Por Luis Paz
Buenos Aires, noviembre 15 (Agencia NAN-2008).‑ Si el par de nenas y el par de nenes que forman Madre Maravilla contrataran a Pedro Saborido para un spot publicitario que emulara a Peter Capusotto y sus videos, la locución sería: “Madre Maravilla, una calesita de rock en la plaza de tu adolescencia”. Es que la intención del cuarteto (Diana Molina en voz, Roberta Ainstein en teclado, Juan Antar en bajo y Federico Lanzi en batería) parece ser que la maternidad no obligue a resignar espacio lúdico. Y su Primogético parece haber sido concebido en una calesita en la que los trenes, camiones y tractores fueron las canciones.
Una calesita muy particular, que en lugar de dibujos de Pikachu y Bart Simpson, los tiene de Café Tacvba, Gilda, Atahualpa Yupanqui, Sugar Tampaxx, Fun People, Lila Downs, Los Brujos y Actitud María Marta. Y, para hacerla más rara, que anda en dos direcciones: hacia la world music o hacia el punk, con paradas obligadas en el electropop, la canción de cuna, la bossa nova y la cumbia. En cierto punto una continuación de lo que se le escuchó a la Señorita Descanso, el proyecto anterior de las chicas de Madre Maravilla con Giselle Chávez.
Las primeras vueltas pueden ser complicadas por los cimbronazos compositivos, los frenéticos cambios de clima y una producción de sonido que se queda en el demo sin pasar exitosamente al álbum. Pero aún así la melodía del intermezzo de “Circo” (una de las canciones que la Madre Maravilla heredó de la Señorita Descanso) alcanza para relajar y sentir la adrenalina típica del descubrimiento de la velocidad. Ya para el tercer tema, “Bolero chino”, el vértigo fue aprehendido y el viajero se relaja y le entrecierra los ojos al viento.
“Sos un sol” expande la world music a la cuestión del lenguaje, triplicando el fraseo en inglés, portugués y francés, como referencia ineludible al tío Manu Chao, pero también como espacio de expansión conceptual de la obra. Y en esto el disco es extraño porque aunque lo que plantea es expandir las márgenes de la calesita, la fuerza centrífuga de la veloz rotación cohesiona los ratos del viaje.
¿Es este artículo demasiado tonto, demasiado genial, demasiado trillado? Es lo que expone Madre Maravilla en “Nuestro secreto”, desnudando las diferencias entre la obra original, la parodia y el plagio; lo que por el muy buen resultado final, especialmente en lo melódico, que consiguen en Primogénito, parece haber sido una preocupación lo suficientemente presente como para mantenerse en la originalidad.
“Quiero que me mires” es por lejos el momento más iluminado en esa senda, una canción de cumbia que se queda con la sonoridad de las palabras y las exime de sentido: “Chim chiri pam, chiri piri paw ma, teléfono, ring, ring, ring, corazón, rikitaka, riki, tiki-taka” es el estribillo más extraño desde “Aserejé”. Pero es delicioso y, para más, queda coronado por el verso institucional del disco –“Atiendo el teléfono fumando, me decís ‘te espero en la esquina de la calesita, apurate, apurate’”–, la invitación literal a subirse al juego mecánico.
Lo que en definitiva termina arrancando una sonrisa y pensando en que ya que habrá que quedar despeinado, que sea por una vuelta en una calesita de rock.
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