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El juguete rabioso

TRUCHO_TOYS
Mientras preparan junto con la desarrolladora de videojuegos Shitty Games un arcade de Capitán Menopausia y una línea de figuras de acción para el lanzamiento, Panulo y Eric continúan nutriendo su saladita de juguetes a base de restos, resina y amor. Fotografía: Editorial Muchas Nueces

Por Hernán Panessi

La frondosa barba de Panulo le llega a la mitad del pecho. De un solo movimiento, se saca un diente, lo muestra y se lo vuelve a encastrar. La camisa abierta deja ver un montón de pelos y una panza prodigiosa: es redonda, grande y dura. Mide casi un metro noventa, colecciona jueguitos de Family Game, hace unas figuras radiactivas con resina y es, él mismo, un muñeco deforme, un Trucho Toys.

Panulo trabaja en una oficina (“No pongas qué es lo que hago”), tatúa, tiene una banda llamada The Kenko (busquen “Giladas chinas” en YouTube) y hace figuras caseras, tóxicas, independientes, rotas, intervenidas, mejoradas: distintas. Agarra muñecos conocidos, dibuja sus formas y los rediseña. Usa moldes, resinas y químicos. De chico, el primer muñeco que tuvo fue un Mazinger Z que le regaló su abuelo. “Era del tamaño de un niño de jardín y lo cagué a palos: lo hice mierda”. Y por allí, a la distancia, se posa retobado el origen de Trucho Toys (truchotoys.com.ar), su proyecto mutante.

Trucho Toys está compuesto por Panulo y Eric, el robot, un científico y mecánico alto y espigado. “Los muñecos son cancerígenos en su estado inicial. Una vez secos, si te los metés en el culo, por supuesto que te morís. Pero podés jugar sin preocupación”, polemiza Panulo. “Igual hay tantas cosas que te dan cáncer que dudo que me vengan a joder a mí.” Ambos trabajan en una pequeña cueva del barrio de Villa Pueyrredón y arrancaron con la resina —su materia prima— en 2012. Sin embargo, antes, ya desde 2008, empezaron a jugar con juguetes destruidos.

Si bien es su principal sueño, ellos no viven de los resin toys. De su boca: “No llegamos a pagar el alquiler ni a palos”. Aún así, el recauchutaje de muñecos viejos siempre fue su pasión. Vale el dato: tuvieron una etapa prehistórica en la que diseñaban sus propias espadas y armaduras, a puro yunque y martillo. Por cierto, en la Argentina, antes de los Trucho Toys, Matías Bomber (bombermattoys.tumblr.com), amigo del dúo, ya andaba haciendo de las suyas con Guerras de Mierda, versiones bootleg de las figuras de Hasbro de La guerra de las galaxias.

En su catálogo ostentan algunos hits, como San La Skeletor (un San La Muerte meets Skeletor), Bati-Merman (cruza de Batman con Merman de He-Man) y Los Niños Monsanto con su villano Glifosatrón. Los precios de los muñecos arrancan en 30 pesos y van hasta los 500. Algún custom one off (único en el mundo) lo han vendido en 1000 pesos. Y su mercado no sólo se limita al país sino que, a través de Internet, tienen compradores de Alemania, Estados Unidos, España, Japón y Brasil.

Por estos momentos, los Trucho Toys andan entrometidos en un proyecto paralelo junto con Shitty Games, una desarrolladora de videojuegos independientes. Están armando un arcade de Capitán Menopausia (un shoot ‘em up nacional y popular) y, a su vez, preparan una línea de figuras de acción para el lanzamiento.

“Nuestro fuerte son los juguetes: desde el boceto inicial, que puede salir de una borrachera, hasta la máquina para hacer las burbujas de los blísters”, redondea Panulo. Y cuando la sociedad le escapa a lo feo, lo grotesco o lo monstruoso, los Trucho Toys —como El Bosco, Caravaggio o Tintoretto— hacen de aquello un culto, una religión.

Fuente: NAN #21 (2016). Conseguila en nuestra Tienda Virtual.

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