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Discos: “CD-Recordable” (Emisor, 2008).-

El músico electrónico Leonardo Ramella decidió volver a publicar lo ya publicado en los cuatro discos piratas que editó a principios de siglo. ¿Cuál es la novedad? Que, a fines de la misma década, la selección, remasterización, serialización y reconceptualización de aquellas canciones sirven como primer acercamiento al manifiesto musical electrónico de diez años en los que los seres orgánicos estuvieron cada vez más interpelados por los seres informáticos.

Por Luis Paz

Buenos Aires, enero 24 (Agencia NAN-2009).‑ A Emisor no le interesa la comunicación, sino la expresión. Irónico, desde el punto de vista nominal, pero bastante lógico si se atiende a su música, desde sus inicios en proyectos desquiciados (y no tanto) como El Corte, Resonantes, La Forma, Capulco Gold y Mimilocos. CD-Recordable viene a resumir, en tanto la compila, su producción “ilegal”, esa serie de cuatro discos vírgenes grabados y editados en casa, decorados con fibrón y etiquetas, y presentados en cajitas slim con los diseños de tapa de Silvia Canosa, esposa del músico Leonardo Ramella (a.k.a. Emisor), suerte de Stravinsky moderno que copypastea secuencias sonoras, una suerte de loopeo asistido por el humano.

Y en toda su obra, pero especialmente en su novedad discográfica, siempre se dio esa cruza de lo orgánico, del músico, el clima, el ambiente y la situación; con lo mecánico, la informática, la técnica musical, las nuevas tecnologías y el soft como herramienta principal para darle forma a canciones retrofuturísticas en las que las serpientes de cascabel conviven con campanillas de bicicleta en momentos de instrumentación industrial. ¿Se trata de una novedad aún cuando compila una selección de temas de Eventualidad, Contumaz, Local y La Noche del Mundo, editados en CD-R entre 2001 y 2003? Por varias razones, lo es.

En principio, lo dijo Lotman, todo resumen de una obra en sí, no es la misma obra sino otra distinta. Pero en el plano musical, nadie está demasiado acostumbrado a darle la derecha a un disco con canciones ya publicadas. Entonces habrá que agregar otros elementos: la remasterización de los tracks, el rediseño estético en su presentación y el elemento más importante en esto, el orden de los temas dentro de una determinada línea de lectura algo inducida.

Canciones como “Constante abandono”, “Querer libera”, Colmena”, “Empleado en un sitio web” o “Entorno volátil” se separan, así, del microcosmos para el que fueron creadas (cada uno de aquellos discos piratas paridos en Adrogué) para entrar a una cosmogonía que los excede y que se parece mucho a un manifiesto de época. Esto es CD-Recordable, el recuerdo de esos discos vírgenes, pero también el comentario instrumental de una época de austeridad, ilegalidad y autogestión heredadas de la crisis de 2001, y el manifiesto políticamente punk del Emisor autor de canciones, además de ciudadano de un país en default.

Cinco años después de la edición de La noche del mundo y ocho después de la aparición de las primeras canciones para Eventualidad, CD-Recordable viene a adelantarse a los balances que este año se harán sobre la década que acaba, atravesada como ninguna otra antes por el pulso de los avances en la mecánica, la técnica y la informática de escala hogareña y personalizable. La música de Emisor, claro, también es hogareña y está personalizada, tiene los rasgos fisonómicos de su autor, un hijo de obrero metalúrgico nacido y crecido en la aristócrata Adrogué, curtido en el Parakultural y los antros punks, recluido a sus lecturas de budismo zen durante su adolescencia, sumido en la cultura sonora del afro minimal en la actualidad. Y siempre atravesado por la música electrónica per sé, la “realizada mediante máquinas, con sonidos de máquinas”.

A mitad de camino entre el cyborg psicodélico y el cyberpunk, Emisor siempre estará más alejado conceptualmente de las raves que de los festipunks, pero aún así es un exponente clave en el circuito electrónico independiente, que para más tuvo la cordialidad de volver a publicar lo publicado, cerrando la década con un tratado sobre el compromiso intelectual de su época, la abstracción psicodélica del rock, el grito orgánico de la ética punk y la diversión mecánica del baile post punk, cohesionados mediante el pulso técnico de la composición musical y la herramienta informática del software.

Sitio: http://www.emisor.com.ar