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Navidad de reserva

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En el imaginario surrealista y pop de este circunstancial octeto, Papá Noel puede llegar en cualquier momento del año a una sala de ensayo en el barrio del Abasto. Fotografía: Victoria Schwindt

Por Martín Sanzano

El verano en Buenos Aires puede causar efectos nocivos para la salud. La sensación de estar expuesto a más de 40 grados, sumados al asfalto y los gases tóxicos despedidos por los vehículos que, aunque en menor cantidad, continúan surcando los cien barrios porteños, genera un estado de conciencia difuso y casi psicodélico. En medio de todo ese contexto denso y pringoso, Sherman, un joven cantautor de la ciudad de Buenos Aires, tuvo una revelación surrealista. Mientras él tomaba una siesta profunda y calurosa, Telefe revisó su mejor arsenal veraniego y ofreció a sus televidentes una de sus películas clásicas: Cuidado, Hércules vigila. Estimulado por su trama y poseído por el placer onírico, Sherman agarró su celular, abrió el WhatsApp y escribió a todos sus amigos: “Tenemos que llamarnos La Pandilla del Verano”. Ése fue el big bang.

Escondida en el barrio del Abasto, a tan sólo unos metros del shopping que lleva su nombre, un tal Perico montó su sala de ensayo. Una de ésas de verdad, con madera suave en el piso, paneles de espuma, equipos de lujo y vidrio a prueba de balas. Cada jueves a la noche, la sala principal de Perico —de dimensiones gigantescas— es tomada por un grupo de músicos tan heterogéneo como numeroso (nueve). Ellos son La Pandilla del Verano y ese jueves en particular, a pesar de la fiebre mundialista, decidieron celebrar la Navidad en pleno ensayo. ¿Drogas? ¿Locura? ¿Pose? Nada de eso. Sólo pura amistad.

“Somos un grupo de amigos que vive haciendo cosas. La pasamos muy bien y siempre sabemos qué está haciendo el otro. Algo fundamental para el funcionamiento del equipo”, dice Sherman, el encargado de contarle al mundo de qué va La Pandilla. Más allá de los nueve músicos en escena, el grupo está conformado por unas 14 personas. Porque su misión en esta vida no es sólo la música. También están los que hacen el arte, las fotos, los videos, los vestuarios, las redes sociales. Y todos juntos, como una masa inseparable (recuerden que todo salió de Cuidado, Hércules vigila), disfrutan de hacerse compañía en cada actividad que se pueda. “Estamos haciendo un tour gastronómico por todas las fondas de Buenos Aires. Todo el tiempo hacemos cosas que van más allá de la música. Queremos estar juntos y hacer todo lo que se pueda en pandilla”, insiste Sherman, mientras la sala de Perico se va llenando de pandilleros de todos los colores. Bueno, en realidad de los colores de la Navidad, porque para ellos ese día había que festejar la llegada de Papá Noel.

Como banda, La Pandilla del Verano nació en el período estival de 2012-2013, al calor de las temperaturas más extremas. Está integrada por varios proyectos musicales que se unieron con el fin de “hacer canciones para bailar y para que la gente sea feliz”, según definen sus integrantes. Las huellas musicales de esta propuesta son: Trebian, La Ola Que Quería Ser Chau, Sherman Canción y Pitucardi.

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A pesar de que suenan parejos y ensayados, la práctica carece de esa profesionalidad vetusta y acartonada. Son jóvenes, lo experimentan y lo gritan al micrófono. Fotografía: Victoria Schwindt

El primer material que lanzaron al universo fue Un film de La Pandilla del Verano, disco instrumental que propone nueve canciones para nueve escenas de una película imaginaria. “La idea original era que se llamara ‘Música para la próxima película de Ricardo Darín’, pero como queríamos hacerlo con su consentimiento y nunca nos respondió, le pusimos ese nombre e hicimos que el protagonista se llame Ricardo, a secas”, explica Sherman.

Pero la intención de La Pandilla del Verano es tan heterogénea que no se queda estancada en un estilo. “El proyecto es sacar un disco instrumental y uno de canciones, así sucesivamente. Ahora está por salir el primero de canciones, Las Olimpíadas de la Juventud, y después vamos a grabar el segundo instrumental, que estará listo en 2015: La Pandilla del Verano viaja al espacio, una aventura espacial de Ricardo”, detalla Sherman. Hay más para saber, pero no demos más spoilers.

Ese jueves, para celebrar la navidad imaginaria, La Pandilla ensayó todas sus canciones bailables, hasta ahora inéditas y totalmente diferentes al sonido del disco instrumental. Si entran en este preciso momento al Bandcamp de la banda, podrán escuchar un adelanto de esas canciones en formato 8 bits. Así es, con sonido de ringtone. “Es muy flashero porque queremos que la gente escuche las canciones en 8 bits antes de poder escucharlas en su formato original, reconoce Sherman. ¿Fecha de salida del disco? Todavía no se sabe.

El ensayo comienza tarde porque uno de los músicos está demorado en el tráfico porteño. Sus compañeros se enojan un poco, pero ni bien cruza la puerta lo abrazan y se olvidan de todo. Cuando empieza la música, los ocho (el número nueve se fue a vivir a Estados Unidos, pero sigue en contacto permanente con la banda) se conectan al sonido y se dejan envolver por el aura amistosa que emanan. Son muchos, demasiados quizás. Pero todos tienen su rol bien definido y lo respetan a rajatabla. A pesar de que suenan parejos y ensayados, la práctica carece de esa profesionalidad vetusta y acartonada. Son jóvenes, lo saben, lo experimentan y lo gritan al micrófono. Bailan, se divierten, repiten canciones sólo por placer. Para volver a experimentar, una y otra vez, esa sincronía mágica que se desprende de cada una de sus interpretaciones.

Vestidos con gorros y artículos navideños, La Pandilla del Verano celebra la llegada de Santa Claus en pleno invierno. “Los argentinos estamos muy pendientes del Mundial, pero nosotros queremos que sea Navidad cuanto antes. Porque con ella llega el verano, nuestra estación favorita del año.