Por Ailín Bullentini
Fotografía de María Luz Carmona
Son varios los detalles que hacen de “El precio…”, si no una sucesión de momentos mágicos, un espacio que rompe con la linealidad de lo convencional de los ciclos literarios. Por un lado, el objetivo es extinguir el “aburrimiento que gobierna” esos espacios, destaca Figueroa, trovador y poeta por elección, vendedor de electrodomésticos por necesidad y viajero por pura suerte. “Hace mucho tiempo que camino el circuito literario y los formatos que ofrece son un aburrimiento total, muy solemnes, protocolares. Los ciclos literarios son una sucesión de poesías sin pausa: una hora y media de tipos leyendo sus trabajos. No te podés reír, no podés hacer un comentario. Quería divertirme compartiendo lo que amo, no aburrirme”, comenta a Agencia NAN.
No obstante, el alumbramiento de “ese algo nuevo” debía abrir la cancha de la poesía. Figueroa lo explica: “Siempre éramos los mismos en esos encuentros formales. Era ver las mismas caras, escuchar alabanzas de las mismas voces, felicitaciones sin sentido por nuestros laburos, que nunca terminaban de salir de nuestro pequeño círculo. Por eso, quería dar espacio a esos trovadores y poetas escondidos para que se expresen; hacer circular libros de poesía que se editan a pulmón; difundir la producción artística que, aunque no se vea, late de una manera que aturde”.
“El precio…” se llama así en honor al mensaje de la canción homónima del mexicano Alejandro Filio. “El tema habla de que el mundo comenzó a decaer, a estar así como lo conocemos, cuando las cosas empezaron a tener precio. Cuando comenzó a comprarse la tolerancia, el amor, la justicia, el silencio”, apunta Figueroa. Las ganas de zambullirse en la burbuja “en formato radio” que “El precio…” infla cada viernes en El Palo Borracho, ese hogar al que la familia que lo habita convierte cada viernes en centro cultural, es el único precio que las personas tienen que “pagar” para participar.
La idea maduró saltando de neurona en neurona en la mente de Jorge, gracias a la prepotencia que portan las personas corajudas. Esa misma que sostuvo su decisión adolescente de no continuar una carrera universitaria para “cantar en una banda de rock”; que lo acompañó junto con sus pelos largos a Chile en épocas de Pinochet; que le susurró que El Bolsón, “cuando era una comunidad, no como ahora que hay antenas de celular”, era su lugar en el mundo. La misma prepotencia que lo ayudó a saltar el charco en los ’90 e invertir toda la plata que había ganado en una imprenta argentina “inventando frasecitas de señaladores y tarjetas”, en una editorial independiente en Uruguay “que además era librería delivery”, comenta. ¿Era qué? Sí. Librería delivery. Un socio llamaba a la librería, pedía cualquier libro como si fuera una grande muzza y un pibe en bicicleta lo llevaba al domicilio correspondiente, de donde lo retiraba cuando se cumplía el plazo estipulado. “Me fundí porque la plata que generaba la editorial la invertí en hacer una película sobre el proyecto. Un amigo me ayudó. Pero no resultó”.
Ese empuje, el mismo con el que contagió a otro grupo de amigos para que lo ayudaran a recopilar, editar, encuadernar y publicar su primer libro, y que luego lo llevó hasta una editorial independiente del Oeste del Conurbano para ofrecer un segundo, lo ayudó a superar la primera opinión sobre su idea: “‘Estás loco, es como querer ir a la luna en bicicleta’, me dijo Fabián. Se rió y soltó un ‘contá conmigo’. Listo”, recuerda el poeta y músico. Luego, en mayo de 2009, le pidió a los dueños de la El Palo Borracho cuatro programas. “En ese tiempo nos vamos a dar cuenta de si esto funcina o no”. La “casa mágica” era el lugar ideal desde donde empezar a bicicletear rumbo a la luna.
“Empezamos siendo los amigos. Después, se sumó gente. Y ahora tenemos el problema de que no sabemos cómo manejar a 200 personas y su murmullo a veces se hace molesto”, relata el coordinador del ciclo. Bueno, bueno. ¿Qué se le va a hacer? Hasta los espacios más mágicos pecan de alguna pizca de normalidad. En “El precio…”, poesía y trova se combinan “para presentarle resistencia a la crisis, al descontento que la gente tiene, a sus problemas y sensaciones”, continúa. Es el propio Figueroa el que coordina cada noche. Elige los trovadores y los poetas que participarán, que como condición deben ser “desconocidos” en el circuito comercial. “Ni siquiera tienen que catalogarse como poetas o trovadores, cualquiera que desee leer lo que alguna vez escribió o aprendió a hacer escupir a un instrumento musical puede ‘entrar al estudio de radio’”, comenta. También hace lo propio con la música, que “no es la que pasan en la radio, sino temas muy poco conocidos y música latinoamericana que pude traerme de mis viajes”, apunta. Tales elementos emsambla, junto con las columnas de cuatro participantes fijos del ciclo (estudiantes de Letras, Ciencias Políticas y artistas).
“Si por un lado ‘El precio…’ permite la difusión de artistas no conocidos, por otro ofrece al público alternativas culturales variadas. Ahora, si después de eso la gente sigue consumiendo a Tinelli, es problema suyo”, reflexiona el poeta, que asegura haberse negado varias veces a llevar el ciclo a la radio ya que “la magia es que todos creamos que estamos en una radio, sin estarlo”. Sin embargo, a un año de haber comenzado las “emisiones”, Figueroa reconoce que el próximo desafío es llevarlo a otros espacios. “Pensé en hacerlo itinerante. Empezar en Moreno y terminar en (el barrio porteño de) Once, sumar poetas y músicos de cada lugar y construir un mapa artístico del Oeste. Pero el gasto es demasiado grande”, remarca. Además de las ofertas radiales, también le dio la espalda a propuestas de sponsoreo: “No quiero tener un kioskito, quiero seguir cumpliendo desafíos. Hasta ahora logramos cada objetivo que nos propusimos sin necesidad de que nadie nos dé plata. Las cosas sirven más cuando te duelen, cuando te obligan a hacer trabajar el bocho y cuando no se achancha nadie para llevar las ideas a la práctica. Con plata lo hace cualquiera. Cuando las cosas están servidas, terminamos haciendo una hamburguesa”.
* «El precio, trova y poesía» revive cada viernes, a partir de las 23.30 en El Palo Borracho, Chacabuco 342, Ramos Mejía, bajo la coordinación de Jorge Figueroa y con la colaboración de Norah Lorenzo, Noelia Serra, Fabián Vique, Carlos Dariel y Damián Lamanna Guiñazú
Sitio: www.elpreciotyp.blogspot.com