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Libros: “Dos días en Venecia” (Adrián Haidukowski, 2008).-

La pretendida novela erótica inaugura el catálogo del flamante sello editorial Paradoxia. Literatura de bolsillo que se asemeja más a un rapidito interesante que a una buena sesión sexual, el libro recupera la historia de Félix y Renata, que viajan a la ciudad de las góndolas por sus vacaciones y acaban (en todo sentido) inmersos en un ritual necro-sadomasoquista.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, diciembre 6 (Agencia NAN-2008).‑ Los estantes de las librerías están abarrotados de literatura para todos los gustos: el de la señora que recostada en la cama antes de la siesta lee una historia parecida a la de cualquier novela televisiva mexicana o el del señor que regresa del trabajo en colectivo y, durante el trayecto, revive con los ojos a un loco hidalgo medieval en su lucha contra los molinos de viento. Hay novelas históricas para seguidores de efemérides y de fantasmas para crédulos. ¿Y para esas mentes onanistas, cansadas de los burdos relatos de encuentros amorosos fugaces que se venden en cualquier quiosco de diarios y revistas? Paradoxia, Dos días en Venecia y Adrián Haidukowski son parte de la respuesta. Habrá que ir por partes para desnudar su intimidad.

Punto A: La editorial. Paradoxia se llama una novela de Lydia Lunch que narra la historia de una prostituta drogadicta y sadomasoquista. Aunque acorde con la propuesta, no es esa la raíz de la elección del vocablo que identifica a la flamante editorial independiente: según explicó la editora Alejandra Quevedo, Paradoxia –cuyo logo identificatorio es un vulgar pene alado– remite al sentimiento erótico que despierta un objeto sin contacto con los órganos reproductivos. Lo que se intenta ilustrar es el placer que puede producir un texto escrito con esa intención (o no). Para el anecdotario: durante el lanzamiento de la editorial, que se realizó hace casi dos semanas en el restaurant Te mataré Ramírez, en Palermo, Quevedo y su prominente escote repartieron simpáticos chupetines rojos con forma de pitito. Lástima que el resto de la presentación no siguió en esa sintonía.

Punto B: El libro. El binomio Paradoxia y Dos días en Venecia permite la misma reflexión que el del huevo y la gallina: ¿qué fue primero, la editorial o el libro? ¿Cuál de las partes le sirvió de excusa a la otra para nacer? En fin, Dos días en Venecia es la historia de una pareja de jóvenes enamorados que se embarca en un viaje a la ciudad de los canales y las góndolas con el fin de afianzar su amor, pero termina envuelta en un extraño ritual vernáculo necro-sadomasoquista. La conspiración de gondoleros, policías tanos y personajes que Félix y Renata conocen durante sus salidas no impide que los protagonistas entren en calor. Una pena que no le suceda lo mismo al lector. Sólo hacia el final de la novela a las escenas de sexo les es removida la aburrida tira negra, puesta por el autor a través de repetidos y hasta tímidos “hicieron el amor”. El libro es encantadoramente pequeño y la edición y fotografías adjuntas hacia el final de la narración están bien logradas.

Punto C: El autor. De Haidukowski la editorial difundió que editó la revista de narrativa y poesía Pisar el césped, enseñó guión cinematográfico en la Universidad de Cine TEBA y literatura en los colegios Nacional de Buenos Aires y Carlos Pellegrini. También que es guionista para Playboy TV y director ejecutivo de Haciendo Cine. Y que Met, el muerto, su primera novela, fue publicada por Sudamericana en 2001. ¿Sexo? ¿Pajas? ¿Biblioteca porno? ¿Videoteca XXX? Datos no esenciales que hubieran sido divertidos para la mística de la empresa.

Punto G: El orgasmo (fingido). “Me masturbo observando los cortes. Cada hermoso centímetro de su cuerpo marcado es todo lo que deseo para vivir. No dejo de masturbarme. Cada vez más fuerte. Escupo sobre la palma de mi mano. Sigo. Mi cuerpo tiembla. Siento electricidad. Siento las extremidades tensas, parecen fragmentarse. Acabo sobre el rostro cubierto. Apenas unas gotas se filtran por los huecos de los ojos”, es uno de los escasos pasajes hot de la obra. Para una libro que se jacta de erótico, Dos días en Venecia no produce mayor intensidad que las precitadas novelas para señoras antes de la siesta. No obstante, el “rapidito” no deja de ser interesante.