A pocas horas de un inminente fin, el colectivo de artistas multidisciplinarios que provoca la provocación repasó con NaN los lineamientos para llegar a cabo sus fines para ese ansiado desenlace. “La intención es provocar incomodidades en el liso de la vida cotidiana”, pregonan.
Por Nahuel Lag
Fotografías gentileza de Colectivo Fin de un Mundo (1) y Sofía Perrota (2)
Buenos Aires, octubre 11 (Agencia NaN – 2013).- “No es el apocalipsis. No proponemos el fin de el mundo sino de un mundo.” Es octubre de 2012 en la avenida Corrientes. Una carabela avanza y corta el tránsito y el tiempo. Pasaron 520 años desde la llegada de los colonizadores. La nave, rodeada de guerreros y reinas, tiene un televisor y una calavera en la proa. Desembarcan en el Obelisco. La puesta en escena continúa, alguien dice: “El fin de un mundo”. Hace un año, un colectivo artístico multidisciplinario decidió salir a “intervenir la ciudad” y no para exponerse ante un público transeúnte sino porque “nos provoca provocar, convocar al otro, dejarle preguntas abiertas”, confiesa Damián Kleiman, realizador audiovisual e integrante fundacional del colectivo. Mañana se cumplirán 521 años de aquella conquista que siguen colonizando y el grupo de artistas –con un año de ruedo y tras conseguir con la acción de los Prombies llamar la atención de los medios de comunicación masivos y del porteño zombie promedio, que no reacciona ante la política marketinera reinante –saldrá otra vez a hablar de los V siglos igual. No podemos adelantar más, sólo que la acción transcurrirá por la Avenida de Mayo y hacia el Congreso, y que ahora colonizadores y zombies se fusionan: semillas mutantes.
EL ORIGEN
No es que eran tres gatos locos un año atrás sino que la convocatoria la realizó el grupo de teatro Tres Gatos Locos. Ese fue el impulso, porque Malena Vieytes –actriz, clown, docente—también reconoce un no sé qué en el aire: “Fue una convocatoria entre colegas contemporáneos que sentíamos la necesidad de crear algo que nos identifique y que no tenía nada que ver con el contexto político partidario, sino con manifestar algunas problemáticas desde nuestro lugar de artistas, desde lo poético”. Hubo una primera reunión –el teatro El Mandril como centro de operaciones–, se explicó la idea general y desde “ahí todos fuimos construyendo y creando el colectivo, que se reorganiza a cada reunión, probando cuál es nuestra mejor manera de funcionar”, resume Malena.
Llegó la intervención en la calle Corrientes, denominada Proyecto 10-52(diez veces 52 años). Dos cosas definen la fundación del grupo: “organización sin ánimo de lucro”, o sea, autogestiva e independiente; y “colectivo artístico de acción callejera”. Respecto de la independencia, Damián detalla: “El grupo resigna las identidades individuales y las militancias partidarias o su pertenencia a otros colectivos artísticos para ponernos al servicio de este. El objetivo no es borrar las definiciones políticas sino mantener una independencia, no quedar atados. Las acciones no son apolíticas sino apartidarias”.
Esa decisión de igualarse se traduce en las obras que producen. La segunda acción llegó el 24 de marzo de este año, cuando dentro de la columna del Encuentro Memoria Verdad y Justicia llamaron a la Memoria y canto para volver, una puesta teatral coreográfica –una decena de bailarinas integra el colectivo—orquestado por una banda de rock que versionaba temas como “La marcha de la bronca” de Pedro y Pablo, “Los dinosaurios”, de Charly García o “Desapariciones” de Rubén Blades. Todos vestidos de negro y con máscaras: “Para igualarnos y no tener un rostro definido. Cualquiera puede ser la persona que esté ahí, en el lugar que nosotros ocupábamos”. “La intención del colectivo es llamar a preguntarse más que dejar una definición cerrada y absoluta, porque aunque tenemos un posicionamiento en las cosas que hacemos nos provoca más provocar, convocar al otro”, afirma Damián.
I SEE PRO PEOPLE
El colectivo llevaba medio año de creación, cuando decidieron salir a dar su mensaje contra la política agresiva del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, ante la cultura que no es ni oficial ni viene con un sponsor detrás. “Estamos realmente hartos, lastimados y cansados de que todos los movimientos culturales comunitarios que trabajan por un bien común hayan sido boicoteados y agredidos por el gobierno de la Ciudad y necesitábamos como ciudadanos y trabajadores de la cultura manifestarnos en contra de eso”. Pero, ¿cómo? “Bajar a una propuesta artística todo lo que queremos decir es lo que más debate nos lleva”, reconoce Malena.
La fiebre desatada por la serie llevada a la televisión por Frank Darabont –y la cadena AMC en el norte y Fox en Latinoamérica– y basada en la serie de cómics homónima creada por Robert Kirkman y Tony Moore, el virus que provoca que este domingo se lleve adelante una nueva marcha de Zombie Walk Argentina –los participantes donarán alimentos y aprenderán la coreografía de “Thriller” de Michael Jackson–, la infección que llevó al escritor e historietista Luciano Saracino a imaginar y crear la historia de una Argentina Zombie, y el muerto vivo que le picó al Centro de Estudios Contemporáneos (CEC) para publicar Vienen bajando, primera antología argentina del cuento zombie; toda esa ola virósica y de mundo en ruinas llevó a los Fin de un Mundo… a crear a los Prombies. “Aprovechamos esas estéticas que están de moda para llegar más a la gente”, señala la actriz y clown.
La primera peregrinación fétida salió de El Mandril y recorrió subtes, Recoleta, Plaza Francia, Buenos Aires Design…, donde incomodaron al personal de seguridad privada que no sabía qué hacer con los muertos vivos que rompían con la imagen hippie-chic y no respondían a sus llamados de atención. Pero la alarma de una invasión Prombie se encendió en la segunda recorrida, el sábado 14 de septiembre, cuando invadieron el Abasto shopping, y los medios masivos replicaron la noticia, haciendo hincapié en lo “curioso”, copiando y pegándose de un portal a otro. “Hacemos lo mismo en otro lugar y no nos difunde nadie”, se ríe Malena, y resaltan que Barricada TV sí los acompañó en la movida desde un principio.
“Es una noticia de color nos decíamos. Las primeras dos acciones tenían muchísima más producción y contenido para analizar, pero ésta fue la que más rebotó”, le da vueltas Damián. “Creo que los Prombies tiene una repercusión porque tenemos una flecha clavada en la cabeza que dice PRO y hoy toma publicidad todo aquello que está polarizado, que ataca un lado u otro de la escena político partidaria”, completa Malena. Mientras los muertos vivos caminaron calles y pasillos del subte, las reacciones fueron tres: empatía y fotos con el celular, “muy bueno, chicos: ¡aguante La Cámpora!” y “díganle a la Presidenta que se vaya a la mierda”.
-Pero, ¿qué son los Prombies?
Damián:- Un zombie es una matáfora, una imagen, un arquetipo de la podredumbre que el PRO representa. Sin embargo, la intención última no es señalar directamente a Mauricio Macri, si bien nos cae muy antipático y no es para nada nuestro amigo, sino a lo que el PRO representa como modelo de ideas que están presentes en toda la sociedad. Cualquiera puede convertirse en zombie, basta con que uno te coma el cerebro. El Prombie también puede ser cualquiera, no solamente el garca con plata, sino aquel que comparta sus ideas.
Malena:- Prombie es cualquiera que entre en la dinámica que un partido como el PRO, en este caso, propone. Nos causa indignación, horror y bronca ver tanto dinero gastado en redecorar las veredas, tanta política ridícula y marketinera, y que la mayoría de los ciudadanos lo acepte. El Prombie es la persona que ahora siente pánico de una plaza sin rejas.
EL FIN DE QUÉ MUNDO
Después del boom mediático, el grupo volvió a encontrarse en la asamblea quincenal, donde el grupo de 20 personas que motorizan el proyecto organiza la próxima acción. “Todo el proceso es abierto y participativo, pero como en todas partes hay gente que puede y quiere involucrarse más y otros que se suman el día de la acción o para una acción en particular”, explica Damián. El objetivo sigue en pie: pensar un mensaje, condensarlo en una propuesta artística y llevarlo a la calle.
“Si nos quedáramos en el teatro, nos vendría a ver gente que coincide ideológicamente con nosotros. Intervenir en la calle nos permite agarrar desprevenido a quien no se los esperaba o a quienes no se hacen ciertas preguntas”, se esperanza Malena y agrega: “No hacemos un panfleto ni un discurso sino una acción que toma cuerpo y cambia el paisaje habitual. La intención es provocar incomodidades en el liso de la vida cotidiana. No esperar a que alguien venga a cambiar algo, no quedarnos quietos frente al aparato y los miles de afiches partidarios, sino salir y hacer nuestro empuje”.
Mañana, a un año de su nacimiento, el colectivo recordará el 12 de octubre montando una breve obra en distinto puntos de la Ciudad, entre la Casa Rosada y el Congreso, donde confluirán en una movilización contra la multinacional transgénica Monsanto. “La conquista no terminó”, advierten.

