra agricultura es posible y sobre todo, necesaria”, aporta Leiva.

 

Durante los dos días se harán mesas de diálogo en las que expondrán diferentes profesionales. La mesa de salud estará a cargo de los doctores Medardo Ávila Vázquez —profesional reconocido por el caso cordobés de Monte Maíz—, Santiago Sanfilippo —especialista en abordar las consecuencias del uso de herbicidas en niños—, el biólogo Damián Marino —uno de los profesionales del CONICET que elaboró un informe determinante sobre el estado de contaminación con glifosato de la cuenca del Paraná— y la doctora Jennifer Heit —quien tuvo a cargo el relevamiento de análisis en escuelas rurales en Basavilbaso—. También habrá una mesa sobre legislación, en la que participarán la abogada ambientalista Aldana Sasia y Daniela Evequos, quien lleva la causa por la denuncia realizada por la escuela N° 44 en el 2014, a propósito de la fumigación en pleno horario escolar y los doctores Mario Arcusin y Fernando Cabaleiro.

 

Tendrá lugar una mesa sobre delito de contaminación en torno del Barrio Ituzaingó Anexo de la provincia de Córdoba a cargo de los docentes universitarios Marcelo Novillo Corvalán y Norma Herrera, a cargo de la Catedra de Derecho Ambiental de la Universidad Nacional de Córdoba, el abogado Darío Avila y el presidente de la sala I de la Cámara del Crimen, que trabajó en la causa.

 

Por último habrá una mesa sobre soberanía alimentaria a cargo de Miryam Gorban en la que se presentarán los libros Modelo Criminal de Ruben Bitz y El fruto de la desgracia de Patricio Eleisegui, y tendrán voz los integrantes del colectivo “Paren de fumigar las escuelas” quienes darán a conocer su experiencia con esta problemática, la aparición e incremento de enfermedades como celiaquía, hipotiroidismo, erupciones en la piel y llagas en la boca, estas últimas presentes en el 50 por ciento del alumnado de la escuela N°44.

 

UNA CARAVANA CONTRA LA INDEFERENCIA

 

Gentileza Vecinos Autoconvocados
Gentileza Vecinos Autoconvocados

El próximo viernes, un día antes del comienzo del Primer Encuentro de Pueblos Fumigados de Entre Rios, los vecinos autoconvocados por la vida saldrán a la ruta por segunda vez para concientizar a los pobladores sobre la necesidad de cambiar el modelo agroindustrial intensivo. El año pasado, durante la primera movilización sobre la ruta 34, charlaron con los pobladores de Totoras, Ceres, Ibarlucea y Lucio, entregaron información sobre estudios relevados en uso de agroquímicos y además plantaron un árbol para reforzar la consigna que los convoca: “Plantate por una vida sin venenos”.

 

Una puesta en común, un gran fogón imaginario en el que se mezclaron testimonios de familias partidas al medio por la pérdida de vidas como consecuencia del contacto directo o indirecto con agrotóxicos. “La participación y acciones fueron motivadas por ver las consecuencias de este modelo, los altos índices de cáncer y otras enfermedades, los suelos impermeabilizados y contaminados que provocan inundaciones, contaminación de aire y ríos, restos de pesticidas encontrados en alimentos y el saqueo de los bienes comunes”, explican desde la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Rosario.

 

La caravana representa una acción concreta, que busca unir a los pueblos acorralados tras la misma problemática porque “levanta la voz de las personas que vienen luchando hace tiempo y solas contra las fumigaciones y sufriendo perdidas de seres queridos, nutriendo lazos y redes para profundizar las alternativas al agronegocio”, confían.

 

En la recorrida de poco más de 200 kilómetros realizarán intervenciones artísticas, una radio abierta y plantarán un árbol como símbolo de la caravana por la vida libre de químicos. “De a poco se está tomando conciencia, aunque sigue existiendo mucho desconocimiento. Pero lo primero que cambió es mi propia conciencia, ese ya es un paso, de ahí para adelante y consecutivos serán mucho más grandes los cambios”, aseguran los vecinos en pie de lucha.

 

ARGENTINA, GRAERO TRANSGÉNICO DEL MUNDO

 

Fabián Tomasi es la cara visible, la “sombra del éxito” —como se presenta él mismo— del modelo intensivo de producción basado en el monocultivo genéticamente modificado. Resiste y pelea, desde 2005, con una polineuropatía tóxica metabólica severa que se le declaró en su cuerpo tras haber manipulado glifosato cuando preparaba las avionetas que rociaban —y rocían aún hoy— los campos de Basavilbaso.

 

“El drama de las leyes vigentes es que son obsoletas, deberían ser cambiadas, pero como la política vive de esto, vive del agronegocio, es ridículo pensar que las cambien. Mientras haya complicidad política y jurídica, no va a cambiar el sistema de producción”, sentencia Tomasi, casi como premonición.
La ciudad es un pueblito de corazón grande formado por catorce mil personas que, según él, no terminan de tomar conciencia del todo: “Cada día que pasa son más los que se dan cuenta de las consecuencias de este sistema, pero no llegan a asimilarlo. Creen que si no entran en contacto directo con los químicos no les va a pasar nada”.

 

En julio pasado un estudio de investigadores del CONICET confirmó lo que se barajaba por fuera de las formalidades de la ciencia: el veneno viaja por aire, por tierra y hasta por agua. La cuenca del Río Paraná, una de las más importantes de América Latina, está contaminada con glifosato, producto del uso indiscriminado en los campos de las provincias con mayor índice de superficie cultivada con transgénicos. Esto significa que los agrotóxicos no están presentes exclusivamente en las zonas rurales o periurbanas, también llegan a través de los productos a las mesas de las familias de las ciudades más pobladas y ajenas a la producción de la tierra, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

“Hay casos de cáncer, problemas renales y digestivos severos y pareciera ser que nadie puede asociar el uso descontrolado de los herbicidas con esto que nos pasa. Acá pelean la rentabilidad de unos pocos con la salud pública de todos nosotros”, no duda en afirmar Tomasi.

 

La sojización de la agricultura nacional arranca con la aprobación e ingreso de la semilla transgénica habilitada en el año 96 por el entonces Secretario de Agricultura, Felipe Solá, pero en nuestro país además, se cultivan maíz, algodón, alfalfa y en menor porcentaje canola, remolacha y zapallo resistentes también al glifosato que vende la misma empresa que comercializa la “poderosa” semilla, la multinacional Monsanto, en sus versiones societarias como Don Mario, Nidera y Syngenta. “Esta agricultura plástica, nefasta, nos está diciendo que es imposible producir de otra manera acá, porque los cultivos transgénicos rodean a los orgánicos y el viento y el agua hacen que dejen de ser cultivos sanos. El sistema está preparado para que se consuma transgénico o no se consuma, no hay opción”, concluye tajante Tomasi.

 

LA LUCHA QUE GERMINA

 

“Hemos logrado ordenanzas municipales como la de Concepción del Uruguay, que amplió la restricción (a la fumigación) a 500 metros por tierra y en Santa Anita a mil metros. Son logros nuestros, producto de nuestra movilización y estado de alerta. Desde la escuela, nuestra tarea es empoderar a los docentes. Concientizar a las familias a través de nuestros alumnos, transmitiendo un mensaje que tiene que ver con buenas prácticas ambientales”, no duda en asegurar la docente rural entrerriana Mariela Leiva.
Según un estudio realizado el año pasado por la Universidad de Rosario a pedido de los vecinos autoconvocados de la ciudad de San Salvador y bajo la coordinación del doctor Damián Verzeñassi —renombrado estos días por haber brindado testimonio de denuncia en el Tribunal Internacional Monsanto celebrado en La Haya—, el 46.4 por ciento de la población sometida a estudio padece cáncer de colon, mama, pulmón o próstata y es la principal causa de muerte.

 

El incremento de esta patología se da entre 2010 y 2014, superando ampliamente las tasas de enfermos por la misma enfermedad a nivel nacional. Según el mismo relevamiento, estos resultados están directamente relacionados con el abuso en la aplicación de pesticidas en las plantaciones cercanas a la comuna.

 

La que fue conocida como capital nacional del arroz, hoy es la radiografía de las consecuencias directas del ingreso del monocultivo a la región. El oro verde desplazó las plantaciones locales del tradicional cultivo del cereal, para instalar un modelo de agricultura intensiva en el que predomina la extinción de la diversidad agrícola y el uso de pesticidas altamente contaminantes como el glifosato, la cipermetrina, el 2.4D, endosulfan, atrazina y clorpirifos. Abuso que representa 300 millones de litros de agroquímicos utilizados el último año en la producción intensiva de soja y maíz genéticamente modificados. “Nosotros le decimos no a este modelo de producción intensivo que nos envenena y mata. La ley vigente no dice lo mismo, por eso estamos luchando para cambiarla”, sentencia contundente Leiva.

 

A medida que crecen las hectáreas de soja, aumentan exponencialmente los casos de enfermedades terminales. Se repiten los casos de cáncer, afecciones respiratorias severas, enfermedades del sistema nervioso, lupus, anemia, alergias, malformaciones congénitas, alteraciones en el sistema endocrino y reproductivo, abortos espontáneos, insuficiencia renal y muerte súbita.

 

Sin contar con que los pooles de siembra le fueron robando terreno a otras formas de cultivo tradicional y modos de trabajo. Donde antes se necesitaba mano de obra, hoy basta con un tractor o una avioneta. Se estima que una sola persona que haga las veces de “aplicador”, puede hacerse cargo de mil hectáreas cultivadas. Soja, como sinónimo de desocupación, de enfermedad y de muerte. Los cultivos transgénicos en nuestro país ocupan un total de 25 millones de hectáreas distribuidas a lo largo y ancho de las provincias de Entre Ríos, Santiago del Estero, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Chaco, Salta, Jujuy, Tucumán, La Pampa y Corrientes.

 

Con ese número de hectáreas sembradas, Argentina es el tercer país productor mundial de cultivos transgénicos después de Brasil y Estados Unidos. Cultivos que en su mayor porcentaje están destinados directamente a la exportación para abastecimiento del mercado externo. Porque claro, las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas.

 

barro@lanan.com.ar
 

Nº de Edición: 1669