Por Nicanor Loreti*
La de Diablo fue una experiencia muy interesante considerando todo el quilombo que significa estrenar acá. Tuvimos la suerte de conseguir una buena cuota de pantalla para lograr incluso entrar a las grandes salas. El tema es que no todos llegan a estrenar en complejos, en parte porque no hay una protección por caso del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. No es fácil. Incluso una vez que lo lográs, mantenerse sin un gran aparato de prensa atrás, algún canal o un multimedio es prácticamente imposible, si la gente no se entera ni cuándo ni dónde se da. Entonces, para sostener la película con vida, sobrevivir al momento del estreno, también hay que buscar circuitos alternativos. Nosotros los encontramos en el Gaumont y también en centros culturales de barrio. Es algo muy enriquecedor porque nos muestra cómo hay una predisposición del espectador totalmente distinta. El que va al circuito under a ver la película sabe de qué se trata, de qué es, va más informado. Y quizá cuando estás en la multisala existen cuestiones más heterogéneas, porque así es el sistema y hay que ponerle el pecho. Es muy probable que la recepción sea otra en el Malba o en el Gaumont.
Entonces es interesante discutir el tema de la exhibición y la distribución en la escena, porque es clave para que el cine nacional pueda transformarse propiamente en una industria. No obstante, hay que entender algo: hasta que el Incaa no se termine de hacer eco de la problemática, este nivel de debate generado por los realizadores va a quedar sólo como una charla entre nosotros sin que haya una posibilidad de cambio real. Creo que debe alcanzarse un profesionalismo mayor de alguna forma en el cine independiente nacional, que hoy básicamente representa un 65 por ciento de las películas. Si no está todo ese sistema engranado, una película por ahí la conoce todo el mundo, se ve en un montón de lugares, pero eso no hace que vuelva la plata a los realizadores. Entonces una película se termina haciendo porque recauda Iron Man y no porque recauda otra del palo. Ahí queda todo medio raro. De alguna manera, todos estaríamos siendo mantenidos como por papá. Y no creo que la salida sea hacer menos películas, porque la plata para hacerlas y promoverlas alcanza. El problema no es económico sino logístico. Los espacios Incaa tienen que estar a la altura de cualquier cine comercial, no deben correr con desventaja, y en general es así porque están en Constitución, adonde nadie quiere ir, y es un garrón porque eso conspira de manera torpe con todo esto.
* Director, productor y guionista de Diablo. Periodista.