Por Esteban Vera
Buenos Aires, noviembre 22 (Agencia NAN-2008).‑ Acerca de Roderer trata, por sobre todo, del saber. Un saber explicativo que sólo será para el protagonista, un adolescente solitario, retraído y oscuro con una inteligencia genial, perturbadora e inquietante, obsesionado con el conocimiento total. A lo largo de la novela, el escritor y matemático Guillermo Martínez va narrando el progresivo aislamiento del mundo de Roderer, inmerso en un desafío gnoseológico que busca revolucionar las ideas. Para ello, el joven está dispuesto a sacrificar todo. Y siempre peleará contra la flecha del tiempo, su único rival.
Se trata de una novela atrapante, atravesada por la matemática y la filosofía, como ocurre en Crímenes imperceptibles (el matemático Arthur Seldom aparece en ambas) y La muerte lenta de Luciana B. Pero esta novela, aparecida por primera vez en 1992, es considerada por la crítica local una de los 25 mejores libros argentinos de los últimos 40 años, y la mejor de la narrativa joven en la década pasada. Acerca de Roderer fue publicada en España y traducida en Estados Unidos, Noruega, Serbia, Grecia y Rumania.
Martínez compone una novela corta (apenas 117 carillas en la reedición de este año), pero eficaz y sólida, ostentando su saber sobre los grandes autores de la literatura. La historia transcurre principalmente en la década de 1980, en el preludio de la guerra de las Malvinas, en un pueblo del Sur llamado Puente Viejo, donde también ocurre la historia de su cuento Infierno grande. A ese lugar llega Roderer junto a su madre. Allí conoce en una partida de ajedrez a otro adolescente de su misma edad, a quien vence fácilmente. La partida de ajedrez funciona como una metáfora de la competencia que encara el narrador con respecto a Roderer, competencia a la que el genio solitario y sombrío no le da ninguna trascendencia. Su fin es otro.
Comparten por un lapso breve las clases en el colegio. Luego, ese joven se irá convirtiendo de a poco en la única persona con la que el genio solitario y sombrío mantendrá charlas sobre literatura, filosofía y matemática. A él, su contrapunto, le irá revelando su talento y empresa.
“Los diversos tipos de inteligencia se podían reducir a dos formas principales: la primera de ellas, dijo, es la inteligencia asimilativa, la inteligencia que actúa como una esponja y absorbe de inmediato todo lo que se le ofrece, que avanza confiada y encuentra naturales, evidentes, las relaciones y analogías que otros antes han establecido, que está orientada de acuerdo con el mundo […] Es la inteligencia de los llamados talentosos, o ‘capaces’, que el mundo conoce por miles”. Así clasificó el profesor Rago en una clase a la que asistieron los estudiantes. El narrador representa ese tipo de inteligencia.
Por su parte, Roderer es el símbolo del otro tipo. “Es mucho más raro, más difícil de hallar; es una inteligencia que encuentra extrañas y muchas veces hostiles las ligaduras más comunes de la razón, los argumentos más transitados, lo sabido y comprobado. Nada es para ella ‘natural’, nada asimila sin sentir a la vez cierto rechazo: sí, está escrito, se queja, y sin embargo no es así, no es eso. Y este rechazo es a veces tan agudo, tan paralizante, que esta inteligencia corre el riesgo de pasar por abulia, o por estupidez. Dos peligros también la amenazan, mucho más terribles: la locura y el suicidio”.
Como consecuencia, Roderer tiene la certeza que no tendrá un final feliz, ya que sufrirá al aprehender el logos que Dios y el Diablo atesoran.